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Marianne Faithfull — Give My Love To London

“Give my love to London / Tell them I’ll be there soon / Meet me in Picadilly / and we’ll dance by the light of the moon”. Marianne Faithfull arranca plácidamente su vigésimo trabajo, como dando a entender que va a hacer el disco que se espera de una artista a su edad. Un disco para comprar en El Corte Inglés, poner en el Volvo al ir a buscar a los niños al colegio y luego guardar en casa en la estantería de roble envejecido, justo entre el CD de Diana Krall y el de Il Divo. Un disco bonito. Abre la muralla. Suerte que a esta señora todo eso le importa un carajo y, en cuanto empieza a entrar en detalles, la cosa pronto toma un giro hacia terrenos pantanosos: I’ll visit all the places / I used to know so well / From Maida Vale to Chelsea / Paradise to Hell. Marianne se toma el primer whisky, te agarra del brazo y te lleva con ella. Bastante sorprendida está de seguir viva a estas alturas como para andarse con historias.

Enseguida empieza la velvetiana ‘Sparrows Will Sing’ y vemos a la Faithfull de la presencia imponente, la voz cavernosa, y las maneras de madrastra de Blancanieves, la que da auténtico miedo cuando berrea machaconamente aquello de “The thoughts in your heart / sicken me” en ‘Mother Wolf’. Su actitud, casi siempre entre el “no tengo tiempo para tonterías”, el “te vas a enterar” y el “hago lo que me da la gana, incluso cuando me lo imponen” conforma, claro, un disco de divorra: afectado, excesivo, dramático, monumental. Pero cuidado, que la teatralidad no le resta un ápice de valor: Faithfull se cree a su personaje (o viceversa, lo mismo da) y el resultado es un disco enérgico, lleno de intensidad y casi de furia durante buena parte de su extensión. Y te la crees. Entre otras cosas, porque no tienes otra alternativa.

Te la crees cuando sobreactúa vociferando ese “True lies / From your twisted little mind!” en ‘True Lies’ y también cuando se muestra vulnerable, al borde de la súplica en la ciertamente hermosa ‘Love More Or Less’. Faithfull sigue siendo una excelente intérprete de canciones de otros y parece capaz de llevarse a su terreno (evitando la caricatura en un juego más bien arriesgado) incluso cortes tan reconocibles y propios como los que la ha escrito Nick Cave para este trabajo, que se aciertan casi sin mirar los créditos, pero que ella consigue dominar como una presencia espectral, casi fantasmagórica, en medio de la atmósfera insana que él le ha servido en bandeja.

7.8/10

Give My Love To London, el disco en el que aprovecha para ajustar algunas cuentas con el pasado (con el suyo y con el de sus personajes) confirma, en fin, el insultante momento de forma de una artista como Marianne Faithfull a quien lo más normal habría sido dar por amortizada hace muchos años. Quizá un peldaño por debajo de aquella joya canción por canción que fue Horses and High Heels (Dramatico, 2011) pero manteniendo ese aura de excelencia y ese complicadísimo equilibrio entre versiones y originales (si el disco se tiene que romper, que se rompa, pero que no sea por esas dos trincheras), la dama vuelve a echar abajo todos los fundados prejuicios contra los discos de viejas glorias plagados de colaboraciones. Y hasta tiene tiempo de llamarle lazy bastard a Leonard Cohen. Si queréis más, vais y se lo decís.

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