“Marina and the Diamonds” src=”http://img.hipersonica.com/2012/05/MarinaATDElectra.jpg» class=”centro” />

Marina and the Diamonds pertenece a la quinta de Ellie Goulding y compañía, esa nueva hornada de artistas inglesas con ganas de darle al pop comercial una nueva identidad desde el viejo continente. Dice tener a Kate Bush y PJ Harvey como referentes, pero con una intención que muy poco tiene que ver con el barroquismo de la una y el espíritu más cercano al folk de la otra. Lo que sí es obvio es su deseo de alcanzar lo que ya han conseguido otras como Adele o Lily Allen, aunque por un camino más ácido e irónico, al menos en su nuevo trabajo, Electra Heart.

Pongámonos un poco en antecedentes. Marina fue dejando dosis de lo que podríamos esperar en este disco a través de sus redes sociales y el clásico Youtube, construyendo de esa manera una base sobre la que podríamos gestionar nuestras propias expectativas. El concepto detrás de Electra Heart — que sea un esfuerzo comercial no implica que detrás no haya creación artística — gira en torno a cuatro arquetipos o personajes que ella ha creado con el paso del tiempo y que se ejemplifican en cuatro de los temas del disco.

Si combinamos estas cuatro facetas femeninas con la idea de poner en evidencia lo que ella llama las mentiras, ilusiones y muerte de las ideologías americanas que derivan en la corrupción del ser humano, lo que tenemos como resultado es una sucesión de avatares en los que la protagonista reacciona exactamente como esperarías. La crítica aquí surge de ponerse exactamente en lo que se deplora, y la ironía se convierte en un hilo conductor.

La hembra antojada, caprichosa, promiscua

Si hay algo que tienen en común estos cuatro personajes de los que hablamos son precisamente esos tres adjetivos. Tanto la adolescente confusa que aparece en la parte media del disco en ‘Teen Idle’ como la fémina que desea las joyas de la corona puestas a los pies de su cama con la que se abre el tracklist.

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Si nos redujésemos a la idea y a la filosofía, si queréis llamarla así, que da lugar al disco, posiblemente dejaríamos de lado una de las partes más importantes, por no decir la única que verdaderamente cuenta. Lo mejor de Electra Heart no son todas esas justificaciones y planteamientos, que a la larga, cuando escuchas el disco, no pasan de anecdótico. Lo mejor que encontramos en este álbum son las canciones que divierten, que terminan siendo un subidón y que a la vez, destilan toda esa ironía paródica en su mejor ángulo.

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Por supuesto, no puede quedarse fuera de esta parodia del tópico de la mujer, el clásico paradigma de la destrozahogares, la lagarta que impunemente roba al novio, marido o amante sin tener más razón que el hecho de que puede hacerlo.

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Los hits están ahí, exhibiéndose impúdicos en la primera parte, apretando el paso y sin descansar. Más allá del ecuador nos topamos con los dos temas reseñables de la segunda mitad en este sentido; el primero es ‘Living Dead’, mientras que el segundo ya ha sido anunciado como segundo single, ‘Power & Control’. El pop de los ochenta resuena entre los acordes de este tema, quizá en gran parte gracias al sintetizador, una de las constantes de prácticamente todo el tracklist.

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Pretendida delicadeza

Me gusta la Marina agresiva, descocada, provocativa, autoparódica. Ésa que nos encontramos en ‘Primadonna’, ‘Bubblegum Bitch’ o ‘Homewrecker’. Sin embargo, cuando levanta el pie del acelerador, cuando se apea de los tempos apretados, resbaladizos y cae en ritmos más cercanos a la balada, la diversión se desvanece, deja de interesar lo que cuenta al no ir sujeto por ese puñetazo en la mesa instrumental.

El primer pero perdonable bajón lo pega en ‘Lies’. Colocado estratégicamente en la tercera posición, no es un resbalón en toda regla y consiguen auparlo sus vecinos anterior y posterior. Del mismo modo se disculpa ‘Starring Role’, un ejemplo de cómo un tracklist bien organizado puede ayudar al verdadero lucimiento del disco, mientras que uno descuidado hundirá el conjunto sin remisión grupal.

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Pero la parte más floja y sin excusa posible la compone el último tercio. ‘Teen Idle’ salva los trastos por los pelos, pero tras este tema caen ‘Valley of the Dolls’, ‘Hypocrates’, que casi parece un tema de relleno de Katy Perry, y ‘Fear and Loathing’. En los tres, los más remarcable en común es el exceso precisamente de lo que en otros temas ha resultado tan bien. La influencia del synth-pop le ha salido, salvando las distancias, como a Lady Gaga en su último disco, y es que este abuso hace que se desluzca el estilo, que se diluya todo lo que se ha intentado lograr en el disco, el encontrar esa personalidad propia que es lo que hacer que un disco realmente sea memorable.

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Electra Heart es tremendamente entretenido siempre que nos restrinjamos a los temas más animados, con alguna excepción puntual para los medios tiempos, claro. Marina and the Diamonds triunfa en los momentos de subidón, en los que además ha logrado que lo que cuenta importe y forme un todo con la parte instrumental. ¿Pop comercial con mensaje? Quizá no tanto, pero sí con historia, con perspectiva y sin descuidar la parte más decadentemente divertida.