Lee Ranaldo and the Dust — Last Night On Earth

“Lee Ranaldo — Last Night on Earth” src=”http://img.hipersonica.com/2013/12/Lee Ranaldo — Last Night on Earth.jpg” class=”centro_sinmarco” />

Opinar de un disco apenas unos días después de haberlo visto interpretado en directo. Um. ¿Perspectiva deformada o más elementos de juicio? ¿O simplemente duda estúpida de tipo que tiene que escribir una crítica que una persona normal no debería ni plantearse? No sé, la cuestión es que hacer coincidir en el tiempo el concierto de Lee Ranaldo and the Dust y ponerme en serio a escuchar este Last Night on Earth me ha creado una extraña sensación de ping-pong entre ambas cosas (ahora desarrollo esto) que no ha hecho más que aumentar las dudas que este disco ya de por sí me planteaba. Pero es que un disco de un músico de su categoría siempre merece más de una escucha. Y de dos, y de tres.

Lee Ranaldo, entre dos tierras

El nuevo lanzamiento del ex Sonic Youth es, antes de nada, un artefacto conscientemente continuador del notable y todavía reciente Between the Times and the Tides, lanzado hace apenas año y medio. Ahora se ha agenciado una banda más o menos estable, The Dust, compuesta por su compadre Steve Shelley a la batería más Alan Licht y Tim Lüntzel para acometer lo que es indudablemente un ejercicio continuista de aquel trabajo, por lo que las comparaciones son obligadas (mucho más que con el más lejano resto de su producción en solitario, por mucho que ésta sea nada menos que la décima entrega).

Quizá, y digo quizá, Last Night On Earth sea ligeramente inferior a su predecesor. Para quitar el “quizá” de esa frase sin mayor preocupación habría que añadir varios matices, matices que se moverían (como casi todo en este disco) en dos ámbitos: éste es un disco de pegada menos inmediata que el anterior, sí, pero también de cocción más lenta y elaboración más cuidada. Y ése es uno de los muchos equilibrios entre los que se mueven Ranaldo y compañía aquí: el cantautor frente al virtuoso, el creador de hits frente al de asombrosos alardes, el clasicismo frente al ruidismo. El riesgo, claro, es quedarse a medio camino y no contentar ni al fan de Sonic Youth ni al de Crosby, Stills, Nash & Young (sobre todo Young). Y algo de eso hay aquí.

Sentarse y escuchar

Last Night On Earth es un disco de raíces indudablemente clásicas: mucho se ha hablado de Grateful Dead y claro que ahí están, como también tantas otras bandas del rock americano (y californiano, si me apuráis) y desde luego de unos R.E.M. en los que es imposible no pensar cuando uno escucha a Ranaldo cantar. Es además un disco que se mueve en una cierta placidez, una calma como de domingo por la tarde que ni las tormentas guitarreras llegan a perturbar en realidad: todo da la sensación de estar controlado y uno se sienta a escuchar sabedor de que el riesgo es inexistente, de que la sangre no va a llegar al río. Nada de malo hay en esto, claro, pero el peligro acecha por dos flancos: por una parte, el de saber conjugar ese saber hacer basado en el clasicismo con los complejos desarrollos que llevan las canciones hasta los nueve minutos y que la cosa no chirríe y por otra, la tentación de pasar de la placidez a la intrascendencia (la línea, ya que estamos, que separa un Lifes Rich Pageant de un Around the Sun).

Tiene también que ver esta dualidad con la idea de la partida de ping-pong de la que hablaba antes a propósito de la relación entre directo y disco. Porque uno escucha con agrado Last Night on Earth, pero le queda la sensación de que debe de ser en directo cuando todo su potencial estalla por completo. Pero es que luego llega al concierto (conste en acta: en un slot de 50 minutos, no el mejor contexto para una propuesta que si algo necesita es tiempo) y lo disfruta como el que más, pero entonces tiene ganas de volver al disco, para poder disfrutarlo con una tranquilidad y un gusto por el detalle que el directo no permite. Bien por la retroalimentación entre ambos, mal por la perenne sensación de insatisfacción. Dualidades, de nuevo. Lo mismo que la discusión sobre los desarrollos de sus temas y su duración: se les podrá acusar de excesivos, pero es que reducidos a un radio edit de tres minutos y medio perderían el valor añadido y, en fin, el motivo mismo por el cual a alguien puede interesar escuchar un disco de un artista como éste.

Así, y pese a la considerable dosis de atención que requiere si uno no quiere perderse por el camino, Last Night On Earth se escucha bien (incluso muy bien por momentos: la inicial ‘Lecce, Leaving’ resume quizá como ninguna otra las virtudes del disco), pero acaba inevitablemente lastrado por unas contradicciones y cambios de rumbo que acaban por negarle el paso del nivel “agradable” al de “notable”. Un disco de Lee Ranaldo siempre será (y deberá ser) bienvenido, pero la próxima vez cabe esperar que responda más preguntas y no conteste a tantas con un “no sabe / no contesta”.

Lee Ranaldo and the Dust — Last Night on Earth

“6,90” src=”http://img.hipersonica.com/2013/12/6,90.jpg" class=”izquierda” /> El álbum que cabía esperar de Lee Ranaldo en este momento: continuista y de lucimiento, para bien y para mal. En algunos momentos da ganas de ponerlo a todo volumen y ponerse muy intenso; en otros, simplemente de saltar a la siguiente canción (y lo bueno es que ese momento es distinto en cada escucha). Un disco de virtuoso que a veces se arrepiente de serlo y da un paso atrás.

01. Lecce, Leaving
02. Key-Hole
03. Home Chds
04. The Rising Tide
05. Last Night on Earth
06. By the Window
07. Late Descent no 2
08. Ambulancer
09. Blackt Out

Lo mejor

  • Todo lo bueno que tiene un ejercicio de estilo.
  • Ranaldo no se olvida de hacer canciones.
  • Cada nueva escucha depara sorpresas.

Lo peor

  • Todo lo malo que tiene un ejercicio de estilo.
  • Se echa de menos una cierta coherencia en el discurso.
  • Algunos cortes van más sobrados de metraje que una película de Michael Mann.