Hay algunos grupos que son como boomerangs. Me refiero a esos que coges, sueltas, vuelves a coger, no entiendes demasiado, te enamoras de dos o tres temas, los gastas, los recoges, te topas con dos o tres temas a los que no habías prestado atención, sueltas, vuelves a coger… Y de repente, sin darte cuenta, los amas. Estos grupos suelen definir géneros, marcar pautas, congregar a un público variopinto en sus conciertos. Una de esas bandas es, efectivamente, Low.

Mientras descontamos (o no) los días para la salida de The Invisible Way este 18 de marzo, en Hipersónica hemos decidido hacer más llevadera la espera con un repaso a la discografía de Low y con este resumen en forma de diez jitazos que hoy nos ocupa. Como siempre, diez jitazos a elección de quien firma, pero que, teniendo entre manos una de las más largas y fructíferas carreras de los últimos veinte años, podrían ser otros totalmente distintos.

Be There

Una de las numerosas joyas que podemos encontrar en los también relativamente numerosos (nada más y nada menos que diez) EPs de los de Duluth. Después de años dando — acertados — tumbos entre acorde y acorde, Low se definen a sí mismos con un tema que recoge todo lo que han sido en sus tres trabajos previos, pero también (casi) todo lo que serán a partir de ese momento: Hammond clavado, loop mantenido, voces en tensión, resumen de la angustia vital de quien se sabe a la merced de un Dios que no siempre es justo. Como si del último susurro antes de morir ahogados se tratase.

Words

If you’re hearing screams / Come back child, come back / My hands are dry / But I know they’re gonna make it / Just one more night / Too many words, too many words

Pero claro, mucho antes de esta certeza, viene la certeza de que lo terrenal es nuestra vida (real). Unos Low debutantes, dejaban claro allá por 1994 de qué iba el slow core y de paso, de qué iba el cortavenismo. ‘Words’, el primer tema del disco, destaca por servir como declaración de intenciones: aquí no habrá palabras, ni distorsión, solo sentimiento, concentrado hasta la más pura de las esencias. Pues el mundo, no es más que ese lugar en el que la ganancia de matices nos condena a la pérdida de la inocencia.

Shame

El manejo del silencio como manifiesto para vestir las emociones. Si tuviera que elegir una frase para definir a los Low de los 90 sería algo como esto. Si hubiese que elegir un negativo para todo lo ocurrido en Seattle al mismo tiempo que este disco, probablemente también sería este tema. Lo opuesto a la rabia: la introspección contenida. Lo contrario al ruido: la cadencia infinita. Y sin embargo, tan sinónimo a todo eso. La desesperación en primera persona, la del desamor más puro, ese que da vergüenza reconocer y que en cuanto se libera, lo arrolla todo como un grifo pasado de rosca.

2-step

And the light, it burns your skin / In a language you don’t understand

La esperanza. Esa jodida hija de perra que siempre aparece cuando menos te lo esperas. Para arreglarte el día, el mes o la temporada. O, en el caso que nos ocupa, para demostrar que el catálogo emocional de Low no se restringe a eso que nos deshace como humanos, sino también a eso que nos construye por dentro. Algunos llaman a esto religión, otras — aún a riesgo de resultar asquerosamente ñoñas — lo llamamos amor. Para mí ‘2-step’ siempre ha hablado de eso, del momento previo a tener la certeza de que algo completamente intangible (no, no me refiero al FMI) es precisamente lo único capaz de gobernarlo todo.

California

Lo cierto es que seleccionar unos pocos temas de uno de tus grupos favoritos es complicado, pero claro, si además, por el medio se encuentra uno de tus discos preferidos en general, pues es tarea imposible. O no. ‘California’ representa la capacidad de los de Duluth de acelerarse lo que haga falta para construir auténticos clásicos pop. Fresca, agradable como unas vacaciones a tiempo. Un oasis que ejerció de carta de presentación engañosa, allá por 2004, cuando Low estaban a punto de presentar al mundo su auténtica piedra roseta, The Great Destroyer.

Witches

Siempre se habla de monstruos, pero poco se habla de brujas. De las que guardan los niños en su alcoba, incluso cuando ya pasan la treintena. A veces, los niños hablan de esas brujas, cuentan sus miedos en la intimidad de sus salones de diseño. Supongo que por eso Mimi Parker afirmó en su día que C’mon era “un conjunto de canciones como si estuviésemos el uno hablando con el otro”. De nuevo tres acordes, todo el peso de esa iglesia en la que se grabó y además BANJO. Y es que, los Low que se replantean la sencillez como el acercamiento de su particular liturgia, no necesitan ser Al Green.

Canada

Como el Binaural de Pearl Jam, el trabajo de Tchad Blake en Trust no fue comprendido por todos en su momento. Hoy, con la distancia que aportan los años, sabemos que su función fue aportar poso a ese tono pesimista y oscuro, pero novedosamente folk-rock que se agazapaba en el sinuoso e incomprendido Trust. El máximo exponente de este supuesto es, sin duda, la redondísima ‘Canada’. Lanzada como maxisingle de presentación, su carácter rock se descubre sola o acompañada de una de las mejores versiones que han hecho los de Duluth hasta la fecha: el Fearless’ de Pink Floyd. Si el nuevo milenio nos enseñó que los ordenadores podían jodernos la vida, a Alan Sparhawk le llegó con un pedal de fuzzed debajo del brazo.

Sunflower

Las voces de Alan y Mimi suenan por encima del ritmo de batería y guitarra. “Sweet, sweet, sweet sunflowers”. Las cuerdas, tañéndolo todo y en todo esa barbaridad de sofá que es Things We Lost In The Fire. Como si, maldita sea, se dijesen que se quieren en cada nota, como si ellos dos supieran — y nadie más — que todo va a ir bien porque, después de todo, siempre quedarán aquellos girasoles que uno le trajo al otro para alumbrar las noches de perros. Hay muchas cosas que conmueven en un tema como ‘Sunflower’ y sin embargo, son tan poco identificables claves.

Murderer

Don’t act so innocent / I’ve seen you pound your fist into the earth / And I’ve read your book / It seems that you could use another fool

Cuando Alan volvió a componer después de su problema de salud durante la gira de The Great Destroyer lo hizo como si fuese lo último que fuese a decirle al mundo. La vorágine creativa, como arma de destrucción mental masiva. La música, como particular guerra con justificación fantasma: la necesidad de ajustarnos las cuentas contra un crescendo cuya única arma es la sordera. Así pues, ‘Murderer’ parte desde ese campo de batalla que es la honestidad para encontrarse con un Dios que a veces (¿a veces?) parece sordo. Uno de los muchos temas que Low magnifica en sus espectaculares directos, recogido junto a otros, en el muy recomendable EP de directos Plays Nices Places.

Monkey

Todas las tormentas de nieve de Low se concentran aquí: lo primitivo, lo autómata, lo básico, lo que nos convierte en humanos. Hay loop, hay un ritmo casi cardíaco, hay fuzzed, hay cuerdas, hay, — joder, claro — hay mucho frío. Frío que nos modela las entrañas, atrapando a todos y a cada uno de nuestros órganos en una huída hacia ninguna parte. Bañados por nuestros propios fluídos pancreáticos. ‘Monkey’ podría estar cantado por un coro gregoriano. Sin embargo, es un trío de Duluth, Minnesota el que lleva la voz de los monos, de los seres terrenales que pecamos a los altares de algún otro lugar, en el que ser necios, se nos esté realmente permitido.

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