Andamos estos días, entre comilona y comilona, recordando y seleccionando lo mejor del año que termina, que ha habido mucho y muy bueno, sean discos internacionales, canciones, videoclips o lo que se os ocurra. Pero todos sabemos que rajar es siempre más entretenido que alabar, así que un año más vamos a darnos el gustazo de recopilar también lo que menos nos ha gustado de 2014. Hablaremos en primer lugar de nombres que no estuvieron a la altura, de discos probablemente salvables (incluso hasta correctos) pero de los que cabía esperar mucho más viniendo de quien vienen, para atacar después sin compasión a lo malo sin paliativos, a lo peor de lo peor. El Sanedrín de Cuñados de Hipersónica se ha reunido en sesión extraordinaria esta semana y éstas son sus conclusiones.

No estuvieron a la altura

Si una decepción viene medida por el listón fijado por su autor y por sus antecedentes, no hay duda de que este repaso tiene que empezar por The Black Keys. De los autores del mejor disco de 2011 cabía esperar mucho y simplemente no han cumplido. Sabemos que muchos de los habituales no estáis de acuerdo, pero en Hipersónica nos dividimos entre los simplemente decepcionados con Turn Blue y los que hablan de fracaso total: en todo caso, el primer palo de este repaso tenía que ser para ellos.

También por ser quienes son duele (pero es inevitable) meter en este saco a Drive-By Truckers, que se han cascado un disco viejuno y artrítico como él solo o a ese spin-off familiar de los Tweedy: una cosa es hacer dad rock, Jeff, y otra que tu hijo lo haga. Decepción doble la de Mark Lanegan, que ha entregado este año dos trabajos a cual más soporífero, decepción la de unos Tindersticks lejos de su mejor nivel, decepción la de ver a Eels lanzando discos cada vez menos cuidados y más engordados con temas de relleno y decepción la de escuchar a unos The New Pornographers incapaces de sonar como una banda de verdad y de recuperar la inspiración que les hacía firmar aquellas canciones maravillosas.

No nos convencieron I Break Horses después de una larga espera, ni tampoco Damon Albarn, con un disco que nos causa un poco de perplejidad ver ahora en tantas listas después de un cierto ninguneo a lo largo del año. Tampoco brillaron en exceso bandas como The Fresh & Onlys, Allah-Las, The Growlers o Real Estate, con las que, opina el lobby indie-pop-psicodélico de Hipersónica (aquí hay lobbies para todo, chatos), cabía ser más exigente. Y que no falten los clásicos: palitos también para un par de bandas que se alejan del metal como Alcest y Sólstafir. Aquí hay para todos, incluso para géneros enteros: amigos del post-rock (con Mono como mejor ejemplo de 2014): tenéis que hacer algo. Lo que hacéis está muy bien y es muy bonito y tal, pero quizá hay que empezar a avanzar y aportar algo en vez de seguir dando vueltas a lo mismo una y otra vez como si todos los años fuesen 2001. Ah, y primer aviso a Mogwai, que sólo se han salvado de entrar en esta lista por ‘Remurdered’: a la próxima, a la hoguera también.

No habrá paz para los malvados

Pasamos de puntillas por el limbo de bandas grises como Interpol o Black Lips que ya no entran en la categoría de decepción porque ya no esperamos nada de ellas y entramos directamente en los infiernos de 2014. Allí gobiernan con mano de hierro U2, ese grupo de señores ahora reducidos a campaña de spam y cantante atrapado en su propio sketch de Muchachada Nui. A su derecha, ay, se sienta (esperemos que de manera provisional) un Bruce Springsteen que se podía haber ahorrado perfectamente esa colección de descartes lanzada como disco. A estas horas Tom Morello todavía se está preguntando quién le ha llamado y qué tiene que hacer exactamente ahí. Y qué decir de lo de Eli Paperboy Reed, fichando por una multi para ser el nuevo Michael Bublé e intentar salir en el especial de Nochevieja de La 1. Nights Like This es una cosa bastante sonrojante, pero no seremos nosotros quienes nos interpongamos entre Eli y Juan Y Medio: cada uno en su casa hace lo que quiere.

Cuentan los valientes que se han atrevido a escucharlo que mal lo de John Frusciante, horrible lo de Slash y escalofriantes los regresos de Bush y Seether. Lo de Primus tampoco tiene perdón y, si entramos en el capítulo dinosaurios, lo de Judas Priest y The Who ya se califica por sí solo. Éste sería también el párrafo adecuado para meternos con otro chanante como Mike Oldfield, pero no sabemos si atrevernos porque (y ésta ha sido otra de las grandes revelaciones de 2014): hay fans de Mike Oldfield ahí fuera, amigos. Están vivos (creeemos). Y se enfadan mucho si le pones mala nota a un disco de su ídolo. Para que luego digan que en la Constitución no cabemos todos.

En el apartado pop, hay que hablar de batacazos sonados de Christopher Owens, Blonde Redhead o Metronomy , del miedito que dan los adelantos de lo nuevo de Belle and Sebastian y, en el capítulo de hypes del año, nuestra mención de honor “Al Arrozal 2014” es, ya lo habréis adivinado, para nuestra querida FKA Twigs. Y en el capítulo nacional, toca bofetada para Los Punsetes y probablemente habría que decir algo de Los Enemigos, pero no decir nada es probablemente lo mejor y lo más respetuoso, así que vamos a dejarlo así.

¿Y qué pasa con Anathema? Mejor no saquemos el tema, que vuelan los cuchillos en la redacción entre quienes hablan decepción y quienes por ellos ma-tan. Ni tampoco el de Pink Floyd, origen de interminables discusiones-bucle sobre si puede ser decepción algo de lo que nadie en su sano juicio esperaría nada. La crítica musical ya se ha convertido este año en el enésimo Sálvame nacional: no querréis que os contemos también nuestras peleítas internas.

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