Querido lector, que el titular de este artículo, sacado a raíz de una serie de sucesos y comentarios vistos en diversas redes sociales, no le lleve a engaño porque no va dirigido directamente a su persona. O igual sí si usted se identifica o se asocia a ese colectivo que le cuesta contemplar más allá de su ombligo, que le hace falta un Galileo en la vida para decirle que el universo no gira alrededor de su persona y cuyo enorme egocentrismo le lleva a la descabellada idea de que los festivales deben actuar única y exclusivamente teniendo sus preferencias como referente.

Si usted, querido lector, es capaz de entender y comprender que un festival de música a veces no tiene tanta libertad como podemos llegar a creer, entonces respire tranquilo que este artículo no está dedicado a usted. Si por el contrario cree que un festival es una hez, por no decir algo peor, sólo por no estar perfectamente ajustado a su inquebrantable y seguro que válido criterio, entonces perdóneme pero soy incapaz de entender su manera de pensar. No me comprenda mal, sé perfectamente que un festival se debe a su público que, al fin y al cabo, es que ayuda a que este pueda seguir funcionando, pero no se puede estructurar alrededor de su enorme ego, sino que debe actuar pensando en un colectivo de personas que puedan estar interesadas en el evento y, además, conseguir la mejor manera para que sea rentable y no tener que hipotecar hasta la camisa.

El caso del Be Prog! y otras comparaciones irracionales

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Y supongo que os estaréis preguntando el porqué de esta soltada de bilis tan gratuita a estas horas del día. En realidad no ha sido un hecho aislado el que me ha llevado a lanzarme a la redacción de esta artículo, sino diversos comentarios vistos por Twitter o en perfiles de Facebook de festivales con quejas que parecen casi de 1º de primaria. Supongo que la gota que colmó el vaso fue este comentario en el muro del festival Be Prog! My Friend (no, estos no me han mandado ningún jamón para que me ponga a defenderlos si es lo que estáis pensando), que tras conseguir vender una primera tanda de entradas a 50€ alguno vino con la queja de que la gente del festival se habían subido a la parra y lo comparó con una entrada de día del Primavera Sound, argumentando que podía ver mayor cantidad de grupos y con más caché por unos pocos euros más. Si dicha persona llega a leer este artículo espero que no vea la siguiente comparación entre ambos festivales como un insulto a su inteligencia porque no lo es, sólo una demostración de hechos:

* El Be Prog! My Friend es un festival que hace menos de medio mes que ha celebrado su primera edición trayendo al Poble Espanyol grupos de la calidad de Opeth, Anathema o Pain of Salvation entre otros en un mismo día por el precio de 75€ en el caso de que pilles los abonos más caros en taquilla (60 euros si pillabas entrada anticipada), mientras que los precios individuales de los dos primeros grupos en sus actuales giras son de 35, 24 euros respectivamente. Tras una primera edición en la que ha habido pérdidas (como suele pasarle a los festivales noveles), anunciaron una tirada de doscientas entradas a precio reducido de 50 euros con el aliciente de tener confirmados ya a gente como Ihsahn y Riverside (que además no son los cabezas de cartel, ojo ahí) para completar un cartel lleno de grupos afines al público que suele escuchar Rock Progresivo y aledaños. Además, una vez agotados la siguiente tirada de entradas subió sólo hasta los 55 euros.

* El Primavera Sound es un festival que el próximo año cumplirá su decimoquinta edición, siendo además uno de los festivales con más tirón internacional que tenemos en nuestro país. Además de los tres días más fuertes del festival que suelen ser jueves, viernes y sábado, con el abono más caro (unos 195 por cabeza o 250 si quieres abono VIP) te permiten acceder no sólo a esos tres días, sino que puedes asistir a muchos más conciertos empezando desde el martes hasta el domingo de esa misma semana. Al cabo de una jornada se pueden disfrutar de una gran cantidad de grupos y artistas de diversos géneros, ya sea Indie, Pop, Electrónica, Metal, Punk, Folk o música étnica, en varios escenarios distribuidos por el Parc del Forum, siendo los cabezas de cartel de la última edición gente de la talla de Arcade Fire, Queens of the Stone Age, Pixies o Nine Inch Nails. Al poco de terminar la edición de 2014 pusieron a la venta 1000 abonos a precio de 99 euros que se acabaron enseguida, y al día siguiente se podían adquirir a 115 euros sin limitación de número de abonos. Y todo ello sin confirmar ni un solo artista (al menos de manera oficial, que ya os veo venir con lo de Shellac).

