Lo peor de 2013: disgustillos, decepciones y descalabros

Lo hemos dicho por activa y por pasiva estos días: 2013 ha sido un buen, un muy buen año en lo musical. Mires al estilo que mires (del metal a la psicodelia) te salen un buen puñado de excelentes discos, como quedó demostrado en esa lista de mejores discos internacionales que tan bonica nos ha quedado, a pesar de que (sí, ya sabemos) dejó fuera a Deafheaven. Pero también ha habido cosas malas. Cosas horribles, monstruosas, demenciales, tóxicas o simplemente decepcionantes para lo que el artista en cuestión nos tiene acostumbrados. Y con lo entretenido que siempre resulta odiar no nos vamos a resistir a resumirlo aquí, así que bienvenidos a Lo Peor de 2013 según Hipersónica.

Grandes nombres que no estuvieron a la altura

Que nos hemos pasado la segunda mitad del año hablando de Arcade Fire es un hecho: para bien, para mal y para regular. Hemos tenido avances, críticas, contracríticas, conversaciones de barra de bar y todo lo que podáis imaginar. El otro día un lector en los comentarios decía que “lo mejor del 2013 ha sido Reflektor, y también lo peor”. Probablemente es así. Ese disco que prometía tanta revolución para acabar tirando la piedra y escondiendo la mano ha tenido en esta redacción furibundos detractores y ni un solo defensor que no llenara su argumento de peros, así que forzosamente tenía que encabezar este repaso: cuestión de expectativas y equilibrio. Lo mismo que la otra gran tabarra que hemos dado este año, la de Daft Punk, protagonistas absolutos por su parte del primer semestre de 2013. Incluir el single más radiado, quemado y reconocible de este 2013 no evita meter su Random Access Memories en la lista de decepciones.

Otras bandas de ésas que aparecen siempre con letras grandes en los carteles de los festivales han estado lejos de su mejor nivel este año: Arctic Monkeys han cortado una impecable racha ascendente para quedarse en la zona tibia, de Queens of the Stone Age cabía esperar bastante más que simplemente mejorar Era Vulgaris y nuestros adorados Low parecen lamentablemente estancados en una música de mesa camilla que no les hace ningún bien. Menos cabía esperar ya a estas alturas de unos Franz Ferdinand que apenas mantuvieron el interés durante un par de canciones o de unos Black Rebel Motorcycle Club que (ahora ya se puede decir) se han pegado un castañazo considerable y parecen ya perdidos para la causa. Y mencionemos también aquí, por aquello de la democracia y la artimética, a unos Sigur Rós que han estado entre lo mejor del año para la mitad de los editores y entre lo peor para la otra mitad. Abrazaovejas contra invadepolonias, la reconciliación imposible.

Otras decepciones y hypes que no colaron

Al margen de los grandes nombres, en la serie media también ha habido decepciones notables. Esben and the Witch quedaron muy lejos de su notable debut, lo mismo que The Joy Formidable, de quienes al final nadie se ha acordado en este final de año. Por su parte, The Black Angels han firmado el peor disco de su hasta ahora imprescindible carrera, Wavves han entregado un disco como podían haber entregado un phoskito, múm han aburrido a las ovejas y Savages han venido a servir de ejemplo de lo alarmantemente trillados que están ya los caminos del post-punk.

Eso en lo que respecta a quienes ya eran (más o menos) viejos conocidos. Porque como cada año la prensa de uno y otro lado ha intentado colocarnos los hypes de rigor y, como cada año, al separar el grano de la paja, el resultado es más bien escaso. Porque vamos a dejarlo claro: Hipersónica dice NO a Haim, nada de Haim, fuera Haim, al arrozal con Haim. Desde el sector oscuro al flower power, hay unanimidad en que el vacío absoluto con coartada cool de estas hermanas por aquí no pasa. Como tampoco habréis visto en ninguna lista de por aquí a Palma Violets, Disclosure, Rhye o Autre Ne Veut. Y en el mismo saco toca meter a los escoceses Chvrches, quienes, echando cuentas, han quedado aproximadamente en el puesto 238 de los mejores discos del año para esta web. Y sí, a quien le toca escribir estas líneas es el mismo que les dio un ocho en la crítica correspondiente. La fiesta de la democracia, ya sabéis.

