Dicen que las opiniones son como los culos, que cada uno tiene el suyo y yo, la verdad, por más que he buscado, no termino de hacer que la mía se parezca a la de tantos y tantos fans al respecto de Rebel Heart, el último disco de Madonna: nunca pensé que los culos pudieran ser tan diferentes.

Es cierto que Madonna siempre ha sido la Reina del Pop; el espejo en el que se han querido mirar todas esas princesas y aspirantes a princesas, pero, ¿nadie se ha parado a pensar que, llevamos demasiado tiempo en que es la Reina la que se mira al espejo de las princesas?

Madonna, de seguida a seguidora

No hay más que echar la vista atrás. Hubo un tiempo, hace unos años, en que Madonna señalaba con su dedo a un productor, hasta el momento “de segunda”, y convertía en oro todo lo que éste tocara. Que le pregunten a William Orbit, si no…

Eran tiempos en los que Madonna ponía su instinto y su música, y el productor le añadía arreglos vanguardistas, que la hacían sacar la cabeza por encima de las de la muchedumbre. Una reina paseándose entre la plebe sobre su silla de mano, mirando a todos por encima del hombro.

Su música resultaba diferente, fresca, pop al fin y al cabo, pero destacando por poder presumir de no ser un simple “más de lo mismo”. Diría que esa etapa llegó hasta Confessions On A Dance Floor. A duras penas, porque la fórmula ya mostraba signos de agotamiento un poco antes, con American Life, pero ‘Hung Up’ fue una buena muestra de que la cosa todavía funcionaba, y que a Madonna le quedaban algunas buenas ideas, como la de samplear a ABBA.

Hubo un tiempo en que Madonna señalaba con su dedo a un productor, hasta el momento “de segunda”, y convertía en oro todo lo que éste tocara

Por eso, si el pop de masas es un mundo en el que la personalidad es un bien escaso, ¿por qué no reforzar la tuya propia? ¿por qué no apostar por una misma? Entendamos que Madonna no es productora, pero, porque dejar que, desde hace unos discos, metan mano tantas y tantas personas a su música?

Cada uno de su padre y de su madre, con un estilo diferente y queriendo aportar lo que a ellos les parecía, el resultado es que de Hard Candy no se acuerdan más que los fans. MDNA es quizás uno de los peores discos que nos ha dado la Ambición Rubia, recordado casi más por la peineta de M.I.A. en la Super Bowl, y Rebel Heart… Rebel Heart, al menos para este servidor lleva el mismo camino y es otra colección con sus momentos, aunque más bien prescindible, por mucho que mejore un poco lo escuchado en la entrega anterior.

De entrada, tenemos una mala estrategia a la hora de preparar el disco. No entiendo cómo, una artista que dispone de los medios de Madonna, capaz de pagar los honorarios de una horda de productores de primera fila, no sea capaz de mantener su material a buen recaudo. Y no se puede decir que a ella le haya pasado una sola vez, que dicen que de la experiencia se aprende.

La filtración de Rebel Heart más de un mes antes de su lanzamiento, por no hablar de la de las maquetas, un trimestre antes, ha sido un completo desastre. Nos ha dejado con un material ingente de trabajos sin terminar, que, como ella misma decía, dejan a su público potencial (no así a los fans convencidos, que ya sabemos que son legión), con una mala sensación. A mí al menos ha conseguido quitarme todo el interés que tenía en este lanzamiento.

