Una de las cualidades más valiosas que puede tener todo ser humano es la coherencia. Al menos para mí. No ser de ese tipo de personas que un día dice una cosa y al siguiente la opuesta, sin inmutarse, delante de tus putas narices y sin que le tiemble el pulso. Así no, porque de ese tipo de gente es de la que uno jamás puede fiarse. Tomar una decisión tras analizar un hecho en concreto de forma concienzuda, y no variarla en función del ambiente en que te muevas, con quien hables o si has bebido de más. Ser consecuente, incluso a pesar de que te pueda costar alguna que otra discusión poco apetecible.

Los Planetas: ¿ahora mejores que nunca?

Hace años Los Planetas abrazaron sus querencias (sobre todo las de J) por el flamenco, y dejaron que se filtrasen enormemente en un sonido absolutamente personal. Mientras todos buscaban sonar de forma única, tener un eco que hiciese reconocer en el oído de todo observador a los pocos segundos que el grupo que se dejaba oír era uno en concreto, ellos esa fase la tenían más que superada. Aburridos quizás, madurando seguramente, dejaron que entre el pop-rock con letras de desamor se fuesen colando composiciones más cercanas al folklore que manejaban. La explicación, innecesaria, era la obvia: “Ahora escuchamos mucho flamenco, y eso nos sale por algún lado”. Mi decepción, incluso desde la querencia a La leyenda del espacio (RCA, 2007), fue considerable. Aquella banda con la que había crecido y que, de algún modo, me había cambiado la vida, había desaparecido para siempre.

Entonces podríamos decir que habíamos decidido que “los nuevos Planetas” estaban bien, pero que los de antes molaban más. Y hoy estamos aquí reunidos para mandar mi coherencia a tomar por saco. Los Planetas lanzan Dobles fatigas (El Segell, 2015), un EP que supone sus primeras composiciones en cinco años, nada menos, y resulta que su sonido más aflamencado es el que resulta, a día de hoy, más convincente. El que más que gusta. Y es relativamente fácil llegar a una conclusión comparativa entre épocas porque hay mucho de repaso biográfico en Dobles fatigas. Del viejo revanchismo, mala baba y agresividad que se lee, y no precisamente entre líneas, en ‘El duendecillo verde’. Quizás lejanos en el mensaje a, por ejemplo, aquel ‘Vas a verme por la tele’ de hace quince años, en el que la ex-novia nos había jodido la vida, cuando ahora es algún político (eso parece) es que centra nuestro odio.

Uno llega a preguntarse si Los Planetas estarán pasando por un momento en el que son hoy mejor banda que nunca (incluso cuando quizás ya no sean ni una banda)

Pero lo cierto es que el punto fuerte de Dobles fatigas está en cortes que se identifican mucho más con las épocas actuales de Los Planetas. Es más, uno llega a preguntarse si, a pesar de perder esa magia de la conexión emocional que es inevitable perder, básicamente porque uno no siente igual a los treinta que a los dieciocho, Los Planetas estarán pasando por un momento en el que son hoy mejor banda que nunca (incluso cuando quizás ya no sean ni una banda). Con un sonido mucho más cuidado, haciendo cosas tan hermosos como ‘Motores de combustión’, que también recuerdan a épocas pasadas pero, cuando menos, no pierden un ápice de solvencia. Y esa sensación la traslado al directo, donde seguramente J y Florent no consigan acelerarme el pulso como hace años, pero sí hacerme escuchar atentamente, creer que las carencias musicales que aquejaban tiempo atrás (y que se suplían con el mérito de que te tocaban las tripas) ahora se han tornado casi virtuosismo.

Tras un corte tan valioso como ‘Motores de combustión’, que vuelve a recordar algo al pasado pero de forma nada forzada, muy natural, llega ‘Estadística’ para cambiar completamente de tercio y, al tiempo, conseguir que nada suene forzado. Como si la evolución fuese tan natural que apenas fuese necesario comentarla. Y, sin embargo, creo que lo más destacable de Dobles fatigas, la canción que me atrapa definitivamente, que me irrita, me estremece y me hace rendirme es ‘Heroína (bulería de El Torta)’. La canción que más los acerca al flamenco y que teóricamente más debería hacerme recordar aquella decepción que hace años me llevé ante su cambio de rumbo. Y aquí me tenéis, preguntándome si, en ciertos aspectos, hoy los granadinos serán mejor banda que nunca.

7,71/10

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