Lux Interna — There Is Light In The Body, There Is Blood In The Sun: el Country se pasa al reverso tenebroso

Desenfocadas, con escasa resolución y quemadas en un frío color sepia aparecen las imágenes que Lux Interna comparten con nosotros en su tumblr. Como si de un acto premonitorio se tratase, esa frialdad, esa oscuridad y ocultismo presente en estas imágenes, se tornan en un perfecto adelanto de lo que el no iniciado puede encontrarse, sonoramente, en There Is Light In The Body, There Is Blood In The Sun, un disco en el que oscuridad y luz se enfrentan mientras heridas por las que brota la sangre son tratadas a base de alambre como sutura y bourbon como embriagador calmante.

Quien sabe si deudores del aura emanante de mil y un proyectos en los que músicos afines al Black Metal transportan su querencia por la oscuridad, la estepa y la mitología al mundo del folk (véase Wardruna, por ejemplo), Lux Interna se apropian de la imaginería perteneciente al choque cultural entre colonos británicos y nativos norteamericanos, un choque cultural que, junto a la posterior segregación racial y la intrínseca y oculta mezcolanda sanguínea, acabaría definiendo géneros como el Blues o el Country. Y es de esa apropiación y de su particular interpretación de diversos sonidos canónicos de donde surge There Is Light In The Body, There Is Blood In The Sun, un tortuoso pero reflexivo paseo por oscuros bosques al pie de las Montañas Rocosas siempre con los desiertos del sur en la mente. Con los desiertos y con todo lo que ejemplifican.

Lisergia y oscuridad a partes iguales

Y es esta particular mirada a una mitología joven pero estimulante lo que Joshua Levi Ian y Kathryn Gentzke nos ofrecen en el cuarto álbum de la carrera de Lux Interna. Un álbum para degustar con calma, para perderse en sus mil y un rincones y para trasladarse mentalmente a un ritual en el que Blueberry (el teniente, o quizás el cogollo) podría ser perfectamente uno de los protagonistas.

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Mientras algunos definen a Lux Interna como una banda de ‘Cocaine Blues’, yo entiendo mucho más exacta y ejemplificadora la inclusión del dúo en ese conjunto de bandas que se mueven por esa delgada línea que separan el Rock Gótico del Country más oscuro y lisérgico siendo, como todos ya sabréis, don David Eugene Edwards, el principal y más venerado miembro de tan selecto y admirado club.

En deuda con David Eugene Edwards

Jugando con oscuras atmósferas, susurros cortados por graves entonaciones e instrumentos pertenecientes a la música tradicional norteamericana, los Gentzke marcan diferencias con 16 Horsepower por poseer un sonido quizás menos teatral y un tanto más complejo, y con Wovenhand por la menor prominencia de la distorsión en las guitarras y por profundizar, aún más, en la marcada ritualidad religiosa.

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Otras de las referencias que, inevitablemente, pueden acabar viniendo a nuestra mente es el Nick Cave más siniestro y gótico de discos como Let Love in o Tender Prey, tanto por ciertos desarrollos y arreglos como por el trabajo vocal de Joshua Levi, quien por momentos se acompaña de parafraseos o coros de su esposa en los pasajes menos oscuros de un álbum en el que, como su título avanza, la luz va ganando espacio desde el despertar del alma hasta su ascensión al firmamento.

En aspectos técnicos y compositivos se aprecia claramente que la querencia del dúo por composiciones complejas y ricas en matices viene acompañada de un acertado trabajo en aspectos interpretativos, logrando transmitir con claridad todas las emociones que inundan un álbum que es precisamente eso, emoción pura, dramatismo y lisergia. Sin embargo esa complejidad acaba jugando en contra del resultado global pues la misma acaba conllevando un ‘artificial’ alargamiento de varios temas (en la segunda mitad del álbum), el cual puede acabar desenganchando a un oyente ocasional.

7.7/10

A pesar de que las frías atmósferas que pueblan There Is Light In The Body, There Is Blood In The Sun puedan enfriar los primeros acercamientos al álbum, es innegable que temas como ‘Tongues’, ‘Wounden Stag’ o ‘Blackbird’ ofrecen recompensa más que suficiente a aquel que persevere, encontrando en el cuarto disco de Lux Interna un magnífico complemento a los últimos discos de Wovenhand y un reverso reflexivo y lisérgico a la obra del canalla Hank Williams III.

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