Lenny Kravitz — Strut

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En ese ánimo de muchos de infravalorar todo lo que lleve la etiqueta de mainstream, son algunos artistas los que han caído justamente, mientras otros que sí merecían un mayor respeto han ido perdiendo adeptos con el paso de los años y han sido condenados la más injusto ostracismo. Uno de estos últimos, bien podría ser Lenny Kravitz, un buen compositor, de esos que además se lo guisan y se lo comen prácticamente todo él solito, luego méritos no le faltan en su currículo, incluido el de haber sacado adelante sin ayudad de ningún sello su debut, Let Love Rule hace ya un cuarto de siglo.

Este año, tras un descafeinado Black And White America, en el que pretendió más de lo que estaba al alcance de sus posibilidades, el señor Kravitz ha vuelto con nuevo trabajo bajo el brazo, Strut, y, escuchándolo, quedan claras dos cosas: que, aunque sean etiquetados de mainstream, aún quedan algunos buenos rockeros entre los que venden varios cientos de miles de copias, y que, quién tuvo, retuvo. No es el momento de darlo por muerto todavía.

Lenny Kravitz no estaba muerto… pero casi

Y es curioso que una de las mayores bazas de un disco sea llega a él sin ningún tipo de esperanzas. Pensar que no va a haber nada de provecho en Strut excepto para l@s ultrafans, es posiblemente la idea preconcebida que mejor le podía haber venido a Lenny Kravitz, porque es darl e al play y encontrarte unas cuantas sorpresas.

Para empezar y como decía hace unas líneas, Strut se deja de ambiciosas pretensiones; de intentos de mensaje sociopolítico y de tratar de aunar culturas musicales tan dispares como la blanca y la negra. No se intenta meter a calzador rock y soul, funky, RnB y pop en el minutaje de Strut: simplemente el rock al que nos acostumbró Kravitz en sus primeros trabajos fluye, y el disco se deja escuchar, siempre dejando claro que, algunos de sus temas, quieren, pero no pueden ser, “Always On The Run’s” o “Are You Gonna Go My Way’s”.

Strut, los experimentos, con gaseosa

Simplemente escuchando el tema que abre el listado, ‘Sex’, que además ha servido de single, uno ya se da cuenta de que la cosa promete mucho más que en Black And White America. Las guitarras vuelven a estar en su sitio y tienen el toque justo de funk; es una pena que, en un principio, la voz de Kravitz no acabe de sintonizar con la música.

The Chamber’, que servía como aperitivo para dar a conocer este décimo disco del rockero, lleva una línea más disco y setentera que se despeja para volver al rock con el sello del cantante en ‘Dirty White Boots’ y desemboca en el homenaje funky a su ciudad, uno que ha tardado 25 años en hacer, pero que ha llegado finalmente, y para bien.

La primera balada en presentarse, ‘The Pleasure And The Pain’ llega con aires de blues e introduce metales, que junto al solo de guitarra redondean un tema que recuerda a los mejores temas lentos de otros tiempos del artista.

Strut’, el tema que da título al álbum, no puede negar mirarse en el espejo de ‘Always On The Run’, su rock sucio funciona, si, pero tiene el listón demasiado alto para llegar a superarlo.

Pero, no vayamos a pensar que Strut es un disco perfecto, porque no lo es. Tiene sus defectos y comienzan a partir del séptimo corte. El meridiano de este décimo trabajo de estudio de Kravitz, se llama ‘Frankenstein’ y viene a decirnos poco más o menos que su monstruo, el disco, está hecho de retales y que los mejores se quedan en la parte que llega hasta la cintura. De ahí para abajo, todo flojea y faltan unos cimientos más fuertes.

Los mejores temas ya los tenemos escuchados y el resto es más bien relleno. Ni el medio tiempo de ‘Frankenstein’, ni sus armónicas, ni el country de ‘She’s A Beast’, ni mucho menos ‘I’m A Believer’, que recuerda demasiado, no sólo en el título, a la canción de los Monkees reinterpretada para la BSO de Shrek, están a la altura de lo escuchado en la primera mitad de Strut.

Y luego tenemos un ‘Happy Birthday’ que viene a ser una especie de Lenny Kravitz en modo troll. Una canción que parece más sacada de un disco para niños que de un álbum que se abre con una canción titulada ‘Sex’; aunque nadie puede negar que el estribillo se pega… Y para cerrar, un par de baladas soul que aburren a las piedras, para llevar a las fans al punto de ebullición.

6.9/10

Al final, lo que tenemos en Strut es una digna vuelta a la palestra de un viejo rockero que demuestra que todavía es pronto para darlo por muerto, que deja claro que todavía le quedan energías para hacer muy buenos temas, aunque ya no esté al cien por cien. Y eso lo demuestra la segunda mitad del disco, que, es de mediocre para abajo.

Eso sí, a Lenny le sienta mejor dedicarse a lo que sabe hacer y dejarse de experimentos; esos, mejor con gaseosa, que ya sabemos que suele ser más bien blanca… aunque él intente mezclarla con cola.

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