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Manos de Topo — Caminitos del deseo

En solo cuatro discos, han conseguido que muchísima gente que apenas los ha llegado a escuchar con detenimiento los odie. Bueno, en realidad lo consiguieron ya con el primero. Cuando tu apuesta llega a un término tan excesivo, a veces es lógico que salga mal. No es nuevo, escuchando a Manos de Topo uno o se queda prendado o sale espantado. Pasó antes, y sigue pasando en Caminitos del deseo (Collar de macarrones, 2014), el cuarto disco de los barceloneses, primero en su propio sello. Pese a los haters, lo cierto es que a Manos de topo no les ha ido nada mal en el conjunto de su carrera, por lo que no cabría esperar que ahora, de repente, la fórmula fuese a cambiar demasiado, y descubriésemos que la voz de Miguel Ángel Blanca podría adoptar otro timbre, y esos que los odiaban se reconciliasen con ellos.

El camino a la madurez de Manos de Topo… o no

No, como digo, las cosas siguen igual, instaladas en un nivel medio más que notable para los que comulgamos todos los domingos en la misma iglesia que ellos, y sin que Caminitos del deseo vaya a poder sumar ningún nuevo creyente a la causa. ¿Todo sigue igual?. No, todo no. Además de “hazlo tú mismo” que deja entrever lo de crear tu propio sello, parece que dentro de la temática letrística de Manos de Topo, marcada por el fracaso amoroso, por un cierto revanchismo contra esa pareja que tanto daño te había hecho (introduzca su queja micro), y las metáforas sexuales tan explícitas como divertidas. Además, ahora, el derrotismo y el paso a una edad adulta incontestable se cuela entre sus versos. O eso intuimos desde aquí.

Aunque lo prohíban, es difícil no caer ante los encantos de canciones con estribillos como los de ‘Ingeniería Nupcial’ o la fuerza oscura de ‘Islas de luz’

Así se adivina en el rigor, en la sobriedad de ‘Fantasmas de tus agujeros’, por mucho en la letra se lea la necesidad de no mirar al pasado con rencor, siempre visto desde el punto de vista surrealista (me había prometido no utilizar la palabra de marras, y aquí tenéis) habitual. Seña de identidad. Prohibido enamorarse, incluso a pesar de que debajo de tu falda invoquen a Satán. En el infierno no se está tan calentito. Aunque lo prohíban, es difícil no caer ante los encantos de canciones con estribillos como los de ‘Ingeniería Nupcial’ o la fuerza oscura de ‘Islas de luz’

Tampoco es que Caminitos del deseo no tenga puntos débiles, pero lo cierto es que tardan en llegar, y, mientras, se imponen temas tan cuidados en lo melódico como ‘Tus bombas del Liceo’ con esas percusiones llenas de una energía que contrasta con el desánimo de las letras. También el tema que da nombre a su nuevo sello, ‘Collar de macarrones’ con ese inicio misterioso, que, aunque no es impropio de Manos de Topo, recordaría más a bandas de otro corte, hasta que todo vuelve al hilo conductor habitual.

Me he dejado el bigote en el lugar equivocado,
debajo del ombligo no oculta mis pecados.

Antes del leve bajón de ‘Virgen consagrada’ queda todavía tiempo para otra gran canción, la dura ‘Bragas bandera’, un canto de desazón y angustia que inquieta tanto como gusta.

7.7/10

Como decimos, existe algún momento más prescindible hacia el final, como ‘Abríguense los solteros’ cuya escucha se me hace algo anodina y pesada, a pesar de lo corto de su duración. Un bache del que Manos de Topo se rehacen en el brillante último corte, ‘Un último esfuerzo’, con letra especialmente atrayente. Resultado final, el habitual. Manos de Topo se mueven en un terreno en el que están muy cómodos y en el que mantienen una regularidad fantástica, más allá de los matices de diferencia que queramos buscar entre sus discos, como este abrazo a la madurez de Caminitos del deseo. Reconquistaremos la República Popular de vuestro bajo vientre, sin que nos sorprendáis con la química en la punta de la lengua. El amor era esto.

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