Lou Reed: un poco de magia y algo de pérdida

Dicen que nadie puede hacerlo todo bien, pero querrías que así fuese. Pero no, no puedes ser Shakespeare y ser Joyce. ¿Y qué te queda? Te queda estar atrapado en ti mismo y te queda una rabia que puede herirte. Tienes que volver a empezar de nuevo desde el principio (…) Hay algo de magia en todo y también algo de pérdida para igualar las cosas.

Lou Reed encontró el modo de superar la pérdida de los demás en un disco como Magic & Loss (1992). Encontró el modo de reconocer que el mundo es mágico pero que también es sufrimiento y lo dijo, cantó, de modo sereno pero emocionalmente intenso en aquel disco de su cuarta década como músico, como héroe, como historia. Ayer murió y, según lo que cantaba, esto debería equilibrar la balanza. Vaya una mierda que ha sido siempre eso del equilibrio.

América dando lo mejor de sí misma

Al principio fue el verbo. Y me gustaría tener los recursos para escribir algo sobre la Velvet que lo recopilase todo en pocas líneas y os hiciese entender a los que aún quedáis por caeros del caballo (¿quedáis?) por qué Lou Reed y compañía fueron tan importantes. Pero, como tantas otras cosas, no podría hacerlo mejor que Jonathan Richman. Leed y escuchad, callad:

http://www.youtube.com/watch?v=NTT-wj69ObE

¿Cómo coño lograban ese sonido? Qué más da: lo hicieron y grabaron un puñado de discos excepcionales, a pesar de que la mayoría estéis adorando a los equivocados. De los verdaderamente imponentes, el culpable murió ayer. La de carreras que nos habríamos perdido sin él.

Maldito artista maldito

Pero Lou Reed no está libre de culpa. Suyo es el gusto por el merchandising del artista maldito, la exploitation del jaco y el genio moribundo, el destape de la biografía conflictiva y la venta del mal rollo. Si no hubiese tenido tanta buena prensa, y si no hubiese sobrevivido tanto, quizás otro gallo crítico nos habría cantado todos estos años.

Suya es la perfomance de salir al escenario y meterse un pico de heroína mientras cantaba ‘Perfect Day’ (fingirlo o no, q-q-q-qué más da). Suyos ya eran los versos de ‘Heroin’:

I have made big decision
I’m gonna try to nullify my life
’Cause when the blood begins to flow
When it shoots up the dropper’s neck
When I’m closing in on death

You can’t help me now, you guys
And all you sweet girls with all your sweet talk
You can all go take a walk
And I guess I just don’t know
And I guess that I just don’t know

Ya lo decía Lester Bangs: Lou Reed estaba cantando sobre toda esa mierda antes de que se hiciese masiva. De hecho, él contribuyó a hacerla masiva. Y con ello contaminó para siempre al público rock: lo maldito era suficiente, per se, para puntuar un poco más alto a cualquier personaje que lo llevase. La de carreras que nos habríamos ahorrado sin él.

Miénteme, por favor

http://www.youtube.com/watch?v=Q21SoCylmTU

Lester Bangs, precisamente él, insistió en mostrárnoslo, en 1973, como un mentiroso. No era sólo que mentía, sino que nunca podríamos saber cuándo decía la verdad. Y así se define toda su carrera: en buscar el nuevo truco con el que pasar el rato, en inventarse un nuevo Lou Reed.

Si te los tomas todos en serio, te va a dar un patatús. Como si te lo tomabas en serio cuando le dio por salir a hacer yoga. Como los fans de Metallica (y los guionistas del Telediario de La 1) que insistís en tragaros el esperpento de Lulu sólo porque contaba con la aprobación y colaboración de Lou Reed, como si eso fuese ya, de inmediato, sello de calidad.

Y no, no era así: con él, como con cualquier mentiroso bromista, nunca te podías fiar. Lo mismo te daba el concierto de tu vida que, al día siguiente, querías matarlo por el aburrimiento, la tontería impostada y la pretenciosidad insufrible. Así era como funcionaban las cosas: en conciertos, en discos y en canciones.

Sí, Metal Machine Music es, conscientemente, un disco insufrible, pero hay otros cuantos que también vuelan muy bajo. Lou Reed no es Leonard Cohen, ni siquiera es Neil Young. Puede que ni siquiera sea Dylan: pienso en uno y en otros y los bajones de Reed son mucho mayores que los de casi cualquier “clásico rock”.

