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Low Festival 2014: el trip hop dominante y el token opresor

Después del cambio de organización, y del nombre de Low Cost Festival a Low Festival, se veía venir el tema de los precios, quizá lo peor del festival, que estuvo bien en la organización, pero que era excesivamente caro en el precio de los tokens (esas monedas que tienes que canjear para sobrevivir en la noche), estableciendo un mínimo para comprarlos. Y no barato, precisamente. También el eterno problema con algunos festivales, -absurdo-, de no poder entrar a partir de cierta hora si sales. Eso sí, lo que menos me gustó es que la electrónica refinada de la RBMA, con bRUNA, Bflecha y Alizzz solo estuvieran disponibles para la zona vip. Es injusto que sólo toquen allí y no para todo el público. Pero como contrapartida (siempre hay cosas positivas que sacar) también tenemos la limpieza del festival, que con su política de darte el vaso si pagas algo más (después puedes devolverlo por dinero, al igual que los tokens), ayuda a mantener limpio el recinto y no estar pisando basura continuamente. Y en cuanto a lo musical, hablemos ahora, pero solo dos palabras: Massive Attack.

Viernes

El viernes era día de empezar la jornada pronto, y los elegidos no podían ser otros que los gallegos Triángulo de Amor Bizarro, que a pesar de que aún arrastran el sambenito que a veces les cuelgan de “hacen mucho ruido en directo”, dominaron a la perfección ese tormentoso ruido que jode el concierto si se les va de las manos. Pero nada, todo controlado, sonido limpio (dentro de su noise) y con los vocales bien distinguidos. Potencia, mucho baile y un final de infarto, cuando empezaron a encadenar la irresistible ‘De La Mano de las Almas Oscuras’, el pepinazo de ‘Ellas Se Burlaron de Mi Magia’ o el himno de ‘De La Monarquía A La Criptocracia’. Impecables.

Después turno para los suecos The Hives, que llevan años haciendo el mismo concierto, pero siguen siendo un ejemplo de desfondarse en el escenario, y trasladarlo al público. Si no acabamos todos sudando, es que hubo algún delicado que huyó tras ver lo que se le venía encima. Mediante frases como “no hay silencio en el concierto de los Hives’, alguna subida al altavoz y lanzamientos esporádicos al público, su frontman Howlin’ Pelle se ganó al público. Nos lo pasamos tan bien que nadie se paró a preguntarse por qué demonios repitieron algunas canciones, ‘Tick Tick Boom’ y ‘Hate To Say I Told You So’ entre ellas. Todo lo contrario vimos en Blood Red Shoes, un concierto aburrido en el que tocaron sus nuevos temas y en el que sonaron flojos, incluso con sus temas anteriores, que no son la octava maravilla del mundo pero solían tener su gracia en directo. Decepcionantes. En cambio, uno de los grandes nombres del festival, Vetusta Morla, no fallaron con el público. Se nota que aún no están digeridas las canciones de su último álbum, pero lo levantaban con los temas de sus dos primeros discos, ya clásicos muchos de ellos. Vimos a un Pucho en buena forma, muy activo y llegando a las canciones, algo con lo que ha tenido algún problema más de una vez en los directos.

Antes de pasar al turno de la electrónica fue llegó el momento de los vascos Belako, que mostraron la raza en directo con su nuevo disco y con un buen uso de los teclados, combinados con guitarrazos que han estado bastante bien en temas anteriores. Aún tocando en el escenario pequeño, pero con mucha gente viéndoles y con una buena actitud que en el futuro les hará pasar a espacios más grandes. En el apartado electrónico, bien por Holy Ghost!, en quienes no tenía mucha confianza a priori, pero me sorprendieron para bien con el toque pegadizo de teclado y batería y ese ritmo de beats constantes que hacía bailar a los pocos supervivientes que quedaban en el concierto. Para despedir el día, todos emigramos a ver a The Magician, que se portó bien con un set en el que puso house de refinado gusto.

Sábado

Si ya nos parecía que habíamos entrado pronto el día anterior, el sábado cumplimos el récord. Los culpables, Yuck, una de esas propuestas de segunda línea que le daban empaque al festival. Con el sol zurriendo a tutiplén, se hizo más llevadero por el toque noventero de su indie rock. Funcionaron mucho mejor en los temas de su debut que en los de su nuevo disco. Después de su concierto emigramos al escenario grande, a ver a uno de los grandes reclamos del festival, The Horrors, que iniciaron el recital con ‘Chasing Shadows’, de Luminous. Inmejorable tema para abrir. Con todo, les faltó algo de potencia, pero fue un buen concierto. Es difícil no rendirse en directo ante clásicos del grupo como ‘Who Can Say’ o al tremebundo cambio de ritmo de ‘Endless Blue’, de Skying. Del álbum brillaron otros grandes temas como la hipnosis de ‘Moving Further Away’.

