“Marissa Nadler” src=”http://img.hipersonica.com/2012/06/MarissaNadlertS.jpg» class=”centro” />

No creáis que soy la primera en comparar a Marissa Nadler con alguna figura mitológica. Parece que a la crítica en general, cada vez que la escuchamos, no podemos evitar recurrir a los personajes de las antiguas religiones homéricas para ilustrar las sensaciones que produce esta gran artista. Con seis álbumes a sus espaldas y ocho años de carrera — firme, regular y por momentos brillante -, esta norteamericana ha sabido crear paisajes sonoros de ensueño, envolventes y cautivadores.

The Sister es su sexto disco de larga duración. Lleva dejando disfrutar a todo aquel que quiera de su trabajo online desde el pasado mes de mayo, y se ha implicado activamente en las labores de distribución de su compañía, que gestiona ella misma, cuidando cada pequeño detalle y, por supuesto, conocedora de la pasión del público más independiente, preparando una bonita edición en vinilo.

De la mano por una nebulosa onírica

Marissa Nadler sabe que su punto fuerte es su magnífica voz. The Sister está construido en torno a esta etérea virtud, un viaje progresivo por un mundo más allá de éste, de atmósferas de duermevela donde aparecen imágenes universales para todos: recuerdos, momentos pasados y fantasías futuras que pueblan el subconsciente y que florecen de la mano de esta voz mitológica.

El tracklist abre de manera magistral con ‘The Wrecking Ball Company’, para mí el mejor corte de todo el álbum y el más representativo del arte de esta mujer. Una maravilla de armonía, discordante por momentos, que te sumerge sin necesidad de recurrir a una lírica que subraye la intención.

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En este álbum, las letras ocupan su lugar en el perfecto engranaje, son la línea de flotación que se complementa a la perfección con unos instrumentales extraídos más del dream-pop de los ochenta pero matizados, y mucho, por el tenue matiz del folk que lima picos estridentes y da a todo un aire algodonado.

La propia Marissa habla sobre cómo en este trabajo los estados de ánimo, las situaciones personales y en general, la vida al uso, la han condicionado como compositora, y cómo ha conseguido integrarlos no sólo en las letras, sino en la unión entre música y palabra.

Para The Sister, me di cuenta de que tenía musas a mi alrededor, como son la infancia, la traición, las amistades, el nuevo amor, o la esperanza. La narración ahora es más potente en mis canciones […]. Quiero que la crudeza de cada canción refleje el contenido de la letra.

Si ésta era su principal meta, The Sister la cumple a la perfección. No hay un sólo corte descolocado en este aspecto, ninguno en el que letra e instrumentación no sean el matrimonio ideal. Y que cite como influencia directa de esta necesidad de confesar en cada estrofa un deseo o preocupación interna a Joni Mitchell es una redundancia.

She did like the summertime too much, 

and knew she could love again.

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Difuminando los límites

No llegué a la sesión de grabación con canciones pop. Esta colección es mucho más del estilo de disco que haría Leonard Cohen o Sybille Baier que cualquier otro de mis discos. Sólo quería la calidez de mi voz y el sonido de la guitarra. Hay algo de instrumentación pero no mucha.

La creación de atmósferas es uno de esos pilares fundamentales para que un disco deje poso. Y al contrario de lo que parecen intentar otros artistas, en Marissa Nadler es clarísimo que menos es más. No hay un instante de silencio en sus discos, son ausencias de sonido plenas, ecos que flotan en el ambiente y que te acompañan, con firme constancia, a lo largo del corto tracklist — tan sólo ocho temas que pasan volando.

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Son momentos con cuentagotas, proporcionados con una inteligencia emocional admirable y que van dejando cada uno una huella que no termina de aclararse, una sensación difícil de interpretar pero aún más de sacudirse. Son historias que conectan con una parte de todos nosotros por lo universal, como las grandes tragedias griegas o isabelinas.

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‘Your Heart Is A Twisted Vine’ es la única canción antigua del disco. Pese a que la escribí hace muchos años, todavía me siento conectada a ella y quise ver si podíamos hacer una buena versión en el estudio. Las partes de guitarra de Carter Tanton en la versión del álbum hacen que la canción sea mucho más espectral y fantasmagórica.

No sólo esta canción se mueve en los parámetros que explica su creadora, prácticamente todo el tracklist está en esa delgada línea — no sé si roja — que separa lo real de lo onírico, y Nadler juega en ella, cayendo en la mayoría de las ocasiones del lado más cercano al mundo de los sueños.

Marissa Nadler se afirma, en cada disco que produce, como gran compositora y agudísima autora. No le tiembla la mano a la hora de lanzarse a firmar un trabajo donde las bases rítmicas se trasladan de la percusión a la calidez de una guitarra y se deleita ilustrando con una voz capaz de llevarte de la mano a echarle un hueso a Cerbero, si es menester.

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