“Vente a Los Punsetes y que le den por culo a tus amigos”, una llamada en mi muro de Facebook el viernes por la tarde funcionó y esta vez no tendría que ir sólo al concierto. -”¿Te molan?”, -”No les he oído demasiado, ¿me van a gustar?”, -”No”.

Una tía que se planta literalmente en el centro del escenario y no mueve ni un dedo, mientras sus compañeros se dedican a repasar un repertorio que suena todo prácticamente igual, con un pesimismo capaz de arruinarte el fin de semana no es precisamente lo que se entiende por un concierto divertido. Sin embargo, todo lo que se les puede criticar es precisamente lo que nos gusta de ellos y lo que les hace tan diferentes.

Una pena que el concierto no coincidiera con la noche de Halloween, Ariadna con ese voluminoso vestido de raso parecía una menina de lo más siniestra. Verla completamente estática durante una hora incomoda porque nos hace sentir su sufrimiento, pero a la vez encaja perfectamente con la temática de sus letras y, hoy por hoy, es la principal seña de identidad de sus conciertos. El día que se ponga a bailar estaremos hablando de otra cosa.

Para mí era la segunda vez que les veía y me encontré con unos Punsetes mucho más crecidos, a pesar de que su segundo disco LP2 me parece más flojo que su debut y que tiraron prácticamente de él. Las más celebradas fueron las cinco canciones que tocaron de su disco homónimo con el que nos sorprendieron hace un par de años como ‘Maricas’, ‘Dos policias’ y ‘Pinta de tarao’. Pensé que regresarían con ‘Accidentes’ pero nos dejaron sin bises y sin nuestra ración de gore recreándonos viendo cuerpos descompuestos.

Todo bien, muy bien, excepto un pequeño problema que todavía no he conseguido quitarme de la cabeza: en la sala estaríamos sólo unas 50 personas. No lo entiendo. Por supuesto que no son Los Planetas ni Nacho Vegas, pero suponía que Los Punsetes habían dado ya ese salto que les hace destacar de entre todas las bandas indies que surgen en este país cada año. Al menos en la blogosfera (y nosotros los primeros) se les ha dado muchísimo bombo e incluso han llegado a ser portada de la Rockdelux. ¿Entonces?

Una vez más se confirma que esto no tiene nada que ver con Londres o New York donde banda que destaca, banda que automáticamente es exportada al resto del mundo. Aquí los que seguimos este tipo de música somos un porcentaje tan insignificante que parece que no existimos, un grupo de taraos.

Me pongo en el lugar de Los Claveles, grupo que está empezando (y que por cierto, hay que seguirles el rastro porque no lo hacen nada mal, es como juntar a Los Nikis, Surfin’ Bichos y Los Coronas) y que fueron los teloneros el viernes. Me imagino que matarían porque se hable de ellos lo mismo que de Los Punsetes, pero ¿para qué? Hay que tener mucho amor al arte, la verdad, del dinero olvídate o directamente dedícale una canción.

Y algunos, como Antonna, hasta tienen moral para intentarlo además en solitario, ¡olé tus huevos! Su vecina del primero ni se ha enterado, ni su panadera, ni sus familiares lejanos y casi que mejor. Más íntimo. La próxima vez os garantizo que tampoco se enterará nadie a través de mi Facebook y me ahorraré que antes de irme a casa me suelten un: “que te den por culo a ti y a tus conciertos”.

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