Liquid Tension Experiment: repaso discográfico

Ante la llegada del décimo aniversario del lanzamiento del primer disco de Liquid Tension Experiment, el cuarteto prodigioso ha anunciado a través del siempre concurrido foro de MikePortnoy.com una serie de conciertos con motivo de esta significativa celebración. Dichos conciertos se celebrarán en Norteamérica durante el mes de junio, sumándose así a una primera fecha que ya anunciaron hace tiempo; pero está claro que difícilmente llegaremos a verlos por aquí. Con un poco de suerte, acaba cayendo un DVD de la gira…

Fuera como fuese, me ha parecido interesante dedicar un post a recordar la breve pero intensa discografía de esta super banda, tanto para sus seguidores más acérrimos, como para quienes ahora estén oyendo hablar de ellos por primera vez. Así pues, el primer paso necesario será contextualizar: en el año 1997, y debido a la fuerte presión por parte de una discográfica ansiosa de volver a tener entre sus manos un hit del calibre de Pull Me Under, Dream Theater publicaron Falling into Infinity, uno de sus discos más discutidos por sus forzosos coqueteos con el sonido mainstream.

Por aquel entonces, el teclista de la banda era Derek Sherinian, muy hábil con los dedos, pero incapaz de cubrir el vacío compositivo que Kevin Moore había dejado a su marcha. Eran sin duda los años más difíciles de una banda que necesitaba recuperarse a sí misma; y en ese momento llegó Magna Carta ofreciéndole al batería Mike Portnoy la creación de una super banda de rock instrumental con los miembros que él eligiera.

Ante tan sugerente propuesta, el neoyorquino no se andó con chiquitas, y optó por el semidiós del bajo Tony Levin para que aportara su dilatada experiencia con el espectacular Chapman Stick. Por otro lado, consiguió convencer al teclista Jordan Rudess para que se uniera a él, esta vez sí, tras haberse negado unos años antes a la oferta de unirse a Dream Theater.

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Sólo quedaba la guitarra, y para tomar tan importante instrumento, Portnoy pensó en el legendario Dimebag Darrell, elección que sin duda hubiera dado lugar a un sonido radicalmente diferente para Liquid Tension Experiment. Sin embargo, cuestiones legales impidieron el fichaje, y tras tantear a otros nombres de altura como Jim Matheos y Steve Morse, finalmente todo quedó en casa, pues el guitarrista elegido fue John Petrucci, eterno compañero de Portnoy en Dream Theater.

Con todo, el 10 de marzo del 1998 se lanzó al mercado el disco homónimo de la banda, escrito y grabado en una sola semana de encierro en el estudio. El resultado es una de las piezas de rock progresivo más perfeccionistas y complejas jamás creada, muy por encima del por aquel entonces último trabajo de Dream Theater. Paradigm Shift, el corte que da arranque a este soberbio despliegue de virtuosismo, es una impresionante tormenta de notas que difícilmente deja indiferente a nadie. Pero es que lo que viene después de él no le anda a la zaga, con joyas del calibre de Universal Mind o Freedom of Speech.

El gran acierto de la formación fue el de combinar la milimétrica precisión compositiva de Portnoy y Petrucci, con la pasión por la improvisación de Levin, todo ello aderezado con el talento sobrenautral de Rudess para crear verdaderos universos musicales con el teclado. El resultado final es un álbum que se sitúa a medio camino entre el metal progresivo que Dream Theater puso de moda, y el barroco art rock de King Crimson.

Ni que decir tiene que este Liquid Tension Experiment es imprescindible para todo aquel que haya mostrado una mínima atracción por las progresiones musicales en su vida, sin uno sólo defecto compositivo, y en el que sus cuatro componentes se combinan a la perfección en todo momento (cosa no muy habitual en el género, y máxime cuando hablamos de músicos de este talento).

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Fue tan bien la cosa, que el segundo y, hasta la fecha, último trabajo de este proyecto paralelo, no se hizo esperar demasiado. Liquid Tension Experiment 2 saldría a la luz en junio del 99, mostrando una mayor profusión en las jam sessions que tanto gustan a Tony Levin. Hasta la fecha, jamás he conseguido decidirme por cuál de los dos álbumes es el mejor, y creo que nunca llegaré a hacerlo, pues ambos encierran tamaña cantidad de virtudes y momentos deslumbrantes, que soy incapaz de decantarme por uno.

Este LTE2 se compone de canciones que merecen artículos enteros para sí solas, tan enormes, complejas y profundas como discos enteros. Mención aparte merece When the Water Breaks, canción que debe su nombre y esas voces de bebé a que, mientras el grupo estaba componiéndola, John Petrucci recibió la noticia de que su mujer había roto aguas. Precisamente durante la ausencia de éste para atender el nacimiento de su hija fue cuando se grabaron las sesiones de improvisación que verían a la luz el año pasado bajo el título Spontenous Combustion.

Aunque, por desgracia, nunca ha llegado a publicarse un tercer álbum por este supergrupo, principalmente debido a un conflicto con Magna Carta, su creación fue fundamental en el devenir de Dream Theater. Y es que después de ello, Portnoy y Petrucci consiguieron convencer a Rudess para que se uniera a ellos para conformar la que se ha convertido en la formación definitiva de la banda desde entonces, junto a James Labrie y John Myung. Una nueva época que arrancó con el lanzamiento, aquel mismo año 99 del inigualable Metropolis Pt. 2: Scenes from a Memory, y que ha seguido dando frutos valiosísimos desde entonces. Pero esa es otra historia, y será contada en otro momento.

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