Lisabö — Ezlekuak

Lisabö, grupo irundarra que lleva ya casi una década en activo, son una obligación. Una parada necesaria para todos los que os declaráis amantes de las emociones intensas, del volumen. Y una necesidad para quienes fueron seguidores del sonido Dischord, del hardcore llevado a unos derroteros donde la velocidad primaba menos que el sentimiento, la furia, la rabia.

Lisabö han vuelto a hacer lo que consiguieron en su primer disco: maravillar con sus contrastes, poner en marcha la apisonadora sonora de la que están hechos y crear un vendaval guitarrero como no hay otro igual. El grupo de Irún es como un mar encrespado, pero que aún no hace necesario poner la bandera roja. Te permite entrar en sus aguas, pero lo que pase allí dentro ya es cosa tuya. Y si las guitarras van y vienen en oleadas de intensidad variable, no es de extrañar que en más de una ocasión el oyente acabe dado la vuelta.

Ezarian
, debut en el 2000, fue una de esas maravillosas anomalías que ocurren muy de vez en cuando. Nadie nos había avisado para su potencia, para su sensibilidad, para unas letras llenas de desencanto, pero muy trabajadas. Nadie nos había dicho que por aquí cerca España se podían hacer cosas así, aunque muchos otros lo habían intentado. Pero, como ocurre en Ezlekuak, sólo Lisabö llegan a semejantes cotas.

Si en aquel primer disco no estaban preparados para amar (Ez Nago Maitatzeko Prest, canción inmensa), ahora regresan para mostrarnos los no-lugares, los espacios a los que estamos llegando en este mundo de demasiada información. No somos capaces de comunicarnos, seguimos perdidos, abandonados en el remolino. Y Martxel Mariskal, responsable de las letras de Lisabö, nos lo recuerda todo con mano de poeta y precisión de cirujano.

Le acompaña una banda en estado de gracia, sonando como nunca y que, pese a que ya no pueda apelar a la sorpresa, sigue apabullando. Cuerdas en tensión incluso cuando optan por la lentitud (el cello de Sekulan Etxean Izan Ez, los dos hermosos minutos de Bi Minutu, quizás lo más cerca del pop dramático que puedan estar nunca Lisabö, el acercamiento al slowcore que es Mekearen Teoria) y la misma sensación que cuando caminas contra un viento huracanado cuando suben la potencia, con esas dos baterías machacándote a cada paso, haciendo que las canciones sufran, pero nunca se rompan.

Dos últimas cosas, además de la recomendación indispensable de que os hagáis con este disco. La primera, medio en broma: ellos han alcanzado el once al que sólo llegaron Spinal Tap. La segunda, bien en serio: en una entrevista concedida en 2002, afirmaron: “de aquí a 4 años nadie se acordará de ninguno de nosotros”. No sólo fallaron, sino que hoy en día están más presentes que nunca.

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