Lo peor de 2015: patinazos, decepciones y descalabros

Odiar es sano, es divertido y es necesario. A uno se le conoce tanto por lo que adora como por lo que odia y en Hipersónica intentamos odiar siempre un poquito cada día. Mientras recopilamos todo lo bueno que ha habido en este 2015 (que ha sido mucho y muy variado, recordad nuestra lista de Mejores Discos Internacionales y la de Nacionales) llega ahora el turno del saludable ejercicio de recopilar lo peor del año, desde los grupos que se han mantenido en la zona correcta-meh pero de los que cabía esperar mucho más hasta los que han entregado cosas realmente tóxicas. En fin, que ya sabéis cómo va esto, así que vamos al tema.

Los que tenían que haber dado más

Beach House

No es para mandarlos a la hoguera (todavía), pero cabía esperar, por ejemplo, bastante más del regreso de HEALTH después de seis años o, en el extremo opuesto, de Sun Kil Moon tan poco tiempo después de lanzar un álbum estupendo. Universal Themes ha sido uno de los ladrillacos del año y nos ha dejado sin excusas esta vez para defender al bocazas de Mark Kozelek. Bastante petardo ha sido tambien lo nuevo de Godspeed You! Black Emperor o, lo que es más grave, la nueva entrega de Django Django, un grupo al que (con los precedentes que tenía) se le exigía un disco divertido sí o sí y sólo lo logró a medias.

Tampoco ha sido un desastre lo nuevo de Mikal Cronin, pero teniendo en cuenta lo muchísimo que se le quiere en esta casa, este regreso a medio gas ha sabido a bastante poco. A base de retozar en su zona de confort, cada vez nos pasa más desapercibido todo lo que firma Mac DeMarco y, si hablamos de zona de confort, toca mencionar dos grandes nombres que salvaron los muebles en su momento porque editores piadosos se encargaron de sus reseñas pero ahora el yugo de la redacción en su conjunto dicta sentencia sobre ellos. El primero es, claro, el de Wilco, un grupo tan increíblemente vago hoy en día que ya llega al punto de lanzar discos por sorpresa para no tener que hacer ni promoción. Y el segundo es, lamentablemente, el de Beach House, que siguen siendo capaces de lograr momentos deslumbrantes y de mantener ese halo de elegancia en todo lo que entregan, pero parecen irremediablemente estancados en una propuesta que no da más de sí. Si con un disco ya daban sensación de dar vueltas a lo mismo, lanzar un segundo (e idéntico) pocas semanas más tarde sólo logró redundar en esa idea. Low, ya sabéis, están en esta categoría por defecto desde hace tiempo, así que podéis considerarlos incluidos aquí a perpetuidad.

A medias se quedaron también el regreso de Blur, el asalto a los cielos del mainstream de Twin Shadow. El metal nos deja mehs del calibre de Djevel y Drudkh, a unos Moonspell que no salen del bache y a unos Sunn O))) que sacan discos con temas que si no son repetidos, a veces lo parecen. Ah, y la broma de Ghost, que igual se nos está yendo de las manos.

Los que de ninguna manera

Tame Impala

Y más allá de las decepciones más o menos relativas, los desastres completos, los grupos a los que decimos que por aquí no pasan y ya está. Vamos a decirlo muy rápidamente para ir sacándonoslo de encima: por supuesto que Muse y Tame Impala están aquí y las razones ya las hemos explicado muchas veces, así que no hace falta repetirlas. También entran en el saco de lo previsible en este post unos Coldplay que han trabajado duro para ser la banda más aburrida del universo hasta que lo han conseguido. Enhorabuena, Chris: ya es oficialmente imposible que seáis un grupo menos interesante.

Luego hay gente que duele más que entregue las cosas que entrega. Como My Morning Jacket, a los que parece que ya hay que dar por perdidos para siempre, o Mercury Rev, que han hecho un disco que cuesta creer que haya llegado a existir y nadie haya logrado parar a tiempo. Y qué decir de Belle & Sebastian, que en un momento determinado decidieron que iban a hacer “su disco petardo”, pero a los cinco minutos se aburrieron y dijeron que ya si tal otro día, o de Nudozurdo, a quienes lo de las maquinitas tampoco les ha sentado nada bien. Y en fin, la cosa aquella de Bob Dylan haciendo versiones de Sinatra queremos pensar que fue una broma. O mejor, que nunca existió. Porque vaya tela. Como lo de David GilmourAquello.

El mainstream ha parido espantos como ‘FourFiveSeconds’ (sólo McCartney podía conseguir convertir a Rihanna en una triste) o ese Rebel Heart que nos deja a una Madonna más irrelevante de lo que nunca llegamos a imaginar, mientras la casta metalera que hoy en día representan bandas como Helloween, Fear Factory o Symphony X no ha dado tregua y ha seguido publicando álbumes ante la pasividad de las autoridades. Dejemos constancia de lo de Bon Jovi, que al menos sirvió para que Cronopio escribiera aquella crítica y démosle, en fin, un merecido aplauso a Gary Clark Jr. por ostentar el récord de la peor nota del año. Ah, e Hipersónica dice también por aclamación (y de nuevo, en contra de lo que afirma Dr. Chou) que al arrozal con Natalie Prass, esa mujer que redondeó su tan aclamado álbum grabado en el País Feliz de la Casa de Gominola de la Calle de la Piruleta publicando una versión de Slayer que podría entrar en la banda sonora de Frozen. Ni olvido ni perdón, Natalia, ni olvido ni perdón.

Y bueno, a nadie sorprenderá que, como blanquitos acomplejados, no hayamos entendido nada (pero na-da) de lo de PXXR GVNG, pero ésa es una historia en la que da hasta pereza meterse. Otro día a lo mejor.

En fin, que vamos a volver a escuchar todos los buenos discos de este año y a olvidar todos éstos. Os sugerimos que hagáis lo mismo. Felices fiestas.

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