Si no te gusta, sencillamente no vayas

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Por supuesto, otras quejas que no termino de comprender son las relativas a estas ofertas de abonos a precio reducido, habiendo quien considera estas ofertas una injusticia por la tremenda antelación con la que son lanzadas, estando muchos sin tener claro si asistirán o no al festival por cuestiones de vacaciones o monetarias. Básicamente, les molesta tener que pagar más por tener que esperar hasta tener claro si tendrán la posibilidad de asistir. En cierto modo es comprensible, pero tengamos en cuenta dos cosas: primero, nadie te pone una pistola en la sien para que las compres. Es decisión tuya si quieres pasar por el aro de las entradas baratas o no. Puede que tú aún estés con la incertidumbre de si vas a poder estar disponible esas fechas para desplazarte hasta ese festival, pero de igual manera habrá mucha gente ya convencida de poder estar allí esos días y justo para esa gente es a la que está dirigida estas ofertas. Un sencillo caso de oferta/demanda. Segundo, es una manera rápida y muchas veces efectiva, si el evento tiene una buena base de fans, para que el festival consiga dinero para sufragar posibles pérdidas de la edición anterior o para poder ir empezando a afrontar los gastos de la siguiente, como reserva del lugar, contratacion de grupos, etc.

Luego llega cuando nos intentamos comparar con los de fuera. Porque sí, porque parece que decir que el cartel del Hellfest se come con patatas al del Resurrection Fest puede parecer un argumento válido, a pesar de que la cultura de conciertos o el margen de maniobra de los festivales por el IVA y otras demandas monetarias sean distintas. Dejando a un lado las odiosas comparaciones, aún queda de esa fauna que lloriquea porque no le traen todos los grupos que le encantan o porque los cabezas de cartel no se ajustan a sus estándares inquebrantables, por lo que automáticamente el cartel es una mierda. Desgraciadamente, Florentino Pérez aún no se decide a tirarse a la piscina e invertir en un festival de música, por lo que tenemos que asumir que no todos los festivales mueven cantidades astronómicas de dinero para traer a todos los que le vengan en gana. Al menos si tienen intención de no perder dinero, porque recordemos que no son ongs.

Si tanto te molesta que el Viña Rock presente cada año un cartel casi idéntico al anterior, la solución es bien sencilla: no vayas porque parece bastante claro que no eres su público objetivo. Ir a un festival cuesta un dinero nada desdeñable y si ninguno se ajusta a tus elevados niveles de exigencia, querido ególatra, entonces no te lo gastes porque lo mismo estás tirando una ingente cantidad de pasta por el sumidero que podrías emplear mejor en otras cosas. Te puede no gustar los grupos que van a un festival, no te estoy diciendo que cambies tu mentalidad porque creeme que a mí tampoco me convencen muchos festivales, pero por lo menos ten un poco de clase y respeto hacia los demás y no vayas a los muros de Facebook de dichos festivales para escribir “Vaya puta mierda de cartel”. Si quieres comentar con tus colegas lo poco que te gusta que grupos como Love of Lesbian o Leon Benavente estén en prácticamente todos los festivales del país, lo raro que es que gente como Amaral o Raphael se cuelen en los mismos o que el cartel del FIB no ha terminado de colmar tus expectativas está bien, pero lo dicho, ten un poco de clase y no se lo digas a la cara, porque es casi el equivalente de que vayan a tu perfil y te digan que el trabajo que haces es un truño.

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