20. Daniel Avery — Drone Logic

No se trata de un álbum típico, a pesar de que no inventa nada nuevo, incluye ciertos recursos que le quitan de la auto complacencia. En muchos casos es muy efectista por recurrir a terrenos casi siempre adictivos, pero las elocuentes variaciones que tiene en prácticamente cada uno de los temas lo hacen manifiestamente divertido.

19. Forest Swords — Engravings

En Engravings, aparte del ambient dub y la psicodelia dominante, ganan peso el downtempo y un dubstep que avanza lento para digerir tranquilamente los paisajes minimalistas de Barnes. Frente a loops que apuntan al espacio o a la pista de baile, aquí tenemos bucles de piano, percusiones y arreglos que se diluyen en el firmamento sin excesiva duración. Un álbum evocador que se encuentra en la frontera de la electrónica, la psicodelia y los instrumentos clasicistas.

18. Balago — Darder

Darder representa un cambio en la configuración musical de Balago, que siempre han estado en el terreno del ambient, pero con alguna influencia del post-rock, mimetizando rasgos de este. Con este nuevo material, han utilizado su cacharrería electrónica para elaborar su disco más cósmico y volátil, ganando en épica de dark ambient y generando diferentes paisajes de los que nos tenían acostumbrados. Enfrentarse a Darder es inmiscuirse en un viaje interestelar, repleto de sofisticación y llanuras de tensión.

17. µ-Ziq — Chewed Corners

Inevitablemente por su época de formación como compositor y productor de música electrónica, el regreso de µ-Ziq sigue teniendo un marcado toque noventero, sin haberse dejado influenciar por territorios más actuales como Squarepusher. De hecho, este LP es una paseo por su más ‘novedosa etapa’, lo que incluye el anterior álbum y su flamante nuevo EP XTEP, con el que no sólo comparte concepción sino también portada, en la que de alguna forma se plasman visualmente las sensaciones resultantes al escuchar esta versión más accesible de Paradinas.

16. Pina — HUM

Con Hum tenemos un disco bien milimetrado, muy cerebral; su experimentación más ambiciosa y con mejor resultado. Llega a un equilibrio que le aleja lo suficiente de los patrones industriales como para acercarse al ambient, al glitch y a otros territorios (IDM o techno), sin que quede saturado; esa dosificación ha sido clave. Estas características convierten a Hum en uno de los más interesantes, completos y fascinantes álbumes de electrónica que escucharás este año en nuestro país. La dominación de las máquinas.

15. Dj Koze — Amygdala

Amygdala es uno de esos álbumes que escuchar tranquilamente, para degustar las diversas texturas que ofrece siempre desde una misma perspectiva: un house movidito, sin excesivas curvas bruscas, pero con melodías muy coloridas, cercanas al último trabajo de Matthew Dear. Y además no es casual, de hecho colabora con él y otros productores de primer nivel.

14. Roly Porter — Life Cycle Of A Massive Star

Dark ambient apabullante, que a lo largo del disco se desarrolla de menos a más, dejando a su paso paisajes post-apocalípticos que transmiten frío, soledad y por momentos, esa sensación de estar dentro de algo infinito y desconocido como lo es el universo. También hay épica, justo en el ecuador de este magnánimo ataque de ambient opresor que te acorrala y verdaderamente te expulsa de la habitación, llevándote fuera de órbita para que contemples el majestuoso paisaje espacial.

13. Ukkonen — Tone Ancient Tonalities Of…

Si algo caracteriza a la electrónica de Ukkonen es su talento, su tranquilidad para interpretar el tempo, para no jugar excesivamente con las ambientaciones, pero lo suficiente como para darles la forma que hace que te des cuenta de que detrás de él hay una promesa o un diamante en bruto. Hablar de Squarepusher o Aphex Twin en el disco del finlandés no es algo gratuito, obvio que está lejos del nivel que estos han alcanzado, pero recuerda de forma muy fidedigna a dichos maestros.

12. bRUNA — Thence

bRUNA no sólo ha confeccionado un disco más sólido y que se escucha más fácilmente de una tirada, sino que a pesar de que las raíces son las mismas, ha añadido pequeñas innovaciones que amplían su paleta sonora lo suficiente como para marcar la diferencia entre uno y otro disco. No hay grandes cambios, pero estos son suficientes para escuchar una producción más que sensiblemente superior a su debut. Hay tonteos con el acid y con sonidos techno añejos. Una auténtica gozada.

11. Factory Floor — Factory Floor

Han complementado las secuencias de sus cajas de ritmos con nuevos efectos y arreglos vocales que se perciben en el fondo de los temas, y que ayudan a avanzar más allá de un synth pop marcado y facilón. Concebir un álbum con más poso y llevarlo a la práctica ha sido la elección correcta, pues es difícil quedar indiferente ante la propuesta quemapistas del conjunto londinense. Con las habituales voces computerizadas, frías y que van y vienen dentro de tu cabeza, de modo caótico, logran ponerte de los nervios y querer bailar ipso facto.

