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Los Claveles — Ojos

Dos años después las canciones de Los Claveles han ganado en nostalgia y gancho: hacía mucho tiempo que no pasaba toda una tarde dentro de un sólo tema. Me sucedió con ‘Estación sur de autobuses’, sobre la que apenas pudimos articular palabras hace un par de días. Esta es nuestra redención: cantar estribillos de los que apenas intuimos su significado es un talento al alcance de muy pocos compositores Pop en España. Todo lo que podíamos intuir en ‘Estafas’ y ‘La ruta destroy’ se condensa, se sublima, estalla por los aires, se eleva a la estratosfera, en los veinte segundos (1:52–2:12) en los que la humanidad canta al unísono “Es entonces cuando caigo en la cuenta / De que estoy llegando al final de algo, al final de algo, al final de algooooooooo”, donde “algo” es una X a despejar en la imaginación. Es perfecto.

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Ojos (2014, Gramaciones Grabofónicas, Sonido Muchacho), el brevísimo EP con el que Los Claveles se dan continuidad a sí mismos tras turbulencias varias desde la publicación de Mesetario (2012, Gramaciones Grabofónicas), se desliza como la seda entre los dedos hasta ‘En un país de contrastes’. Allí choca contra una canción no demasiado inspirada, al menos en comparación con sus tres predecesoras, y se deja la perfección por el camino. Da igual, Los Claveles nunca han sido perfectos: Mesetario era un disco con canciones muy buenas y otras que cumplían bien su papel de transición. Ojos es, al margen de esto, tres canciones fabulosísimas porque ‘Ylayali’ y ‘Ojos’ rozan el sobresaliente cuando no lo sobrepasan con holgura. Y lo hacen, además, desde patrones sonoros que distan mucho entre sí.

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Desde el pulso The Feelies hasta la balada Country destartalada que se toma muy poco en serio a sí misma, vía Pavement. En ‘Ylayali’ los ritmos enervados de los primeros se cuelan por cada poro. Habrá tenido algo que ver la incorporación de dos miembros de Juventud Juché a la banda, en esencia Marcos Rojas. Ahora Los Claveles suenan más Punk. También más Twee. La mezcla queda lejos de ser esquizofrénica y sale redonda en ‘Estación sur de autobuses’.

¿Qué sucede cuando la hipervitaminada fórmula de ‘Ylayali’ para de repente, frena el mundo, decide rendirse y bajarse de un tren que no se ve capaz de parar a tiempo? Ojos que ven, ojos que sienten: el alegato común, gris, banal y por todo ello terriblemente doloroso. Sorpresa: Los Claveles saben cómo salir de sus propios esquemas y seguir siendo igual de buenos. ‘Ojos’ es una canción fabulosa, agria y sucia, real como la vida misma. Leed si aún no me creéis:

Tumbado en la cama oigo el teléfono sonar
Y aunque sé que me destruye
Siempre quiero más
Una mancha blanca en una sábana
Un reflejo de lo que pudo ser
Cuando me enciendo paseo por su calle
y parece que ando sobre ruinas vaya un cinismo<
Un cinismo detestable, que no dejo de sentir
Un cinismo que se lleva<
Una parte de mí

8/10

Dame un poco más de aquella vieja, dolorosa, hermosa nostalgia, de aquellas canciones para ser feliz siendo triste, de estos claveles que cantan a ratos marchitos y a ratos centelleantes pero que lo hacen siempre bien. Siempre. Siempre quiero más. Y cuanto antes, por favor.

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