Ni diez ni doce, once porque Soda Stereo fue una banda acostumbrada a ir contracorriente a pesar de haber dominado el mainstream latinoamericano durante más de una década. Quizás sea un error hablar en presente de un proyecto para el que todos sabemos que no puede haber regreso, pero Soda Stereo es parte de nuestra vida, y si nosotros seguimos en pie, ese trocito de nosotros mismos seguirá intentando erguirse de nuevo.

Acostumbrado el trío a encajar con estoicismo los golpes y zancadillas que la vida plantea, la historia del grupo encabezado por el genio Cerati intenta ser radiografía del fin de siglo en la ciudad más europea de latinoamérica, una gran urbe capital de un estado convulso cuya convulsión se traslada a las vidas de todos aquellos que la habitan. ínfulas de grandeza que no acaban de ser realidad, cierta ingenuidad que supura a pesar de que intenta ser disimulada y errores que siempre se repiten. Gustavo Cerati supo mucho de todo esto; muchos aún le lloran y con razón.

Ella Usó mi Cabeza como un Revólver — Sueño Stereo (1995)

Nadie esperaba nada de Soda Stereo en 1995, ni sus fans ni sus propios integrantes. Esto que podría ser una mera anécdota define perfectamente a Sueño Stereo, un álbum menos complaciente de lo que cabría esperar pero que demuestra que ya estaba todo tirado por el suelo y ninguno de los tres estaba dispuesto a pesar de puntillas para aminorar los destrozos.

A pesar de todo esto había muchas ganas del trío tras tres años de silencio y el icónico conato individualista que fue Amor Amarillo (1994). Soda Stereo aparentaron estar mejor de lo que en realidad estaban a sabiendas de que la unión no pasaba por más que la suma de las personalidades de Cerati, Bosio y Alberti. ‘Ella Usó mi Cabeza como un Revólver’ es un poco esto, un tema que aparenta ser más de lo que es pero que, a pesar de todo, funciona. Y es que la personalidad de Cerati era capaz de levantar cualquier cadáver.

(En) El Séptimo Día — Canción Animal (1990)

Hubo un día en que Soda Stereo podían haber sido la banda más grande del planeta hispanohablante. No lo fueron, pero la culpa no es de ellos sino del vacío que desde la península hemos hecho siempre a todo lo que proviene musicalmente del otro lado del charco. Mientras Enrique Búnbury y sus Héroes del Silencio rockeaban emulando a The Doors y la herencia gótica del Post Punk, Gustavo Cerati ya empezaba a garabatear trazos que el vocalista zaragozano recorrería tras la disolución de la gran banda.

Canción Animal era ese día, desgraciadamente los prejuicios españoles no descansaron y cerraron la puerta a un álbum que era un maldito grandes éxitos, una colección de singles tan rotundo que hoy, veinticuatro años después de su lanzamiento, sigue dejando la boca abierta a pesar de que siga siendo un disco muy de su tiempo. Claro, un tiempo al que a muchos nos gustaría poder regresar una y otra vez.

Lo que Sangra (La Cúpula) — Doble Vida (1988)

A pesar de convivir con él, Soda Stereo han acabado demostrando no saber lidiar con el éxito. Prueba de ello es el pequeño paso en falso que supuso Doble Vida, una apuesta por conquistar toda latinoamérica que se quedó a medias a pesar de contener canciones de entidad incuestionable.

Cerati y compañía ya sabían que lo suyo era la canción escrita con las vísceras y a baja luz, pero su disco de 1988 fue todo lo contrario (salvo una que otra excepción). Doble Vida fue el primer asalto a conciencia al trono del Rock Latino, un asalto no del todo acertado en su conjunto pero al que, en cualquier caso, es difícil ponerle muchos peros. Sabían cuál era el camino a seguir pero la dirección tomada fue otra. ¿El por qué? Toca mirar hacia Estados Unidos y cierto acercamiento al lado más chungo de la New Wave.

