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León Benavente — León Benavente

Animada charla de domingo por la tarde. Caras sonrientes y relajadas, salvo la del chico de la esquina, algo mosqueado por la burla de los demás en cuanto a sus continuas quejas a los errores arbitrales como excusa a la derrota de su equipo favorito la noche anterior. De repente, en medio de una conversación en la que había pasado un ángel, el callado zagal se suelta a hablar de León Benavente. Expone su recién adquirido conocimiento musical (sí, situamos la conversación hace ya unos cuantos meses), y sus compañeros de mesa lo mirar ignorantes. Le preguntan de qué va el tema, y el les responde que es una especie de “superbanda indie”…

… crecen las miradas de desconfianza, el tipo más alejado carraspea, y ya si eso mejor volvemos a hablar de deportes.

León Benavente: unos retales que hacen un traje

Porque nombrar eso de la superbanda asusta. Y está más trillado que las temporadas de Friends, por mucho que nuestro torrente sanguíneo ya se haya limpiado del todo y comencemos a echarlos de menos. Asusta porque nos lo han prometido muchas veces, y la orgía ya nos la conocemos. Yo me voy con tu colega el bajista, y tú móntatelo con la de la batería. Y así todo. Y así León Benavente, en el que unos cuantos colegas de la tropa de Marxophone (hablaremos de las semejanzas de León Benavente con Vegas, y no sólo en cuanto al padrinazgo), se juntan para hacer ruído. Teóricamente, ese es el plan: como cada uno de nosotros por separado está en un proyecto de tinte tranquilo, pausado, nos juntamos y damos un pasito hacia el rock, hacia aumentar los decibelios, a que los vecinos se enteren de que tienen un tipo que es músico en el quinto, y que nunca le habíamos jodido la siesta, ni hecho llamar a la policía.

Así, en una práctica habitual en todo el mundo, y cuyos ejemplos más recientes en España podrían ser Corizonas o Fantasma 3 (olvidemos aquel horrendo experimento del Bunbury & Vegas, por favor), arranca el grupo formado por Abraham Boba, Luis Rodríguez, Edu Baos (Tachenko) y César Verdú (Schwarz). Coge forma hace meses con el lanzamiento del disco que hoy nos ocupa, y haciendo prever que lo suyo sería una aventura de un verano. Un disco, una gira, unos cuartillos, y seguimos a lo nuestro. Pero la buena acogida de este debut ha dado vida al proyecto, que a día de hoy se presume duradero, y que de hecho sacará a la luz un nuevo EP la semana próxima. A lo mejor es que las prisas ya no les pueden. Son perros viejos, todos peinan (los que algo tienen que peinar) canas, y, como hacen rezar en la inaugural y fantástica ‘Ánimo, valiente’, saben cómo fueron los ochenta.

Desde la improvisación a la trascendencia

Por eso nos ponemos cuchillo entre los dientes y apretamos. Rasgamos cuerdas con desdén, con energía. Y tras esa gran tarjeta de bienvenida llamando a los valientes a la revolución, ‘Las hienas’ le ponen música a esa caótica selva en la que León Benavente parecen dispuestos a introducirnos. No hemos tardado en darnos cuenta de que ese proyecto que perfectamente ha podido nacer de una idea sumergida en alcohol a altas horas de la madrugada va a tener que tomarse muy en serio. Han nacido para trascender, para hacer criba de los que se han ido por el camino correcto, el equivocado, o por los que han permanecido inmóviles. Una superbanda indie que piensa mucho y habla poco. Percusiones de Verdú marcando el camino de lo que será una larga caminata.

Pocos peros se puede poner a un inicio en el que ‘Estado provisional’ deshonra a su nombre, quedando grabada entre tus sienes, mientras ‘Las ruinas’ pincha en el primer, y casi único hueso en el que León Benavente parecen toparse. Poco bache es el atravesado, el que se aqueja, cuando esos claros coqueteos con el krautrock de la mano de ‘La palabra’, explosiva en la melodía, algo más floja en las letras, pero fantástica en conjunto toma el relevo. Efervestence e hipervitaminada. Loca y apenas conducible. Píldora de metanfetamina que deja un poso de agotado fervor. Igualmente inspirada suena ‘La gran desilusión’, de las mejor construídas de todo León Benavente, mucho más pausada y más encajable en la etiqueta del pop de toda la vida. La más reconocible dentro de los sonidos de los retales pasados.

7.5/10

… y entonces aparece Nacho Vegas. Vaya, no, no aparece. O si acaso sí, acompañado de Xel Pereda, en los coros de ‘Rey Ricardo’, que recuerdan insultantemente al disco de debut de Lucas 15. Un camino de espinas, de temática y sonido medieval. De épica y bélica, fundidas en un sólo recurso estilístico. Probablemente, el mejor tema de León Benavente. Pero Lucas 15 no desaparece. Aquel ‘El Sacaúntos de Allariz’ renace en ‘Ser brigada’. Casi como si no hubiese pasado el tiempo, pero revisitada en 2013, no hace unas cuantas décadas, entre un grupo de gente contemplando la actuación del juglar que hoy ha llegado al pueblo. La canción pone candado a un fantástico disco de debut, que invita al optimismo en cuanto a una fecunda vida futura. Igual al final todas estas pruebas pasadas tienen su resultado en donde menos uno se lo esperaba. Mientras nos preguntamos si esta historia de amor será duradera, o un polvo de una noche, disfrutemos del polvo en sí.

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