Laura Marling tiene 21 años, pero su voz y las historias que con ella narra son universales y añejas, de mujer castigada y premiada por una vida intensa y unos avatares que la han zarandeado por una geografía árida, sureña, que evoca el sol impúdico a media tarde y las noches en un viejo porche de madera.

A Creature I Don’t Know es su tercer álbum, y el crecimiento que ha experimentado esta cantautora es tal que poco a poco empieza a poder tratar de tú a sus grandes madrinas. PJ Harvey, como no podría ser de otra forma, y la gran Joni Mitchell respiran en las venas de este trabajo, le impulsan y se alían con el espíritu entre jazz y folkie de Laura Marling.

Historias de humo en la barra de un antro

La habilidad para componer de Marling es pavorosa. Todos los cortes han sido escritos por ella en exclusiva, lo que da una idea de la potencia creativa que tiene esta mujer. Lejos de caer en la monotonía que pudiera suponer una ausencia de colaboración externa que aporte un punto de vista con perspectiva, A Creature I Don’t Know crea una atmósfera nublada por el humo, sazonada por las historias que se cuentan al pie de la barra de un bar sucio, con un vaso de la mano y la mirada empañada.

Coherente, cohesionado y con una simplicidad en lo que a recursos se refiere, tenemos dos lados de una misma moneda. Los cortes más alegres, con más desparpajo pero plagados de una ironía ácida que los aleja de cualquier posible sensiblería se alternan en exquisito evolución con otros más oscuros, problemáticos, arriesgados, todo sembrado con una honestidad que te sumerge por completo en la narrativa.

Los primeros recuerdan al folk sureño americano, a los suelos de madera crujiente y pegajosos, a botas de puntera con tacón metálico. Es en éstos donde la confianza de la cantante en su voz es plena, y se permite jugar con susurros, suspiros y despreocupadas caídas tonales.

Por otro lado tenemos el lado más amargo de las risas, la acidez del desengaño, la promesa de la pérdida en los cortes más logrados del álbum. El mejor, ‘Night After Night‘. Una de las baladas más duras, hermosas y dolorosas de lo que va de año, y el clímax del disco. De las que envejecen como Sean Connery.

Huyendo de la comodidad sentimental

Nada en A Creature I Don’t Know evoca un sentimentalismo vacuo, o siquiera persigue una emoción fácil y barata. Todo está orientado a narrar una historia dura, jalonada de momentos agridulces, tomada con tremenda diplomacia y salpicada de ironía.

There lies a man of my heart

A fine and complete work of art

Here I his woman

His home and his heart

And proud to be playing that part

Por momentos aparece una sensación de inquietud, de no saber disfrutar de una felicidad momentánea, de huir de los supuestos sociales para echarse una vez más en manos de un futuro incierto. Todo acompañado de una guitarra que rara vez desaparece y que junto a la voz de Laura Marling, son dos de los grandes recursos de este disco.

En A Creature I Don’t Know, Laura Marling no da rodeos, se plantea firme, directa y cargada de un pasado duro, estéril pero increíblemente lírico y cautivador. No os voy a engañar, éste es uno de esos álbumes que necesita atención, mimo y cuidados para florecer, pero cuando lo hace, se convierte en un pequeño lugar al que volver, como quien regresa a los espacios conocidos para recordar otro tiempo mejor.

 

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