Lightning Bolt está formado por dos psicópatas del sonido, por dos dementes a la hora de entender el Rock. Nada de modas, tradiciones, dar una palmadita en la espalda a Jimmy Hendrix o Mick Jagger. Ellos tienen otra filosofía: la adrenalina como base para su sonido.

Brian Chippendale y Brian Gibson son unos de los causantes de que yo me quede sordo dentro de unos años (esperemos que aún sean muchos). La pareja de Providence, Rhode Island no tiene miedo a sonar como los más brutos de la clase y cuando uno va por la calle con el iPod puesto o enciende el estéreo en casa con ellos de fondo, parece que todo cambia. Después, das al stop y aprecias el silencio, hasta Alva Noto te parece bailable.

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Coñas al margen, lo de este dúo es demencial. Llevan cinco álbumes con este nuevo, Earthly Delights (2009, Load Records), y en ningún momento se les ve síntoma de parón. Es más, en cuanto les descubres, les tienes clasificados como la droga dura a tomar una vez que estás saturado de otros sonidos más repetitivos y suaves.

Ellos dicen sentirse inspirados por bandas de Noise rock japonesas como Boredoms y Ruins, a las cuales yo no he escuchado pero que las tengo pendientes desde hace tiempo, y también de, entre otros, Sun Ra. La inclusión de este último nombre no me sorprende, porque era tan marciano como ellos y ha influido a quien menos se lo imagina.

Cuando vinieron al Primavera Sound 2009 ya avanzaron algún que otro tema de este álbum, aunque en aquel momento yo solamente pudiese mirar a la careta de payaso diabólico que lucía Chippendale tras la batería. Tras la escucha de Earthly Delights sí que recuerdo algunas partes, en especial el tema ‘Funny Farm’ con el distorsionador vocal y el bajo ofreciendo su sonido más “suave” de todo el directo.

El resto fue pura tralla. Como si una metralleta empezase a disparar sin compasión y todo el público bailase, o mejor dicho, se pelease en las primeras filas, al impacto de las balas. Los cortes, el término canción a mí se me queda corto al hablar de Lightning Bolt, de este álbum son captados con esa misma intensidad aunque su mejor baza sea el directo.

Tienen el don de multiplicarse, de clonarse como si escuchásemos un bajo, dos guitarras y hasta algún que otro instrumento más. Ahí es Brian Gibson quien afronta el bajo eléctrico como si de una guitarra (o dos, o tres) se tratase, pero guardando siempre el ritmo y la cualidad del bajo.

Unido a la destreza demencial de Chippendale tras la batería, el resultado es de manicomio. De escuchar voces y preguntarte de dónde vienen (‘Rain On Lake I’m Swimming In’); del drone infinito mezclado con riffs de Rock clásicos (‘Sound Guardians’); el tiovivo de feria descarrilado de un pueblo fantasma (‘The Sublime Freak’); o la guerra más cruel donde sólo vuelan sonidos (‘Nation of Boar’).

8/10

Earthly Delights es un discazo, de los necesarios a escuchar cada cierto tiempo y con los que afrontar otros límites sonoros. Ahora bien, como no entre a la primera, por mucha portada de mariposas y colorines que tenga, Lightning Bolt serán el grano más incómodo que podamos tener. Sólo que si pasa todo lo contrario… toca disfrutar del muro de sonido salido del manicomio.

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