Después, tiempo de hacer una recarga cervecil para ir al que fue el mejor concierto, con diferencia, del festival: Massive Attack. Se pararon todos los conciertos para verles, una decisión polémica que no gustó a parte del público ni a otros grupos. Pero una vez dentro, apenas tardaron en sumergirnos a todos en su universo trip hop, con toda una orquesta sobre el escenario, donde exhibieron su pantalla con proyecciones gigantes y mensajes de corte político, criticando a Israel, a los recortes y otras reflexiones sociales. Mientras tanto, momentazos en ‘Teardrop’, en la violencia de las guitarras que cortan repentinamente ‘Angel’ y un finalazo con ‘Unfinished Sympathy’. Incluso tocaron la bella ‘Paradise Circus’, del Heligoland. Un concierto para el recuerdo. Más tarde era el turno de Editors, con quienes tenía algo de miedo porque la última vez que los vi el vocalista ni siquiera llegaba al final de las canciones, dejando en anécdota el poderío de su voz en estudio. Pero esta vez sí estuvo a la altura, por lo que hizo el concierto más disfrutable, a pesar de que en algún momento a las guitarras les faltaba algo más de volumen para poder distinguirlas bien. Pero en cualquier caso, cumplieron sobradamente. Repasando sus temas de cabecera de And End Has A Start, finalizaron con su último gran hit, Papillon, con el que todos se volvieron locos.

Unfinished Sympathy, el amor definitivo

Al salir, como no veía ninguna opción convincente, me quedé con la sesión de Chelis, que me atrapó al instante al pasar por al lado y estar pinchando el ‘Your Love’ de Frankie Knuckles. Uno de los momentos más mágicos del festival. Y además luego continuó con otros clásicos como el ‘Big Fun’ de Inner City. Y esa fue la tónica de su gran sesión. Antes de entrar ya al terreno electrónico, The Parrots estaban dándolo todo en el escenario Wiko, medio despelotados y jaleando al personal con su suciedad garagera. Seguidamente El Columpio Asesino abarrotaron el escenario Matusalem, que estaba hasta la bandera. Quizá el estar atrás hizo que el sonido no llegara en condiciones, o es que realmente estaba flojo. Aun así, era difícil entregarse en el final, donde encadenaron ‘Floto’, ‘Toro’ y ‘Vamos’ de los Pixies. Ahí te ganan fácil. Y ahora sí, vamos con la electrónica de SebastiAn, que estuvo flojete y fue una de las decepciones. A su sesión le faltó ritmo, con momentos de mucho punch pero que después pegaban el bajón con temas más tranquilos. Y ni siquiera le dio al mix de RATM para reventar el escenario. Así que visto lo visto, nos fuimos a Elyella DJs, que sí entendieron la hora que era, y le dieron a algún clásico de la electrónica y a clásicos rock para no fallar. Hicieron bailar al populacho, incluso pinchando nuestros amados Muse, y lanzaron algún cañón de confetti dorado, a lo Ana Mato, para que nos flipásemos un poco bien. Buena sesión de cierre.

Domingo

El domingo era a priori la jornada que al menos en mi caso, menos interesaba, con una tanda típica de festival clónico veraniego español. Pero venga, ya que estamos, con Niños Mutantes siempre les doy otra oportunidad, al esperar que toquen alguno de sus temas viejunos, cosa que cada vez ocurre menos. Ellos se han quedado en su pop más maduro, ahora que son padres. Y bueno, en ese aspecto, es su decisión y el grupo sigue respondiendo bien en directo, otra cosa ya es la de qué faceta de los Niños preferimos unos u otros.

Después entré a escuchar a los djs valencianos, el primero de ellos Electrronicall y un rato después un poco de Kaspar&Hauser. Entre los dos, interesantes sesiones de tech house y meneos varios, sobre todo mejor el primero. Eso sí, significó llegar tarde a Kaiser Chiefs, pero bueno, habrá más oportunidades. Así que después de voltear por el rock instrumental a dos baterías de PAUS y la zona de merchandising, llegó el turno de los barceloneses The Suicide of Western Culture para finalizar el festival en el escenario Wiko, donde repasaron los temas de su último disco, Hope Only Brings Pain además de su debut.

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