“Lykke Li” src=”http://img.hipersonica.com/2012/03/Lykke.jpg» class=”centro” />

Lykke Li es una de las cantantes más auténticas con las que nos hemos topado por aquí. Ese halo etéreo, de dulce misterio que la envuelve y la atmósfera que crea en todos y cada uno de sus temas son sus mejores bazas a la hora de conquistar. Y le funcionan a la perfección, sólo hace falta escuchar Wounded Rhymes, su segundo disco, para enamorarse de las más que obvias cualidades de esta mujer.

Este trabajo se publicó en febrero del año pasado, y puede decirse que en lugar de explotarlo con ocho singles — lo habéis visto igual que yo -, Lykke Li ha optado por una discreta y justa promoción que en ningún momento ha tonteado con la sobreexposición por la que muchas veces nos vemos desbordados cuando aterrizan discos de una calidad notablemente superior a la media.

Sin embargo, muchos tenemos ganas de más. Todavía no ha dicho palabra sobre un posible tercer disco, pero viendo que la separación entre el primero y el segundo fue de tres años, seguramente la sueca siga a su ritmo y nos deje en ascuas unos cuantos meses más. Pero hasta entonces, podemos ir consolándonos con pequeñas píldoras en forma de colaboraciones como la que ha firmado con sus compatriotas, Deportees, en ‘A New Name to Go By’.

Después de escucharlo, este tema da la sensación de ser una colaboración de la banda en un tema firmado por ella, y no a la inversa. Y es que uno de los mejores rasgos artísticos de Lykke Li es la poderosísima personalidad que infunde a todo lo que hace, cómo se expande casi líquida por la canción hasta convertirla en propia. Sólo nos queda esperar que esta vez no se tome las cosas con tanta calma.

Vía | Pitchfork