Rebel Heart: demasiados estilos prestados

Luego está el asunto de los productores. Demasiados nombres (ella se lo puede permitir, claro), como los de Diplo, Ariel Rechtshaid, Avicii, Toby Gad, o MoZella, hacen que, en este álbum, Madonna se pasee por todos los estilos habidos y por haber. Desde su pop bailable y baladas habituales, hasta el twerking, pasando por el house más clásico o ritmos jamaicanos, dejando claro que, para tener al menos un acierto, lo mejor es dar todos los palos posibles a la piñata. Aunque sean 15 palos, como los de la edición estándar. Ó 19, de la edición Deluxe. Ó 25, de la Super Deluxe…

Madonna no tiene nada claro por qué vía tirar, así que tira por todas: total, maquetas había de sobra, y ya estaban filtradas, así que ya no iban a servir para un futuro próximo disco. La falta de personalidad propia en Rebel Heart se acrecienta por los diferentes estilos de tantos y tantos temas, con cada productor llevando a su terreno cada tema de los que han trabajado, y dejan la sensación de un álbum hecho a retales; muchos retales. Demasiados.

Madonna no tiene nada claro por qué vía tirar, así que tira por todas: total, maquetas había de sobra, y ya estaban filtradas, así que ya no iban a servir para un futuro próximo disco.

Para colmo de males, Madonna no parece consciente de estar a punto de entrar en los 60, sus 60. Sigue tratando de sonar a la última (no sé si haber aprovechado el consejo de sus hijos era la estrategia más apropiada) y es ella la que termina mirándose en artistas jovencísimas del panorama actual, cuando antaño eran las artistas más jóvenes, las aspirantes al trono, las que tenían su imagen en una capilla a la que ir a rezar. El resultado es un disco forzado en muchos momentos, con estilos que ni le van ni le vienen, que la alejan de la Madonna de otros tiempos, la que si nos hizo tilín a muchos a los que el twerking y otros tantos engendros de hoy día no nos interesan lo más mínimo. Es la misma historia que la de esos padres que tratan de hacerse los modernos, de rebajar su lenguaje y sus intereses a los de sus hijos adolescentes, y en lugar de ser el padre guay que pretenden no consiguen más que hacer el ridículo.

De cualquier forma, concentrados al principio de Rebel Heart, hay unos cuantos temas muy, muy dignos, capaces de mirar por encima del hombro a casi todos los de MDNA. Sin ir más lejos, el primer single, ‘Living For Love’ es justo el de la Madonna que deberíamos tener. Bebiendo de su propio pasado, haciendo honor a una discografía como la suya, volviéndose de nuevo hacia los 90 y recogiendo influencias de temas como ‘Vogue’ o ‘Like Prayer’ sin ocultar del todo el toque moderno de Diplo. Esto es exactamente lo que todo Rebel Heart debería haber sido y no es. Aunque incluso en el momento estelar del disco, se nota que las ideas escasean, porque ‘Living For Love’ está muy lejos de ser el himno que Madonna necesitaba para escapar del sino que parece haberle traído el 13, el número que hace este disco en su carrera. Con temas así, los fans de toda la vida se sentirán más que satisfechos, pero de pescar nuevos peces hay que olvidarse: no tiene el gancho de hits pasados más recientes, como ‘Hung Up’ o ‘Music’.

El toque del Avicii de influencias bluegrass y country queda patente en ‘Devil Pray’, aunque también queda hueco para su faceta más pistera a medida que la canción avanza. Otro de los imprescindibles del disco que recuerda por momentos a la época de Music y, sobre todo a ‘Don’t Tell Me’, aunque una vez más, sin el gancho de aquella.

Pocas pegas se pueden poner a un baladón como ‘Ghosttown’, aunque, si bien, la parte mejor producida del álbum es la que firma Diplo (un total de cuatro cortes), en ‘Unapologetic Bitch’, este abusa demasiado de su faceta Major Lazer y de electro-reggae, y los “zumbidos de mosquito” hacen de la Ciccone esa caricatura de una persona de cincuenta y tantos años que no es capaz de asumir que ya no es ninguna niña. Tú no eres esto, Madonna, y no necesitas serlo.

