Siempre me ha hecho mucha gracia leer lo que los periódicos locales publican al día siguiente de un concierto, con el plumilla de turno intentando llenar unas líneas que por obligación le ha encasquetado el jefe de sección, o el redactor jefe si son palabras mayores.

Casi me troncho con lo que el periódico líder en Gijón publicó el día 12 de agosto sobre la actuación de Lisa Ekdhal en la Plaza Mayor de Gijón. No tiene desperdicio y nos dice mucho sobre que casi todo lo que aparece en la prensa es para usar y tirar. Antaño se decía el periódico de hoy servirá para envolver el pescado al día siguiente. Tras el corte os reproduzco esta pieza ‘inmaculada’ que espero os haga tanta gracia como a mí.

La joven cantante de origen sueco, Lisa Ekdahl, encandilo ayer en la plaza Mayor a los presentes con una voz suave, aterciopelada, cual niña de tres años.
Acompañándola sobre el escenario, dos guitarristas, un percusionista y un pianista. Todos llevaban atuendos discretos blancos y negros pero Lisa, como estrella del concierto que era, apareció con un vestido rojo largo y ceñido y un sombrero que le daba un toque muy peculiar.
Daba la impresión de que las canciones estaban compuestas para los niños porque el tono agudo de la cantante unido con el ritmo suave de la música era similar a estar escuchando una nana. Es más, muchos pequeños se acurrucaron en los brazos de sus padres mientras éstos les mecían.
Después de varios temas sonó el conocido ‘It´s Oh So Quiet’ que hace tiempo se podía oír en un controvertido anuncio que no tuvo los mismos resultados ayer, siendo recibido con sonrisas y anhelos por parte de los espectadores, que fueron creciendo en número a medida que crecía el concierto.

Tremendo, ¿no? Pues sí. Bueno, la cantante sueca cumplió en julio 39 años y de su voz podemos decir que es frágil como el cristal. Y lo mismo se acerca a terrenos del jazz, donde comenzó a cantar en 1990 con el trío del pianista Peter Nordahl, a la bossa-nova que tan bien recrea en algún momento de Give Me That Slow Knowing Smile (Sony Music, 2009), o al indie folk más quebradizo de la mano del ‘It’ s Oh So Quiet’, de Björk, que comentaba Marisa Herrero en El Comercio.

Lisa Ekdahl, distante, pelín creída, o era una timidez absoluta que le mantuvo casi apartada de los músicos, parapetada delante del piano. Poco más de una hora de maravilla musical servida con pocos pero sólidos mimbres: melódica, Hammond, piano, bajo, trompeta, guitarra, metalófono o pandero, tocados por Mathias Blomdahl, Anders Josef Zakrisson y Tomas Hallonsten.

Todo ello lo remató tras ese himno ecologista titulado ‘One life’, que fue coreado por los chicos que tenía al lado, con ‘My Heart Belongs To Daddy’, que Marilyn hizo grande, y un bis inesperado con el regalo envenenado de ‘Night and Day’, otra pieza de Cole Porter, despojada de todo artificio. Genial la Ekdahl, la seguiremos a partir de ahora.

Sitio oficial | Lisa Ekdahl

Fotrografías | Víctor Rodríguez en Flickr

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