Persiana Americana — Signos (1986)

Locura, quizás esa sea la palabra que mejor define la vorágine de eventos en que Cerati y sus Soda se vieron envueltos en 1986, un año esencial para el devenir de su banda a pesar de que todo se desarrollase casi de forma inesperada, como fruto de una casualidad a la que nadie vio venir.

La primera señal de todo esto, del salto hacia el estrellato que Signos significaría para la banda bonaerense fue ‘Persiana Americana’, una canción de letra ingenua como ingenuos éramos todos aquellos años. Una pieza de amor adolescente, del despertar de una virilidad incipiente a la que el ya púber no puede poner freno. Signos y ‘Persiana Americana’ hablaban de conexiones, de momentos compartidos sin saberlo y ocultos tras una ventana y un trozo de tela. Tan real como la vida misma, y en ello residió su éxito, en dejarnos a todos pintados cuando lo mejor del sexo opuesto estaba aún fuera de nuestro alcance.

Luna Roja — Dynamo (1992)

A pesar de que la carrera de Soda Stereo, en su globalidad, se dibuje como una representación bastante fehaciente de todos los sonidos que definen el fin de siglo, Cerati se saltaron la normal línea temporal en varias ocasiones, siendo una de ellas la protagonizada por Dynamo, un disco que, a posteriori, es normal ubicar como continuación de Signos, con el cual enlaza por propuesta y espíritu.

Incomprendido en un primer momento, el disco lanzado en 1992 marcó distancias rápidamente con la inmediatez aplastante de Canción Animal y se perdió en el norte de las islas británicas, en el espíritu de Loveless y en las composiciones de los hermanos Reid sin que la gran mayoría de sus seguidores supiesen qué narices era el shoegazing. El contraste con lo anterior era tan evidente que muchos se perdieron en él sin percibir que tanta catarsis premonizaba futuros desastres.

Un Millón de Años Luz — Canción Animal (1990)

Apocada por muchos ante la entidad de alguno de los otros temas que forman parte de Canción Animal, ‘Un Millón de Años Luz’ vence la barrera de no ser la canción más obvia del álbum apoyándose en la parte de guitarra inicial que se hace leitmotif y un Cerati que parece cantar un estribillo que dura 5 minutos.

Encuentros nocturnos que de reiterativos parecen recuerdos que asaltan nuestra memoria de forma reincidente, a eso cantan Soda Stereo en un tema que es más de lo que aparenta y que se sobrepone a ser cara B en una isla llena de caras A (de sentido figurado, claro). Mientras que Canción Animal en su conjunto es un álbum que no se esconde ni esconde nada, esta alegoría de diluvios nocturnos e incendios posteriores se acomoda poco a poco pero no abandona incrustándose en tus entrañas como se incrustan en tu mente las notas altas que tan bien dibujaba Cerati con su garganta.

El Rito — Signos (1986)

Y aunque antes hablaba de saltos en el espacio y de líneas temporales que se pliegan al respecto de Dynamo, probablemente Signos sea la ruptura más profunda en toda la carrera discográfica de Soda Stereo. Un salto que se vería correspondido a nivel de ventas y trascendencia y que tendría su raíz en la cercanía de la catástrofe, del cocktail de cocaína y alcohol que casi nos priva de una carrera venerada por muchos y despreciada por el prejucio del necio.

Signos es un álbum que se apoya en su propia imperfección, que obtiene su fuerza en los momentos en los que todo parece pasado de rosca y bordeando el decoro. ‘El Rito’ puede que sea el tema que mejor ejemplifica eso, con esos suspiros almibarados demandando un espetón o ese ritmo pomposo ante el que Cerati no se esconde, seguro de sí mismo desde la ingenuidad que a todos nos da agallas. Cantando al conocido fracaso desde la victoria por llegar, así Soda Stereo nos capturaron a mediados de los ochenta, un ritual en el que nadie acepta un no por respuesta.