Nunca un tracklist fue tan excesivamente largo

Illuminati’ viene con colaboración de Kanye West incluida, y, una vez más se salda como una innecesaria oda al bajo gordo que nada tiene que ver con lo que queremos escuchar de ella. Mismos bajos gordos que se unen al twerking y a los molestos sonidos de moscas trompeteras de ‘Bitch I’m Madonna’, que, además tiene la típica letra de autoafirmación marca de la casa: ya sabemos que eres la más grande. Quizás a Nicki Minaj, que vuelve a colaborar con la Ciccone aquí, si haga falta recordárselo, pero los demás no lo necesitamos una y otra vez.

Hold Tight’ vuelve a subir el listón a un nivel muy alto, (esta es la Madonna que queremos escuchar) una vez más bajo la producción de Diplo, aunque es precisamente esa producción la que la hace pecar de falta de originalidad, porque el DJ y productor se la lleva tanto a su terreno que parece un clon del ‘All My Love’ que entregaba para la BSO de Los Juegos del Hambre, Sinsajo Parte I junto a Ariana Grande, y, en parte también de ‘Lean On’, el último single de Major Lazor. Menos mal que esos no se pueden considerar malas referencias, aunque Madonna debía haber sido la primera y no “ir a remolque”.

Al menos, tenemos algún corte en el que Madonna nos muestra sus debilidades y deja claro que también es humana, como ‘Joan Of Arc’, que además es otra de las mejores baladas del disco. Otro de los momentos de autobombo es ‘Iconic’, en el que Madonna se deja acompañar por Chance The Rapper y, testimonialmente, por Mike Tyson, en el que es quizás el tema más urbano de Rebel Heart, y que nos recuerda sobre todo que ahora es Madonna la que se tiene que mirar en otros iconos más que marcar el camino.

Tampoco faltan a la cita las referencias a la liberación sexual femenina que la han hecho ser un verdadero icono de la cultura pop. Ahí están otra de las baladas imprescindibles del disco, ‘Body Shop’ o, sobre todo ‘Holy Water’, en la que entre cunilingus y fluidos corporales Madonna aprovecha para dar también su ración antireligiosa, poniendo la boca del mismísimo Jesucristo entre sus piernas, si bien por el estilo de la canción en sí, pensaríamos antes en Kylie Minogue que en ella.

El final de la edición estándar tira por la vía de la balada y el medio tiempo con ‘Inside Out’, ‘Wash All Over Me’ y ‘Best Night’ como broche final de un tracklist demasiado extenso ya de por sí. De entre ellas, sin duda la más destacable es la primera de las tres, aunque también es la más estándar. Mucho más original es la última.

En el resto de ediciones, también hay algún tema rescatable, como ‘Veni, Vidi, Vici’, junto a Nas, ‘Rebel Heart’, que aún dando título al disco se ha quedado fuera del tracklisting principal, o ‘S.E.X.’, aunque en esta última vuelve a sonar más a Kylie Minogue que a Madonna.

5/10

Al final, Rebel Heart es un disco que, aunque mejora al anterior, se hace demasiado largo y termina aburriendo. Son demasiados los estilos que intenta acaparar, dejándonos con la sensación de estar hecho a base de parches. Para colmo de males, el estilo personal de Madonna se disuelve completamente entre el de tanto productor y hay momentos en los que uno no tiene claro si está escuchando a algún rapero, a la Minaj o la Minogue.

Lo otros recursos tampoco funcionan. Hoy por hoy, las referencias sexuales, e inconformistas están más que superadas. Ya no se es atrevido o transgresor por hacerlas: estamos más que acostumbrados. Y tampoco funciona demasiado bien el mantra de “soy la más grande, soy la más grande”; ya tenemos cientos de raperos diciendo lo mismo una y otra vez.

Mal asunto cuando una es la reina de lo que sea. Si una recuerda demasiado a las princesas, la caída del trono no puede más que estar cerca y, quizás la reina tenga que agradecer que no le hayan quitado ese trono, no porque ella no haya hecho méritos para perderlo, sino porque no ha habido nadie con el suficiente carisma como para arrebatárselo.

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