Luke Vibert — Ridmik


Toda una vida dedicada a la electrónica, transitando por la IDM, el drum n bass, derivados del hip hop y publicando en sellos como Rephlex Recordings, Planet Mu y colaborando bastante con el otro gran conocido de Cornwall, Aphex Twin. Luke Vibert es un tipo con un dilatado recorrido discográfico (con varios pseudónimo) en el género, quizá no con tanto peso como otros compañeros de generación, a pesar de su prolífica trayectoria pero sí con un prestigio que le otorgan su producciones y su transversalidad compositora. Un veterano que ha vuelto este año con un nuevo disco bajo el brazo: Ridmik (Hypercolour, 2014).

De todas las vertientes por las que Vibert transita, para este nuevo disco ha tirado por once canciones de exclusivo acid house, un trayecto que puede que se le atragante a más de uno que no sea acérrimo del género. Pero en cualquier caso es una opción algo aislada. Principalmente porque se trata de un trabajo bastante accesible, el hecho de que sea acid house y no acidorro techno lo hace bastante más suave, a pesar de su sabor añejo. En este sentido, podemos alinear ese sonido con la flexibilidad sonora de la IDM de µ-Ziq y sus juguetones requiebros. Quizá un álbum como este es el que se podía esperar al menos de un proyecto con las expectativas de Heterotic, que al final ha resultado ser insípido.

Por una parte hay momentos inspiradísimos, aunando melodía y acid en temas tan buenos como ‘Acrobot’ o ‘Acage’ con ese toque casi r ’n’ b. Hay líneas secuenciales y ritmos con mucho groove que te hacen menear el bullarengue sin que te inmutes. Y que a la vez muestran la exhibición del irlandés con la TB-303, o que la veteranía es un grado. Pero al igual que Vibert llega a estos puntos hilarantes y muy ricos en texturas dentro del campo acid, como en ‘Double Dipped Acid’, precisamente el exceso de estar todo el tiempo bajo las mismas coordenadas acaba lastrando en parte el avance del álbum.

6.9

Abusar tanto del mismo sonido, a pesar de lo bien que te desenvuelvas en él, tiene estos daños colaterales, como dirían en la administración Bush -o que es un arma de doble filo, si nos ponemos cuñados-. En vez de dosificar mejor los recursos e intentar combinarlos más con otros como ha hecho en álbumes anteriores (o en algunos cortes), demostrando su transversalidad, recurre demasiado a casi las mismas técnicas ácidas. Por lo que mientras que en la primera mitad el disco fluye generalmente bien, en la segunda (salvo alguna contada excepción) va perdiendo fuelle. Con todo, un disco disfrutable de un veterano curtido en muchos géneros y muchos sellos, del que siempre extraeremos puntos positivos como lo hemos hecho en este Ridmik.

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