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Lay Llamas — Ostro

Ostro (Rocket, 2014) es posiblemente uno de los discos de psicodelia más excitantes del año. Lo firman los italianos Lay Llamas, que repiten en larga duración por todo lo alto gracias a nueve canciones que a ratos navegan entre el oleaje Space Rock, a ratos lo hacen entre el collage sonoro y, la mayor parte del tiempo, parece surcar olas a la deriva, como si no hubiera un lugar al que dirigirse ni falta que hiciera. La principal virtud de este Ostro es precisamente esa: la de sobrevolar todo un campo fértil en géneros sin aterrizar en alguno, picoteando aquí y allá referencias e ideas. El resultado es fabuloso.

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Hablábamos de géneros: en Ostro encontramos reminiscencias del Krautrock en los nueve minutos de ‘Archaic Revival’. Es cierto que hay algo de arcaísmo en la línea de bajo monótona y obsesiva que domina la estructura de la canción: casi diez minutos envuelta sobre sí misma mientras por encima viven, viajan las voces, los sintetizadores y las guitarras. Música primitiva pensada desde parámetros contemporáneos y ejecutada a la luz de mil filtros de Instagram, en un lienzo que resulta tan paranoico y confuso como brillante. Por aquí, aunque menos oscuros, podríamos colar alguna comparación con Lumerians o los muy añorados Dead Skeletons, de quienes sabemos poco desde su LP de 2011.

Ostro: perderse orientados hacia el lugar exacto

Hay más motivos de orgullo para Lay Llamas en Ostro. Una característica más que interesante de su trabajo es la mezcolanza de sensaciones por encima de un relato ordenado. Esto implica que sus canciones no son tal, ya que dejan de lado cualquier atisbo de estructura tradicional para sumergirse en largas sesiones controladas, cerebrales, de expresividad musical. Ostro es un disco capaz de descolocar sensaciones. Transita de un lado a otro, por momentos como un balancín, hacia adelante y hacia atrás, sin que aparente sendero guíe su marcha. Salta por encima de la carretera y se introduce campo a través, siemrpe se encuentra en ninguna parte.

Y precisamente por ello siempre está en su sitio.

Es lo maravilloso de Lay Llamas, perderse en el infinito con una orientación exacta.

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Saben en todo momento lo que desean. Y si no es así, una vez finalizado el disco, logran aparentarlo. En lo que sólo puede interpretarse como una jugada maestra. Una farsa a la altura de los mejores. Ya que, como todo el mundo sabe, la psicodelia es farsa, farsa y nada más.

Tomemos ‘We Are You’ y hablemos de cómo, además, Lay Llamas son capaces de deslizar elementos de la pista de baile en más de una canción. Quizá la más obvia de todas, y la que podría llevarles hacia grupos como Jagwar Ma o Django Django, aunque infinitamente más densos, sea ‘Something Wrong’. Pero Lay Llamas siempre llevan más allá sus aires bailables, hacia algo más parecido a una rave de movimientos espasmódicos que a un bar de playlist programada. Ejemplo de ello: el goteo amable de ‘Desert of Lost Souls’.

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7.8/10

Esa salvaje anarquía controlada en la que sobreviven dota a Ostro de mil texturas. Cada vez que he escuchado el disco he pensado una cosa diferente de él. Creo que no es perfecto, que tiene momentos flojos respecto a sus cimas y que Lay Llamas es un grupo por hacer. Pero su propuesta a mitad de camino de todos los géneros, su empeño por ser indefinibles hasta cierto punto, les ayuda a salvar sus carencias. Esta huida hacia ninguna parte merece tanto crédito como imaginación derrochan sus canciones. Y es mucha.

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