Linkin Park — Living Things: la crisis de los cuarenta

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Linkin Park asentó en A Thousand Suns el que parecía iba a ser el primer escalón de un nuevo concepto en su trayectoria. Si bien todavía quedaban pinceladas de su pasado más cercano al nu-metal en canciones como ‘Blackout’, estaba claro que la banda apuntaba a un lugar muy diferente al que habían frecuentado hasta ahora. Pero como todo en esta vida, había que ver si realmente se trataba de un rollo de una noche o si aquí se fraguaba un compromiso con alianza incluida. Parece que los de Bennington la fidelidad es cuestión de por dónde sople el viento.

Living Things no es la continuación que esperábamos. No lo es ni para los que se agarraban como un clavo ardiendo a esa supuesta vuelta al sonido de sus comienzos ni para los que aguardábamos un paso más en el nuevo territorio explorado por su anterior trabajo. Así que en este sentido, y en muchos otros que se irán desgranando, ha sido una decepción en toda regla. Un intento por quedarse entre medias, por complacer a todos, que ha terminado no complaciendo a ninguno. Al menos sobre el papel.

Volver a Hybryd Theory: una premisa imposible de cumplir

Cada vez me desencantan más las declaraciones de los grupos en los meses previos al lanzamiento del disco. Linkin Park afirmó que habían decidido volver a territorio conocido, esto es, a lo que hicieron en sus dos primeros álbumes. Lo primero que salta a la vista es que, por muy diferente que fuera A Thousand Suns, el sonido del grupo seguía presente en varios cortes, con muchísima más potencia y pegada de lo que, para mí, tuvieron en su día. Al menos, a un nivel muy diferente.

Pero sí, en Living Things se percibe un intento por dar marcha atrás, por recular ante el desencanto más o menos general que provocó su anterior apuesta. Se nota. No tienen casi ninguno de los ingredientes que les hicieron triunfar en su día, y sí la pátina de tratar de volver a recuperar a quienes se desengancharon de ellos en 2010.

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Canciones como ‘Victimized‘ son los lastres con los que han intentado hacer desaparecer todo lo logrado en A Thousand Suns. Volvemos a las partes vocales tipo thrash metal, a las guitarras molestas, al ruido que antes se había logrado convertir en sonido centrado y con propósito. Quizá parte del desagrado que me produce este trabajo esté intrínsecamente relacionado con lo poco atractivo que me parece este estilo — con todo el respeto para quienes disfruten de él, obviamente. Pero si algo tiene justificación, si algo encaja, me da igual que sea un berrido disonante o la nota mejor afinada del mundo. Simplemente funciona. Y aquí no.

Bennington también aclaró que habían recuperado las mejores partes de sus primeros trabajos para juntarlas y lanzar este disco. Toma ya, vamos a intentar levantar más las expectativas, debió decirse. Tanto si lo hizo inconscientemente como si estaba preparando el terreno para el lanzamiento, el resultado no ha podido cuajar de peor manera. Quienes se acerquen a Living Things con la esperanza — más que justificada si se ha seguido mínimamente a la banda en sus últimos comentarios — de encontrarse con los Linkin Park de sus amores se enfrentarán a algo muy diferente a lo que fomentaron que esperásemos.

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Por el camino han quedado las emociones que fomentaban, de manera muy diferente, tanto en sus inicios como en A Thousand Suns. La ira y la rabia que acumularon en Meteora quedan muy tibiamente esbozadas en este álbum, como el burgués que al cumplir los cuarenta quiere dejar su trabajo de oficina, su casa en los suburbios y volver a ser un adolescente con las rodillas peladas. Puedes volver a comprarte un skate, pero no vas a recuperar lo que te has dejado por el camino, salvo quizá en pequeños pedazos.

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La débil herencia de un viaje mejor

A Thousand Suns está presente en Living Things. No sólo a la hora de echarlo de menos en los temas que he comentado anteriormente, sino en algunos pequeños detalles que sí funcionan, y en muchos otros que no. Las transiciones son uno de ellos, y una buena parte del tracklist, sobre todo de cara al final, está unida en una composición prieta y homogénea que te lleva de la mano, sobre todo entre la olvidable ‘Until It Breaks’ y ‘Tinfoil‘, siendo esta pequeña pieza una de las mejores del disco, y que a su vez engancha con el último corte, ‘Powerless‘.

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Sin embargo, la influencia inevitable de lo que se acaba de hacer se torna demasiado blanda, sensiblera por momentos hasta llegar a una especie de rollo trovador que les queda como a un santo un par de pistolas. ‘Roads Untravelled‘ cae por ese camino de manera muy equivocada, iniciando un descenso en fuerza y ritmo que dura toda la segunda parte del tracklist. Y no, no es una pega, es de agradecer. Resulta casi imposible aguantar la tralla vacía de la primera mitad durante más tiempo.

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Decepción tremenda. Quizá no compartida por los seguidores de Linkin Park que vean en Living Things una vuelta a su vertiente más radical, pero para quienes disfrutamos con A Thousand Suns más que con sus primeros trabajos, el resultado no podía haber sido más desolador. Quien avisa no es traidor, y es cierto que se han alejado de su etapa de experimentación para volver a un sonido más grueso. Pero eso no justifica que lo hayan hecho sin originalidad, sin gancho y sin ninguno de los elementos que los auparon en su día.