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Luke Abbott — Wysing Forest

A pesar del tiempo que lleva paseando entre nosotros y de llevar dos décadas siendo un cajón de sastre en el que meter todo lo que se salga de márgenes más o menos canónicos, la IDM sigue siendo un campo de cultivo que puede permitir tanto obras geniales como trabajos ramplones y faltos de creatividad. En ese punto medio se encontraría el inglés Luke Abbott, afincado en Border Community. Este año ha publicado su segundo LP, Wysing Forest (Border Community, 2014), un disco del que extraer buenos cortes, aunque en general es un trabajo que no llega al nivel cualitativo de su estupendo predecesor Holkham Drones, su debut en largo.

En un intento de abrir su abanico para acercarse a experimentaciones que derivan de postulados ambient, el disco pierde fuelle y queda con una mano delante y otra detrás, rompiendo un hilo conductor que pueda vertebrarlo. Asimismo, repite tendencias y recursos que no son en absoluto nuevos en la IDM (ni en el ambient), ni siquiera en su sello. De hecho, es inevitable oír ‘Highrise’ y no rememorar The Inheritors. Pero esto tampoco debe sorprender ni ser un argumento contrario, de hecho, hace unos días hablando de Wesley Matsell ya comentábamos lo permeable que es el sello, en el que todos se empapan de las técnicas y composiciones del resto, conformando un sonido propio que se distingue rápidamente.

No todas las aperturas de sonido son un acierto

Básicamente el problema en conjunto que tiene Wysing Forest es su tendencia a dispersarse en poco tiempo. Al abrir su espectro sonoro a postulados más ambientales y experimentales, pierde el empaque que tenía su predecesor. Con respecto él, este es un LP de menor calidez y en él ha perdido dinamismo. Si en Holkham Drones Abbott construía un equilibrio entre diferentes matices y una coraza sonora más sólida, aquí su buen intento no es tan efectivo; la combinación no tiene los mismos ingredientes y por tanto no surte el mismo efecto.

Sin embargo, eso no significa ni que sea un mal disco ni que esté exento de pequeñas joyas. De hecho, el disco es muy disfrutable en canciones tan intensas y repletas de matices como ‘The Balance Power’, que a la vez es un ejemplo del sonido Border Community en su máxima expresión: muchas capas de y átomos sonoros chocando entre sí. Mientras que acierta cuando apuesta por estas fórmulas, al estilo de temas como ‘Free Migration’, a veces se queda en medio de ninguna parte en canciones como ‘Tree Spirit’ o ‘Two Degrees’. La conjugación de sonidos volátiles con un ambient manido y recursos que pecan de demasiado experimentales no satisfacen.

6.8/10

Así pues, aunque da una de cal y otra de arena, hay cortes muy salvables que sacan al Luke Abbott que maneja la convivencia de diferentes texturas y mucha intensidad en la misma canción. Pero ese nuevo giro, menos dinámico, sin ritmos vertiginosos y con una experimentación muy dispersa, acaban lastrando el disco en su conjunto. Y todo a pesar de que se sigue apreciando el talento y la calidad de sus composiciones, pero su nuevo postulado no tiene la chispa de su debut y posteriores epés. Un tropezón en su currículo.

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