A cambio, efectivamente, no es Cohen: él siempre fue con el acelerador discográfico pisado, 32 discos en 40 años de carrera en solitario, sin contar recopilaciones. Perezoso no era. Y cuando le tocaba estar inspirado, que fue no pocas veces, él mismo se encargaba de ajustar cuentas con su propia carrera. Veamos, por ejemplo, Coney Island Baby, que publicó en febrero de 1976 y fue como cargarse de un tiro al Lou Reed decadente y exageradísimo de los anteriores cuatro años. Escucharlo es oír a un Lou Reed sincero y calmado, como el del último disco de la Velvet, plegar el tiempo y volver a aquello que nunca debió acabarse. Insisto: sólo cuatro años después de Transformer y de todas las piruetas mortales que le siguieron (y que quede claro, no son accesorias).

“Ajustar cuentas con su propia carrera”… ¿Veis como era un mentiroso?

Nada envejece más que pensar que nos hacemos viejos

A Lou Reed le encantaba Lou Reed, de eso cabe poca duda. De esos 32 discos que he comentado, en torno a 25 le tienen en portada sólo a él. Y son muchos quienes lo pintan como un ególatra de cuidado. Y está bien que así fuese, porque eso le permitió casi siempre tratar a sus discos como se merecían, como él creía que había que tratarlos. Casi siempre acertaba. Por ejemplo, ahí encaja a las mil maravillas Sally Can’t Dance (1974), que tiene el dudoso honor de ser su disco más vendido… a pesar de ser uno de los peores. Como si lo supiese de antemano, Reed está en ese disco como quien pasaba por allí, y canta como si en realidad todo le importase una mierda.

Take No Prisoners (1978) es otra buena cuña que apuntala esta parte de Lou Reed: en pleno punk, el tipo se sacó un disco doble, en directo, en el que ÉL es la estrella absoluta. Y como es él lo que importa y no las canciones, de todas o casi todas hace un chiste. Ahí, Lou Reed se convierte en un viejo, en un artista cansado al que ya su obra le parece cansina y que simplemente la canta (la ataca) por dinero. Cómo asesinar diez de sus mejores canciones en 92 minutos. Y ya de paso, cómo plagiar la portada a Nazario, por todo el morro, y tirarse más de dos décadas para reconocerlo.

No se lo tengáis demasiado en cuenta: lo importante es que a él se le viese lo suficiente. Y para finales de los 70, Lou Reed ya era un mito y la Velvet ya era la semilla de casi cualquier cosa que importase. Es imposible no tener ego en una situación así. Por eso, si Lou decidía que había que sacar un disco de querencia punk, lo mejor era empezar con una parodia de sí mismo, como hace en Street Hassle. Solía escupir hacia arriba y de vez en cuando le caía encima, pero le daba igual porque las otras veces se divertía mucho a costa de nosotros:

http://www.youtube.com/watch?v=k8qFbzGvq0w

Pese a que tropiezos como ésos pudiesen indicar cierto envejecimiento prematuro, Lou Reed supo reconciliarse bien con su yo adulto. Varios de sus discos maduros suenan tan necesarios como lo mejor de sus primeros años: la tranquilidad post-adicción de The Blue Mask (1982), la fantástica, truculenta y también divertidísima declaración de amor-odio por su ciudad (New York, 1989) o el doble homenaje a Warhol y a la muerte que fueron Songs For Drella (1990) y Magic & Loss (1992).

Y las canciones de esos años también le redimen más que a otros a su edad: ‘I Love You, Suzanne’ y su “you broke my heart and made me cry when you said I couldn’t dance”… la juventud eterna también se encierra en saber escribir frases así.

http://www.youtube.com/watch?v=GIPgMWgVdcs

https://www.youtube.com/watch?v=k8qFbzGvq0w

a) Es una verdad sólo a medias en ambos casos. 
b) Es uno de esos músicos a los que me cuesta ver que sus carreras sean algo lineal. Parece como si al principio ya estuviesen contemplando lo que harían al final. Y así, teorizando locamente sobre el don de la ubicuidad espacio-temporal de las musas de Lou Reed, casi entiendo mejor el cómo y el por qué de tanta pirueta. Aunque en el fondo no entienda nada de nada la mayoría de las veces y lo único que necesite sea lo mismo que Jenny.

Like Jenny said when she was just bout’ five years old
Hey you know there’s nothin’ happenin’ at all
Not at all
Every time I put on the radio,
You know there’s nothin’ goin’ down at all,
Not at all
But one fine mornin’ she hears a New York station
She doesn’t believe what she heard at all
Hey, not at all
She started dancin’ to that fine fine music
You know her life was saved by rock ’n’ roll
Yeah rock ’n’ roll
Ooh, Despite all the computations
You know you could just dance to the rock ’n’ roll station

https://www.youtube.com/watch?v=GIPgMWgVdcs

And it was allright… Efectivamente, hay algo de magia en todo, también en todos sus discos (incluso en los malos; en los buenos hay muchísima). Y, de algún modo, ya estábamos avisados de que la pérdida tenía que llegar para compensar.

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