10. Burial — Rival Dealer

Burial, al igual que Zomby en With Love, divide sus fuerzas en momentos intensos con otros relajados. Por suerte su manera de entender este momento sigue siendo sucia. Los bajos de su Dubstep de hace años han ido dejando la referencia del 2-Step para darse a las líneas sintetizadas y a la épica de los émulos modernos de un Stevie Wonder que se va volviendo más ciego con cada nuevo tema de Frank Ocean, Drake y su circo de enanos de compañía. Los grandes no firman lo esperado, siempre acaban riéndose de nosotros. Ellos pueden hacerlo, más bien son grandes por eso mismo.

9. Fuck Buttons — Slow Focus

Slow Focus es una obra de ingeniería electrónica con tempos más pesados, apenas existe esa épica colorida y poliédrica de Tarot Sport. Por supuesto, sigue habiendo momentos de grandilocuencia, puede que más aún, pero Fuck Buttons ya no apuntan al cielo, van más allá. Se adentran a esa parte del cerebro desconocida y al ardiente centro de la Tierra. Puede que este cambio no despierte en parte de los seguidores de la formación las simpatías y alabanzas de su predecesor, pero con este largo, los de Bristol siguen avanzando en experimentaciones de otro tipo, más densas y abrasivas

8. The Field — Cupid’s Head

El sueco crea loops que cuando parece que son infinitos, entran en contacto con la parte más artística de su creador, que siempre ha destacado por ser muy imaginativo en sus melodías. Incluso en las matemáticas, donde ningún cabo queda suelto y todo cuadra, The Field encuentra recovecos dentro de esa lógica programada para hipnotizar y dejarnos absortos, dando esa sensación de que todo fluye sin orden establecido.

7. Reeko w/Architectural — Blue Album

Reeko se recrea a lo largo de las ocho canciones, con la precisión quirúrgica que le permite tocar varias ramas de la technología, quedándose con las más canónicas y emocionales de algunas de ellas, pero sin apostar decididamente por una de ellas para hegemonizar el disco. Esa virtud para captar la emoción y el ritmo del género da como resultado un techno cerebral en el que quedar atrapado desde el primer instante.

6. Redshape — Red Pack II

Sebastian Kramer ha confeccionado seis temas que en conjunto son una bomba, lleva al presente un techno de raza que a su vez rinde tributo a tiempos pasados, pero sin sonar a reliquia rescatada. Un poco de industrial y bases regias a las que sumar sampleos vocales que acaban fundidos en beats efectivos, que machacan a base de ritmos 4×4. Pero no siempre, y ahí radica también su fórmula ganadora, el acoplamiento de nuevos sonidos, algunos tomados de un electro que utilizado sin más y de forma complaciente es poca cosa.

5. Jon Hopkins — Immunity

El resultado es un álbum muy cuidado, una pieza de alta orfebrería electrónica en la que Hopkins se mete en territorios tech house con gran destreza y ritmos vertiginosos que no te sueltan, para después bajar las marchas y profundizar en un preciosista halo ambiental que ha ido puliendo con el paso de los años. Sin duda, estamos ante uno de los grandes trabajos de electrónica de este año, donde el oyente se encontrará con muchas sensaciones, en numerosas ocasiones, correspondidas con los títulos de las canciones.

4. Oneohtrix Point Never — R Plus Seven

Oneohtrix Point Never ya lo había petado en su disco predecesor, así que las expectativas para este quedaban altas, y estas han estado como mínimo, a la altura. Sigue la misma técnica de los samples pero esta vez deja más boquiabierto por asomar el hocico en una dimensión disonante en la que no existen los patrones fijos. Si anteriormente eran ambientes fantasmagóricos y fríos los imperantes, en R Plus Seven convierte su álbum en una pieza de arte en la que toparse con liturgia eclesiástica y texturas poliédricas en las que mecerse y quedar en reposo por la sensación de armonía que transmiten.

3. Tim hecker — Virgins

Con Virgins nos topamos con un Tim Hecker en la cima de su creatividad, más allá de crear atmósferas obnubilantes, espaciales o cualquier otra sensación que el género es capaz de proyectar, Hecker siempre va a más. Haciendo gala de un sonido más orgánico y una sensibilidad especial a la hora de componer, sus experimentaciones con el glitch, los drones y diferentes capas de texturas han dado como resultado estructuras epatantes en un disco maravilloso.

2. Zomby — With Love

La orgía continuada de bajos se prolonga, hablemos del Jungle británico de los 90, hablemos de Basic Chanel o de Scottie Pippen. Zomby sigue construyendo su propio sonido, tiene la suerte de que 4AD le apoya, no es fácil, la excepción de quien cae en gracia y acaba vendiéndose bien a un público ávido por un tótem al que reverenciar. Los bajos viven una época dorada desde la sombra. Incluso en un doble álbum con una portada de rosas.

1. James Holden — The Inheritors

A diferencia de otros productores que también logran confeccionar una simbiosis ideal entre tech house e IDM, como ha hecho por ejemplo recientemente Jon Hopkins, Holden consigue ir un paso adelante y rellenar el espacio con más carne en el asador. Las interferencias tan glitch, la tenue capa de ambient, la invocación de fantasmas vocales en segunda línea… Demasiados recursos para tan poca saturación. Y él como si nada, hilando cual relojero suizo todas las piezas para que encajen en esta gran obra de arte.

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