Ya, igual nos estamos pasando con las mierdas estas de hacer listas hasta de la compra de navidad, pero aquí nadie quiere ser menos que nadie. Y los tristes, tampoco. Porque en el apartado del folk, cantautor, neoclásica y todo lo que queramos meter en este cajón de sastre que nos hemos sacado de la manga. Varios de los protagonistas de nuestra lista de mejores discos tristes del año que acaba ya tuvieron su rinconcito en nuestra lista de mejores discos internacionales de 2014. Efectivamente, no se ha colado ni un solo disco nacional, aunque suficiente sangre hemos derramado ya en nuestra redacción por ello.

Tenemos de todo, barbudos, afeitados, chicas con guitarra y bien de pianos, violines y demás sonidos tristes. Así pues, podéis tomar asiento, o casi mejor os acostáis en posición fetal, os hacéis con una buena mantita, y pulsáis el play. Ante vosotros las mejores horas de música triste de 2014:

10. Foxes in Fiction — Ontario Gothic

“Warren Hilldebrand es un compositor canadiense que está al mando de Foxes in Fiction. Un trabajador en la sombra, secundario a nombres más grandes como Owen Pallett o Benoît Pioulard, con los que colabora a menudo. Afincado en Brooklyn, en septiembre lanzó su segundo Lp, Ontario Gothic (Orchid Tapes, 2014). Y escuchando este precioso disco, tengo la impresión de que hasta cuando Warren toma el mando, el protagonismo principal, aún trabaja en la sombra. No necesita una presentación contundente. Foxes in Fiction va instalándose en tu espíritu de forma pausada”. (Dr. Chou)

9. Damien Jurado — Brothers and Sisters of the Eternal Sun

“Entra en un terreno algo complicado tras atravesar ‘Metallic Cloud’, ese en el que la complacencia puede adueñarse del disco, siento éste un ejercicio de aquello que llamábamos amor rutinario. Pero entonces surge ‘Jericho Road’, y lo salva todo por sí misma. Encuentras el deseo, la chispa, ese puñetero click que tantos buscan y a menudo nadie encuentra. El amor a primera vista, la aceleración del pulso, la erección del alma. Damien Jurado desgarrándose la voz y la esencia. Los coros tiñéndolo, ahora sí, todo de nubes metálicas, de negras predicciones de tormenta”. (Dr. Chou)

8. Jóhann Jóhannsson — McCanick

“Es irremediable. Notas ese fino hilo que recorre tu espalda a modo de escalofrío, casi a la vez que se rasgan, desde muy lejos, tan lejos que casi resulta imperceptible, las cuerdas de un violín. Todo empieza a teñirse de un gris metálico y tu saliva se torna dolor. El escalofrío es la primera avanzadilla de lo que luego es tu cuerpo, dominado por un temblor resitente a cualquier terapia. Te encoges sobre tí mismo, buscas una postura fetal que hace un tiempo te consagraba a la calma, pero esta vez es imposible. El sosiego se ha alejado de tí para siempre. O cuando menos durante tres cuartos de hora”. (Dr. Chou)

7. Leonard Cohen — Popular Problems

“Que a los ochenta años te veas poco menos que obligado de verdad a volver a la música no parece el mejor punto de partida. Será difícil saber (no sabremos nunca, en realidad) si Cohen tenía previsto vivir esta etapa de vuelta a los estudios y escenarios de no haberse visto cerca de la ruina tras ser estafado. Seguramente ahora estaría disfrutando de una apacible jubilación. Pero, en caso de no haber encontrado más motivación que la necesidad económica, lo cierto es que Popular Songs parece lo contrario: una obra que alguien tiene dentro de su alma y, necesariamente, debe compartir con sus oyentes de referencia”. (Dr. Chou)

6. Sun Kil Moon — Benji

“Esto es lo que siempre ha sido Mark Kozelek, y, en consecuencia, Sun Kil Moon. Un novelista (incluso más que poeta), metido a músico. Capaz de contar con tono amable historias tan estremecedoras como las de ‘Jim Wise’, sentado con una infusión, como quien realmente comparte charla tranquila con su padre y un vecino tras una comida cuantiosa. Y con impulso suficiente todavía para firmar dos canciones supremas, probablemente las mejores de Benji. Una dilatadísima ‘I Watched the Film the Song Remains the Same’, una canción que apenas muta de acorde durante los más de diez minutos de los que tiene a bien disponer”. (Dr. Chou)