Electrónica y metal: galería de horrores

Habréis notado probablemente la ausencia de unos habituales de otras listas como The Knife en la nuestra y es porque pocos apoyos más o menos decididos ha recibido en esta redacción el que (eso sí) es probablemente uno de los discos más arriesgados de este año. Por lo demás, y a la espera de que Ferraia y compañía entren en detalles en el habitual resumen electrónico del año, lo nuevo de Moderat tampoco ha despertado excesivas pasiones, igual que Toro y Moi, Fuck Buttons, Maps o Nosajj Thing, cuya estela se ha apagado mucho más rápido de lo que debería.

También hay, por supuesto, estopa para repartir en el mundo del metal y aledaños. Por ejemplo, la adoración que en esta casa se profesa por Black Sabbath no nos impide ver el desastre absoluto que ha supuesto 13 con ese Ozzy desafinando como si no hubiera un mañana. Otras vacas sagradas como Dream Theater también han patinado notablemente con un mamotreto imposible de digerir, la cuesta abajo sin frenos de Korn no parece tener fin y ni The Gathering ni Jesu han sabido enderezar el rumbo. Pero la mención especial en este apartado tiene que ser por méritos propios para el señor Trent Reznor, que aunque no ha sorprendido a nadie lanzando otro soberano coñazo con su ejercicio de terapia de pareja How To Destroy Angels, sí habia levantado unas ciertas expectativas en torno a la reactivación de Nine Inch Nails, aunque luego acabó por firmar otra decepción más (y ya van unas cuantas), como ya discutimos de sobra en la crítica que ha dejado más momentos gloriosos este año.

Lo peor de lo peor

Antes de entrar en nuestros terrores favoritos de 2013, hagamos una mención a la escena nacional, que ya tendrá su post propio en breve, pero merece también un comentario aquí. Nos alegra que otros medios estén hablando de una excelente cosecha; de hecho, nada nos gustaría más que poder compartir ese diagnóstico. Pero no es así. Con por supuesto algunas (y muy honrosas) excepciones, este año ha habido que irse muy abajo en la lista de puntuaciones para encontrar referencias publicadas en España. Y eso, lejos de ser plato de gusto, denota un estado de cosas que no nos gusta demasiado. Como tampoco lo que han lanzado este año Los Evangelistas, o Bunbury, o todo ese ejército de bandas clónico-vetustas (Miss Caffeina, Izal, Mucho y demás) a las que cada vez es más difícil distinguir entre sí.

Y ahora sí, cerramos el repaso con las menciones de deshonor, con los discos a evitar bajo cualquier circunstancia, como el de Ducktails (un desastre de puro cansinismo) o el de Andrew Stockdale (simplemente infumable, cuentan quienes han tenido el valor de escucharlo). Discos fantasma que intentan seguir estirando lo que si en su momento ya duró poco ahora hace ya tiempo que no existe (Yeah Yeah Yeahs, CSS) y discos zombis, de bandas muertas (quién sabe si conscientes de estarlo o no) que siguen arrastrándose entre nosotros, como The Strokes o Placebo. Desastres de otra época que ya no tienen quien les defienda (Beady Eye, Babyshambles) y despropósitos de la peor clase, los que sacan sin rubor bandas como Black Flag o Pixies a quienes su propio nombre debería pesarles algo más.

Pero en fin, lo dicho, que este año ha habido mucho y muy bueno. Olvidemos todo esto lo antes posible (después de partirnos la cara en los comentarios, si hace falta) y sigamos adelante. Si 2013 ha sido tan bueno, no hay motivo para pensar que 2014 no pueda llegar al menos a igualar el nivel.

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