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Laura Marling — Once I Was an Eagle

Laura Marling no es una ‘chica con guitarra’ al uso. Sí, sé que básicamente eso es lo que uno dice cuando en una determinada etiqueta musical hay overbooking, y quieres hacer ver que lo que vas a recomendar tiene algo que no tienen todas las demás. Pero es cierto que esta inglesa desconcierta en buena medida, alejándose de esas trovadoras al desamor que masifican la oferta musical. Y sigue existiendo, esa invisible capacidad de atracción, en Once I Was an Eagle, su ya cuarto disco de estudio, desde que hace un lustro hiciese su puesta de largo. Quizás (bueno, quizás no, seguro) la melancolía siga siendo parte inequívoca de la receta, pero en Laura Marling sentimos algo que nos empuja a aceptar la derrota como fin único. Ni esperanzas, ni amores idealistas ni hostias. Derrota. Barra de bar, soledad, alcoholismo, y puños apretados por la impotencia. Sobre todo en el primer episodio.

Laura Marling y los patrones establecidos

Porque se me ha dado por dividir Once I Was an Eagle en dos episodios, en dos capítulos, separados por ‘Interlude’, a medio metraje. El primero, como decía, de solvencia magnífica, una especie de historia contada ininterrumpidamente, en la que el límite entre canción y canción parece elegido al más puro azar, como si en lugar de un disco de querencia folk estuviésemos explorando el nuevo trabajo de nuestro grupo de post-rock de cabecera. El segundo, sin embargo, nos baja un poco de la nube. Seguramente más agradecido por momentos. No díría bailable, pero sí más pop, más alegre y luminoso (insisto, por momentos, si queréis música que os ponga contentos, obviamente estáis en la ventanilla equivocada), menos pesimista y agorero, pero que acerca a Laura Marling al conjunto de ‘chicas con guitarra’ del que antes hablábamos, y que resta singularidad a lo que hasta ese momento habíamos escuchado. Aunque el sabor de boca final es notable.

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A saber. En esa historia hilada estrechamente, ‘Take the Night Off’ representa el primer corte. Es un corte que a nivel real dura poco más de cuatro minutos, pero cuyo final no se adivina nunca. Alguien se ha metido dentro de la música de Laura Marling con un soplete que ha soldado perfectamente los límites entre cortes. Así, la Laura Marling que se revela contra el poder establecido, contra esa mano oculta que empuja al victimismo vestido en voz plañidera de mujer, se convierte en una modista del odio, del rencor…

I don’t want you to want me
Wouldn’t want you to know
I don’t care where you’ve gone beast
I care you go

… se funde con la que se niega a ser víctima de romances o circunstancias poco definitivas de ‘I Was an Eagle’. Vamos, que la chica se niega a cumplir con el rol que le toca por los siglos de los siglos amén, y nos ha salido con cosas como la autosuficiencia. Y en este juego de ligarlo todo, ‘You Know’ y ‘Breathe’ acaban por conformar un inicio absolutamente valiente y brillante, que incluso se hace más plausible cuando en directo la chica se va a los quince minutos de música ininterrumpida.

Todavía queda la ruda ‘Master Hunter’ como signo de ese disco en el que la chica se nos ha puesto guerrera, pero ‘Little Love Caster’ empieza a acercarse a terrenos algo más transitados ya. En principio no molesta, de hecho, es un corte de factura bellísima, pero descubrimos en él a una Laura Marling vulnerable, no sólo melódicamente, también en unas letras en las que se acepta débil, frágil. En la que quiere vivir en una mentira siendo consciente de que las rodillas van claudicando. Una mentira en la que ‘Devil’s Resting Place’ es el último intento de sublevarse antes de que finalice el capítulo uno de Once I Was an Eagle.

Intentando escaparse de la fuerza centrípeta

https://www.youtube.com/embed/fO2gm29rI7E

Capítulo dos. En el que Laura Marling juega a convertirse en el Guadiana, y nos suelta temas prescindibles y otros deliciosos casi por igual. Para empezar, que ‘Undine’ venga justo después del intermedio, no augura nada bueno. Hasta ese momento es, con seguridad, el tema más flojo de I Was an Eagle. Empieza a notarse la fuerza del remolino, de que te lleva a su epicentro a pesar de que te dejes los hígados en nadar contracorriente, huyendo de la etiqueta de ‘chica con guitarra’ que tanto predomina en este capítulo. Incluso cuando algunos acordes de ‘Pray for Me’ juegan a recordar aquel póker maravilloso que abrió el disco, si bien se nota una intensa mejoría a final del tema, cuando los arreglos de cuerdas se van introduciendo, y acaba mostrando mucha más solvencia que cualquiera de las tres canciones previas. No mejoran mucho la sensación cortes como ‘Love Be Brave’ o ‘Little Bird’. Se mantiene la buena factura, es más, se conserva un nivel de composición bastante alto, unas letras acertadas, pero se ha perdido cierto magnetismo. Ha volado la diferenciación.

7.9/10

Hay cierta remontada, al final ‘Saved These Words’ devuelve las cosas a su entorno natural. Laura Marling disfrazándose incluso por momentos de Lou Reed (ya, igual es que últimamente veo a Lou Reed en todas partes, pero ¿acaso no lo está?). De nuevo nervio, de nuevo intensidad y ganas de sacar la cabeza de ese remolino que te está absorbiendo y quitando la vida. Laura Marling ha conseguido salir victoriosa de la batalla, pero es cierto que han quedado algunas secuelas que pesan. Ella sabe que no es una más, pero a nosotros por momentos nos lo ha parecido. El disco dura una hora, volvemos al discurso de que, a lo mejor, con diez minutillos menos…

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