5. Musk Ox — Woodfall

“No importa aquí la ausencia total de elementos líricos, ni la excesiva longitud de las piezas que componen el disco — la más corta casi alcanza los diez minutos — : Woodfall no cuenta con un segundo de repetición. El pulso puramente instrumental de Musk Ox resulta ser un excitante ejercicio de imaginación, más basado en los autores del siglo XIX que en la cultura pop. Y eso, algo que podría derivar en un fracaso total en otras manos, es la clave de su éxito. Woodfall es tan cerebral como emotivo, tan técnico como simple, tan bello como oscuro”. (Mohorte)

4. Marissa Nadler — July

“Llegas un día a casa, completamente revolucionado después del primer día de colegio. Ponle que estás en segundo o tercero (de EGB o Primaria, al gusto). Tu madre lo percibe, que para eso es tu madre y te ha parido. En principio no le da demasiada importancia, pero al notarte callado durante la merienda, como ensimismado, indaga con mayor ahínco. ¿Quizás el profesor nuevo?. No. ¿Que te quedas en el comedor del cole?. Tampoco. ¿Una chica?. Sí, mamá. Una chica. Te has enamorado. Te ha dado una cuchillada tan punzante que parece más propia de la adolescencia que de la infancia (en realidad, ponedle a la mierda esta de ejemplo la edad que queráis). ¿Qué, mamá?, ¿que cómo se llama?. Marissa. No, Marissa con dos eses, me ha dicho. Marissa Nadler”. (Dr. Chou)

3. Rivulets — I Remember Everything

“El escenario es similar a tantas otras veces. Un lugar oscuro, preferentemente un bar, en el que uno está tan a gusto en su miseria. Jugando a ahogar unas penas que en realidad no existen en una copa con mucho hielo, pero que apenas tiene el tiempo suficiente para aguarse antes de que le procures un final indigno. El punto de misterio necesario, entre una oscuridad que quizás no sea tal, lo pone una cara que te mira fijamente. Para ser precisos, una cara que intuyes que te mira, porque el pelo le tapa un ojo y el humo de un cigarro, el otro. Quieres ver lo que hay detrás de esa carta de presentación, quieres ver qué hay detrás de I Remember Everything (Jellyfant Records, 2014)”. (Dr. Chou)

2. Sharon Van Etten — Are We There

“Cuesta creerlo. Te deja tan perturbado que tardas un buen rato en reaccionar. En asumir la realidad. Te guste más o menos, el disco se ha acabado. Te pasas la vida escuchando a viejos que te dicen que la aproveches cuanto puedas. Que después de los 18, los años van pasando a una velocidad que asusta, sin que te dé tiempo a digerir lo que ocurre, casi ni a percatarte, si no te concentras con todas tus fuerzas en lo que estás viviendo. Al final eso del carpe diem es fantástico en teoría, pero llega la vida real y sigues sin pararte a disfrutar de lo bello, de lo regio, de esos pequeños momentos que convierten la rutina en esplendor. Sharon Van Etten se ha ventilado once canciones majestuosas, y casi ni te has dado cuenta”. (Dr. Chou)

1. Keaton Henson — Romantic Works

“Y para todos aquellos que no hayan conocido previamente a Keaton Henson, Romantic Works será, simplemente, un disco fantástico. Sin bofetones ni leches, sólo nueve piezas (ocho, en realidad), de composición rotunda aunque frágil. Que harán temblar las piernas del más aguerrido utilizando las flechas sin arco de ‘Pretichor’, húmedas bajo una lluvia épica, o con el piano de ‘Earnestly Yours’, una de las mejores y más bellas canciones escritas por Keaton Henson nunca. Aunque tiene poco de coherente separar Romantic Works por piezas, y no tratarlo más bien como un proyecto de personalidad única y unificada, abriendo ahora la incógnita de a qué se dedicará Henson en el futuro, si a volver a enfundarse una guitarra que le había reportado un modesto éxito (principalmente en Gran Bretaña), o si a seguir explorando este clásico experimento que ha dejado media hora digna de recordar durante meses”. (Dr. Chou)

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