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Lasse Lindh y aquel viejo invento de la indietrónica

Como casi todo lo que se convierte, de un modo u otro, en moda, tiempo después fue denostado. Pero lo cierto es que aquello que a principios de milenio se dio en llamar indietrónica (el pop electrónico de toda la vida, pero con un nombre más de molar) tuvo varios momentos enormemente interesantes. Uno de ellos el protagonizado, en el año 2001, por el sueco Lasse Lindh, y que no fue precisamente de los que más páginas de prensa especializada ocupó (sí, niños, en el 2001 existía la prensa musical en papel). You Wake Up at Sea Tac (Labrador Records, 2001) se trataba del segundo disco de Lidh y, seguramente, de su mayor momento de inspiración, en una carrera que después continuó con un intento no muy logrado de formar una banda bajo el nombre de Tribeca, que dejó algún momento digno y poco más, y que luego se pasó a un pop en sueco bastante anodino.

Lasse Lindh y la vieja Suecia

En aquel entonces los suecos todavía no lo petaban tanto. Algo sí, pero muy poco. Mi contacto con el mundo de los suecos empezó con Lasse Lindh y, así de memoria, diría que siguió con aquel fantástico Bring ’Em In de los debutantes Mando Diao. Pero al principio fue ese punto de pop entre delicado y bailable que convierte a You Wake Up at Sea Tac en un trabajo de digestión agradable y fácil. Seguramente no haya mucho más, pero todos tenemos discos así. Trabajos que no suponen un reto compositivo, que no pasarán a la historia por nada o, incluso, que a mucha gente no le gustarán. Pero que supusieron un flechazo en tu etapa hacia la madurez, que te acompañaron durante un tiempo y cuyo vínculo emocional, ese que te unirá con él para siempre, no se disuelve ni con el más potente de los ácidos.

Aunque You Wake Up at Sea Tac es un disco de escucha liviana, sin apenas altibajos, en el que todas las canciones tienen la calidad suficiente como para mejorarte el día, la melodía que se quedará grabada en tu cerebro serán esos primeros segundos de ‘The Stuff’, antes de un estribillo fantástico. Una canción que se podría poner en cualquiera de tus bares favoritos, desde los más raritos hasta los mainstream. Hay varios cortes de factura similar, quizás algo desposeídos de esa fuerza que marca al single, pero desde que ‘Bruised’ marca el inicio, con la peculiar voz de Lasse Lindh, el disco consigue captar tu atención en una primera acometida que no pierde empuje con el paso del minutaje.

Nada complejo vais a encontrar, por ejemplo, en ‘Walk with me’, salvo pop de muchísimo valor. De ese que no deja de ser más que buen pop. Bueno de verdad.

Esa voz débil, entre el susurro y lo afeminado, y los estribillos atrayentes son las dos grandes bazas del álbum. Nada complejo vais a encontrar, por ejemplo, en ‘Walk with me’, salvo pop de muchísimo valor. De ese que no deja de ser más que buen pop. Bueno de verdad. Del que no abunda, que digamos, en nuestros días. Del que puede permitirse tirar de medios tiempos bastante tranquilos, pero hacerlo con la suficiente capacidad de seducción, ‘C’mon Through’ mediante. Todo cuadra en You Wake Up at Sea Tac, a Lasse Lindh las piezas le encajan como nunca le volverían a encajar en su carrera en solitario (algún momento de Tribeca, como ‘Teenage’ tuvo su gracia, pero nunca fue lo mismo). Ese momento de inspiración que, quizás, jugase casi en el terreno de lo casual.

8.1/10

Como todo disco que toca cierta parte de tu alma, es difícil pretender que lo que tú sentiste hace casi década y media pueda sentirlo alguien a día de hoy. Salvo que fuese alguien de tu propio círculo. Sin embargo, a cualquier amante de la música pop, a cualquiera que se baje del imperativo de denostar las etiquetas que, seguramente, fueron sobreexpuestas, debería gustarle You Wake Up at Sea Tac. Por cortes como ‘Computerwelth’, ‘River’ o la ya mencionada ‘The Stuff’, así, de corrido. O por el mero hecho de homenajear a esos discos que nunca pasarán a la historia. Que ni son clásicos ni, seguramente, merezcan serlo, pero que sí han conformado parte de tu columna vertebral sensitiva. Porque al final los clásicos los define cada uno.

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