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El tejano Lusine afincado en el sello Ghostly International, discurre como pez en el agua entre el ambient, la IDM (aunque menos que antes) y destellos de house de una forma demasiado natural, como si ofrecer producciones consistentes que aglutinen géneros aunque electrónicos, tan dispares entre sí, fuera lo habitual. Manejando de nuevo los ambientes astractos como acostumbra a hacer, en este 2013 ha editado The Waiting Room, un nuevo álbum en el que esa amalgama sigue imperando en su música, pero obviando más aún la IDM para perpetuar un sonido más accesible.

The Waiting Room, un trabajo más accesible

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Ese dominio de diversos géneros electrónicos se refleja muy bien en la versatilidad con la que Lusine apuntala sus álbumes, con canciones que no acaban de ser puramente etiquetables en alguno de los numerosos subgéneros de música electrónica. Más bien al contrario, lo interesante de sus producciones es atender con el oído bien afinado como los conjuga entre sí, tomando prestados recursos por ejemplo de la IDM, y barnizándolos con finas capas de house que hoy vertebran su música.

Respecto a su anterior trabajo, notable por cierto, A Certain Distance, el estadounidense ha decidido apostar por un sonido más accesible si cabe, puesto que su anterior LP ya lo era más fácil a la escucha respeto a los lanzamientos anteriores. De nuevo, un buen ejercicio de equilibrio entre géneros, aunque esta vez haya tirado del carro el señor house más de lo habitual. Jeff McIlwain, su nombre de pila, demuestra una vez más la capacidad de crear ambientes intensos sin tener que recurrir a previsibles y manidas técnicas de épica en las que se enzarzan muchos productores.

Igualmente, construye cortes con mucho poso pop o deep house con sus correspondientes líneas vocales, quién lo iba a decir conociendo su pasado de ambient abstracto. Después del destierro voluntario del IDM al que él mismo se ha estado sometiendo voluntariamente, se le nota en plena madurez compositiva, desequilibrando según le interese la ecuación de la que viene haciendo gala en sus últimos trabajos, en la que combina con acierto y maestría diferentes géneros. Por la parte que le toca, esas gotas de IDM de las que un día fue voluntarioso valedor, y por otras la puerta más accesible con el pop y el house que escuchamos en este largo.

Lusine continúa controlando los ambientes a su antojo

Es fascinante comparar The Waiting Room con el pasado más lejano de Lusine, cuando el camino que había elegido era el de un acid no muy ofensivo y una paleta sonora de luminosos aguijones IDM. De hecho no se llamaba Lusine, sino L’Usine. Y viendo el resultado de aquella época, podríamos tirarnos del pelo a priori por el giro de 180 grados que el tejano ha perpetrado. Pero es algo que haríamos si hubiese tirado por la borda su pasado. Y este no es el caso.

Si bien es cierto que este álbum, como el anterior, tienen poco que ver con las producciones que un día ejecutó, su maestría sigue latente a la hora de dominar los ambientes, sólo que ahora más que densos o vívidos, lo mismo contienen un exquisito gusto por un house que está en la órbita del synth pop de Maps en ‘Get The Message’, que una muestra de bases techno con buen pulso en ‘On Telegraph’. Los cambios en electrónica siempre son arriesgados, pues no es fácil dar una vuelta de tuerca a tus producciones y seguir contentando a tu público. Pero al fin y al cabo, los sintes suelen no decepcionar.

En este sentido, el productor estadounidense puede que haya sufrido algo de talibanismo por parte de sus seguidores con los cambios en su modus operandi, pero sin entrar a analizar si esta faceta o la otra era mejor (a mí por ejemplo me gustaba más como L’usine), hay que reconocer que ha sabido desenvolverse con total soltura fuera de las atmósferas más experimentales y abstractas. En temas que no son ninguna joya pero que suenan rematadamente bien como ‘Stratus’, combinando beats houseros con detalles que huelen a IDM y a acid primigenio, Lusine sale vencedor de cualquier posible detractor.

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Siguiendo la línea de su antecesor, Lusine vuelve a demostrar la regularidad que de él se espera, con un álbum bastante regular en el que conjuga fórmulas de distintos géneros, sin acabar de eliminar su pasado, haciendo de The Waiting Room un trabajo consistente, que no desvaría ni se sale de madre en ningún momento por intentar mezclar radicalmente géneros opuestos. Un trabajo propio de un tipo que está en plena madurez compositiva y que ha elegido alejarse de ambientes más complejos para sonar más accesible. De momento no falla.

Sitio oficial | Lusine

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