En la Ciudad de la Furia — Doble Vida (1988)

Cuando hablaba de excepciones al respecto de Doble Vida lo apostaba todo a este homenaje a la Buenos Aires nocturna, una ciudad que tiene capacidad para supurar éxito pero que se empeña en encerrarse en el fracaso. Historias de perdedores que, a pesar de todo, sueñan con regresar a sentir el calor del hogar, por muchas bofetadas que propine.

En cualquier caso, es Buenos Aires como podría ser cualquier lugar del mundo. El hogar no son cuatro paredes sino ese lugar por el que muchos damos la vida para poder entrar, sin importar el sinsabor, eclipsando los pasos hacia atrás y resaltando las victorias. La ciudad no es más que el entorno y son los caracteres quienes realmente la definen, los peones sobre el tablero que avanzan sin mirar atrás más que para saborear el pasado sabiendo que se encuentran, en su avance, cada vez más cerca del abismo.

6 minutos de polución nocturna que podían durar toda la vida.

Primavera 0 — Dynamo (1992)

En el paso atrás que es Dynamo, buscando el camino marcado por Signos, queda meridianamente claro que Soda Stereo no eran ya la misma banda. Enlazaban directamente con el británico sonido mostrado seis años antes, pero la ingenuidad juvenil que caracterizaba al disco de 1986 había sido sustituida por un mejor conocimiento de sí mismos y de su status, por un mayor dominio de sus fronteras sonoras a pesar de que las mismas habían crecido de forma casi incontenible.

La colección de singles de Canción Animal había quedado atrás y Dynamo se mostraba como un disco mucho más complejo, dejando a la mayoría a contrapie. En ese viaje hacia el shoegaze de My Bloddy Valentine, Cerati y cía descubrieron uno de los riffs más rockeros de toda su carrera sin quererlo ni necesitarlo. La frescura había dado paso a la madurez y, aunque Soda Stereo no supieron digerir ese paso, el tiempo ha acabado dando la razón a este arriesgado y ambicioso ejercicio.

Soda Stereo — De Música Ligera (1990)

Algo así como el ‘Smell Like Teen Spirit’ de Soda Stereo (salvando las obvias distancias). Quemada hasta que a más de uno ha acabado provocando urticaria, el single más incontestable de toda la carrera de la banda argentina junto a ‘Persiana Americana’ no fue suficiente para lograr abordar el mercado discográfico ibérico.

El esfuerzo sirvió para contratar cuatro conciertos en el año 92 en los que la banda depositó banas esperanzas de romper una barrera infranqueable en el mundo del Rock. Desgraciadamente el impacto de la mini gira no pasó de la anécdota y España siguió siendo la única espina que Cerati no ha sido capaz de quitarse en toda su carrera. Qué sordos somos los españoles a veces, ¿verdad? Al menos este himno sigue siendo recordado por algunos sabios.

Final Caja Negra — Signos (1986)

Supongo hoy, cerca ya de cumplirse cuatro años de que Gustavo Cerati cayese en coma, sus familiares y amigos seguirán debatiendo cuánto esperar, cuánto más debe alargarse este camino hacia un final inevitable y previsible. Muchas historias por contar nos deja el líder de Soda Stereo, un laberinto aparentemente sin sorpresas al final del cual no creo podamos abrir la caja negra.

Muchas canciones van a quedar dentro de la misma, versos que sabemos cómo empiezan pero cuyo final pertenece a este genio bonaerense que vivió toda su vida como si cada día fuese el último. Dicen que de nada sirve vivir al máximo el presente si no eres capaz de recordarlo cuando se convierte en pasado. Probablemente Cerati esté recordando todo lo vivido buscando el final del laberinto en el que su mente está perdida. La desgracia, es que si no encuentra la salida todas las canciones por cantar quedarán encerradas en su caja negra y jamás podremos conocerlas. Como si no hubiesen sido concebidas jamás.