Lori Meyers la cagaron bien con Cuando el destino nos alcance. La cagaron tanto con ese rollo hortera, con esos sintes machacones, previsibles y cursis, que fueron apartados al rincón de pensar de forma indefinida. Mientras se encontraban en el rincón, vieron que lo que a muchos nos pareció una puñalada directa al corazón; a la mayoría, sin embargo, los convenció hasta el punto de que lo petaron cosa fina. Hubo unos Lori Meyers antes de Cuando el destino nos alcance (eran un grupo modesto, de cierta fama, y promesas de relevo generacional granadino) y otros después (un grupo simplón de tremendo éxito comercial, y que abarrotaba salas y aumentaba el tamaño de la fuente en los carteles de festivales). Cuando una banda de espíritu alternativo se encuentra con éxito y trascendencia tras un cambio estilístico, nada hace pensar que vayan a cambiar de rollo. Es por eso que Impronta, su nuevo álbum, daba una pereza monstruosa.

Reuniendo el valor de afrontar Impronta

Bueno, entonces… ¿y si lo escuchamos?. Quiero decir, vale, sí, que seguro que no hay nada que rascar, y ponemos pies en polvorosa a los tres minutos, pero… ¿y si lo escuchamos? Venga, con un par de narices. Nos ponemos. Bueno, la primera está bien, mira tú, esas guitarras, parece que han vuelto a recordar que tenían guitarras, pero ya verás, tú, ya verás. Ah, mira, la segunda tampoco está mal. ¡Horror!, empezamos a temer que Impronta, en realidad, sea un buen disco, aunque intentemos ponernos duros y estupendos, y sigamos en actitud de “ya verás tú como éstos la cagan, antes o después”.

https://www.youtube.com/embed/om2HX-Y8gHA

Pero lo cierto es que no. Sin ser un disco sobresaliente (ni siquiera especialmente notable), Impronta recupera muchas de las cosas que Lori Meyers voluntariamente habían dejado por el camino. De hecho, si bien no está cercano a esa vibrante frescura de sus comienzos, uno llega a pensar que el disco anterior era premeditadamente horterilla y facilón. La búsqueda de un éxito que por el camino marcado en un principio no acababa de llegar de forma masiva (aunque siempre han contado con buenos padrinos y aceptación numerosa). No se entiende de otra forma, teniendo en cuenta cómo un sólo corte, ‘Planilandia’, puede borrar de un plumazo el aroma a tufo ochentero que los había impregnado, creíamos, para siempre. Lori Meyers da un paso atrás. Un sapientísimo paso atrás.

https://www.youtube.com/embed/tVw-nlrMIuo

Más amable sigue el disco de la mano de ‘El tiempo pasará’, ahora sí, definitivamente, una vuelta a Cronolánea, donde Noni y compañía se encontraron como pez en el agua. ¿Hay sintes en ‘El tiempo pasará’?, sí, sí los hay. Aquí y en varios otros momentos de Impronta, pero su protagonismo es bastante más secundario. No molesta, agrada, como en esta canción, pop de los setenta sin más. Del que gusta. Quizás no trascienda por los siglos de los siglos, pero engancha ese “una y otra vez”.

Impronta devuelve Lori Meyers a Lori Meyers

Como a medio camino de las dos canciones previas, nace ‘Huracán’, de nuevo con sensación a décadas sesenta y setenta, pero de sabor mucho más contundente que ‘El tiempo pasará’. Guitarras y batería de nuevo lustrosas, como queriendo salir del cuarto en el que habían estado castigadas, con ilusión y motivación renovadas. Lori Meyers hace ruído. De nuevo. Gracias a quien corresponda. Más anodina e insípida resulta la escucha del tema que da nombre al disco, pero incluso tras ese bajón, llega ‘Emborracharme’, tema rompepistas, destinado inequívocamente a ser himno desde que sale del estudio, incluso con esa letra facilona (o sobre todo gracias a ella). A estas alturas, ya hemos aceptado que nos vuelven a gustar los chicos éstos. Con todo lo que de ellos habíamos rajado.

https://www.youtube.com/embed/Ie7y2C3Slf4

Claro que queda un problema. Hasta aquí van cinco temas. Un Ep, vaya. E Impronta es un Lp. Un Lp cuya segunda mitad suena algo monocorde, con menos sorpresas, menos puñetazos sobre la mesa. Apenas en un par de ocasiones consigue Lori Meyers hacernos arquear la ceja en esos temas finales. Por eso uno, aunque se sacude el mal cuerpo que le había quedado con su disco anterior, sigue pensando que los tiempos pasados siguen pareciendo mejores. Como un boxeador que estaba a punto de perder por K.O. pero se levanta justo antes de que el árbitro marque el diez. Se levanta, sigue el combate, pero persiste algo aturdido.

‘Deshielo’ es ñoña de narices, ‘Una señal’ tiene escucha agradable, pero recuerda demasiados errores del pasado “siento que el destino me alcanzó, es un giro natural”. Tema decente, pero escalofrío que nos recorre la espalda. Y la sensación de intrascendendia no cede hasta que Impronta cierra la puerta con una más que aceptable ‘Despedirse’, un corte acústico con voz y guitarra, libre de artificios. Claro que antes se han pasado por nuestro oídos demasiados temas menores como para que se mantenga nuestra férrea defensa de lo recomendable que es Impronta. O sea, que lo sigue siendo, pero algo falla al final. Quién sabe, quizás una mera alternancia en el orden de los temas hubiese dejado mejor sabor de boca. En todo caso, Lori Meyers se han ganado, y quién lo diría hace unos meses, el derecho a que nos escuchemos su siguiente disco.

6.01/10

Subscribe
Notify of
guest

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments