Los Ginkas son mi gran descubrimiento nacional de lo que llevamos de año, cosa que parece que no comparto con demasiada gente si nos atenemos a las aproximadamente 40 personas que estaríamos en su primer concierto en Bilbao. Uno de los miembros de la banda me contaba que el día anterior habían llenado en Madrid.

Respecto a este tema me gustaría contaros un par de cosas que me cabrean. La primera de ellas es la poca aceptación que tienen las bandas indies en esta ciudad, quitando nombres consagrados como Nacho Vegas o Los Planetas, la mayoría de las veces la sala está vacía. Parece que por aquí lo único que triunfa es el rock y el metal y al final a los promotores no les va a quedar más remedio que ir a lo seguro y no apostar con este tipo de propuestas. Otra cosa que no entiendo es como en la propia web de la sala o en el periódico de mayor tirada sólo se anunciaba el concierto de Santiago Delgado y Los Runaway Lovers, haciendo que hasta el último momento dudara de si Los Ginkas habían cancelado y en caso de que no, quien teloneaba a quien.

Finalmente me enteré por el Facebook de la banda pamplonesa que su concierto en Bilbao seguía en píe y al llegar a la sala comprobé que efectivamente ellos eran la banda principal esa noche, como tenía que ser. Aunque pensándolo bien, de haber sido ellos los teloneros no tendría que haber pasado la vergüenza ajena que sentí con los locales Santiago Delgado y Los Runaway Lovers.

Pensaba que su rollo era el rockabilly y me encontré con un trío demasiado amateur como para subirse a un escenario y con letras del tipo “Juan de Pablos lo misma pincha a Elvis que te pone a Marisol” o “ya no llevo ni uso gafas, gafas de sol, pues mi vista la protege un tupido flequillón” más cercanas a La Trinca (aunque con menos ingenio) que a cualquier otra banda de rock. Al menos les agradezco que a partir de ahora tenga muy claro cuál ha sido el peor concierto de toda mi vida.

De Los Ginkas conocía Retumbarama, el vinilo que más ha sonado en mi casa este 2011, y poco más. Tiene su gracia poner cara a un banda que has escuchado un montón de veces y que no sabes ni cuantos son. Me encontré con cuatro tíos y dos chicas al frente vestidas iguales (Las Kasettes) todos ellos de lo más normales. Aunque también es cierto que las reducidas dimensiones del escenario del Azkena no permiten montar mucho espectáculo, la proyección de sus vídeos hechos con recortes de imágenes hubiera quedado genial.

La gran incógnita era descubrir si serían capaces de transmitir toda la energía que desprende su disco porque de ser así podían montar una gran fiesta. Efectivamente lo consiguen y en directo resultan divertidísimos. Me recuerdan mucho a Undershackers y a TCR, bandas que echo mucho de menos, y sinceramente, no sé a que están esperando todos nuestros festivales de verano para incluirlos en sus carteles.

En su setlist caen los catorce temas del disco, incluidas sus versiones de Antonio y Carmén y The Pantano Boas, más alguno de sus grabaciones anteriores con Birra y Perdiz: Somos mayoría… ¿y qué? y Ongi Ibili Pop​-​abilly.

Estribillos acelerados y pegajosos, surf, serie B y muy buen rollo. Una vuelta a esa adolescencia inocente en la que nuestra única preocupación era pasarlo bien rodeados de litros y litros de cerveza y kalimotxo. Cuando, fijate por donde, pensábamos que el ginkás era una bebida de mayores. No os los perdáis si tenéis la oportunidad, esto si que es una fiesta y no lo de La Bien Querida.