Los Secretos en concierto en Oviedo (Auditorio Príncipe Felipe, 12–11–2011): un tratado de psicología afectiva

Parece mentira que ya hayan pasado doce años de la muerte de Enrique Urquijo aquel 17 de noviembre de 1999, a quien su hermano Álvaro dedicó ‘No digas que no’ en el concierto que Los Secretos ofrecieron ayer sábado en el Auditorio de Oviedo que estuvo a punto de registrar un sold out.

Y ahí sigue la banda madrileña, llenando auditorios y teatros, sacando recopilatorios, directos y nuevos discos y manteniendo la llama viva de un nombre mítico del pop español que para mí ya hace tiempo vive de las rentas del pasado. Pasado glorioso que una y otra vez acuden Los Secretos de ahora para reproducir esquemas, lugares comunes y una temática marca de la casa que forma un verdadero tratado de psicología afectiva.

Empeñados en defender en el escenario un disco flojísimo

En este mundo raro, su recientísimo nuevo trabajo de estudio, es un claro ejemplo de lo que decimos, y el tema que le da título no hace más que darnos la razón. Con él empezaron su concierto en el Auditorio Príncipe Felipe y por mucho que se empeñen con defenderlo en el escenario es un disco flojísimo.

Hasta nueve temas de este álbum, cuya bonita y naïf portada y arte gráfico llenaban el fondo de escenario de un Auditorio que no entre en calor hasta última hora, al menos en el anfiteatro, desde donde a Álvaro Urquijo un espectador le dijo que no se oía bien.

Lógicamente no es lo mismo ver a Los Secretos en el patio de butacas que casi en el gallinero, más que nada porque te pierdes el espectáculo que el guitarrista Ramón Arroyo ofrece en cada cita en directo de los madrileños, que en la nueva canción, ‘Lágrimas sin nombre’ sacó una mandocaster, o lo que es lo mismo, una mandolina eléctrica Fender, que desde lejos parece una guitarra eléctrica infantil.

Y otra sorpresa de la noche fue ver en un concierto de Los Secretos, no una, sino dos guitarras de doble mástil. Si hasta Álvaro Urquijo parecía el mismo Jimmy Page con ese aparatoso instrumento al que acudió desde la segunda canción de la noche, ‘Sólo quiero que me digas la verdad’.

Algo más de dos horas de concierto y un repertorio en el que el exceso de azúcar fue una constante. Son Los Secretos, grandes expertos en contar historias de desengaños, fracasos, intentos de recobrar relaciones acabadas y anhelos de un pasado que nunca va a volver. Para cortarse las venas que dirían los más fariseos.

‘Colgado’ y ‘No me imagino’ fueron los primeros clásicos de una noche en la que echamos de menos ‘Culpable’ o ‘Amiga mala suerte’. A cambio ‘La calle del olvido’, ‘Pero a tu lado’, ‘Quiero beber hasta perder el control’, ‘Buena chica’ y ‘Ojos de perdida’, nos recordaron una y otra vez a Enrique Urquijo.

Sí, hicieron también ‘Nada más’, que fue sorprendentemente fue el primer karaoke de la noche, y ‘Por el bulevar de los sueños rotos’ y ese recuerdo de Chavela Vargas. Y, ya en los bises, cayeron las que faltaban: ‘Sobre un vidrio mojado’, ‘Déjame’, ‘Ojos de gata’ y ‘Gracias por elegirme’, un tema de la última época Secretos al que no le pillo la gracia y que ya es favorito de su público.

Sitio oficial | Los Secretos
Fotografías | Alberto Morante
Más en Hipersónica | Los Secretos — En este mundo raro: canciones para fracasados

 

Anuncios