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Mark Lanegan Band — Phantom Radio

Todos aquellos que estéis familiarizados con la paciente carrera en solitario y llena de exquisitas colaboraciones de Mark Lanegan, ex-miembro de Screaming Trees, estaréis preparados para seguir defendiéndolo tras su nuevo trabajo. Pero seamos sinceros, en él no hay mucho de lo que podríamos esperar de una figura como Lanegan. En los últimos años ha hecho todo lo posible por alejarse de la etiqueta de padrino del grunge. Sus colaboraciones con Greg Dulli, Isobel Campbell, Queens Of The Stone Age o Soulsavers le han permitido ir abriendo su abanico estilístico y encontrar un camino propio tras su voz rota, abismal, algo recelosa. Junto a estas colaboraciones, tras un destacable Bubblegum (Beggars Banquet, 2004), grabó otro disco en solitario, el polémico Blues Funeral (4AD/Popstock, 2012), con el que consiguió una nueva generación de fans a la vez que nos mostraba que podía ser algo más que un hombre atormentado con un pie en el lado salvaje, pero con el que no consiguió dejar demasiada huella.

Demasiadas ideas en un mismo lugar

Puede que tengáis en mente un posible resultado de este Phantom Radio (Heavenly Recordings, 2014), pero lo que en Blues Funeral eran toques suaves de sintetizadores, aquí se vuelven protagonistas totales en canciones que se deleitan en escenas sórdidas y sombrías. Eso no implica que los sonidos palpitantes de los sintetizadores y la batería a los que Mark Lanegan ha recurrido en este nuevo trabajo, no alcancen buenos resultados a lo largo de las diez canciones que dan forma al disco, pero por momentos no suenan con naturalidad, ni siquiera con fluidez.

Phantom Radio, su segundo álbum en solitario en diez años, ofrece una oportunidad de escuchar a Lanegan con la cabeza en un territorio diferente, que no mejor. En recientes entrevistas ha hablado de su amor por la escena post-punk británica de los años ochenta (Echo And The Bunnymen, The Gun Club) y parece que se ha dejado llevar por sus nuevos ídolos y ha canalizado esas influencias para moldear su nuevo trabajo, dejando que un puñado de ideas hayan salpicado un disco que ni siquiera su exquisita voz podrá llevar a buen puerto.

Una sombría letanía en forma de canciones

Con la construcción de los patrones de batería para el álbum en su teléfono con una aplicación llamada Funk Box y empujando los sintetizadores a la palestra, Mark Lanegan va dando forma a un disco que se muestra como un trabajo de amor a una época pasada pero con un sonido que en ocasiones se escucha distante, a pesar de la calidez de su voz, que no consigue emocionarnos como esperábamos que hiciese.

El álbum es una sombría letanía en la que hay una declaración de intenciones desde el principio. Con ‘Harvest Home’ nos dice con fuerza pero algo temeroso que está aquí por su cuenta, feliz de ser de piedra, con una profunda guitarra en primer plano que se fusiona con el sintetizador de fondo. ‘Judgement Time’, una lenta balada que recuerda a alguno de los temas de su anterior Blues Funeral, es un trágico confesionario impregnado de imágenes bíblicas y apocalípticas. Letras desesperadas, riffs discretos de guitarra y sintetizadores que se sienten demasiado cocinados por momentos van dando forma a temas como ‘The Killing Season’, ‘Torn Red Heart’ o instantes de brillantez como ‘I Am The Wolf’ o ‘Waltzing in Blue’, en donde para en algún lugar a medio camino entre la gelidez de Joy Division y la lúgubre oscuridad de Portishead. Para cerrar el disco, ‘Death Trip to Tulsa’, una unión con su trabajo previo, con sus raíces, una fuerte marcha que se acerca al rock con la que Lanegan evalúa una vida vivida con fuerza.

5/10

La marca de Lanegan está muy presente en todo lo que hace, incluso se extiende demasiado, llegando a dar forma a trabajos que suenan muy similares entre sí a pesar de su reciente afán por abrir nuevas puertas. Él mismo acaba encontrando matices instrumentales, toques poéticos para sus letras y melodías que llevan a cada corte a destacar la cálida tristeza que transmiten, (porque la electrónica y los sintetizadores han aflorado esta vez, pero, Mark, deja que la música de otros suene en la pista de baile) con una voz que canta con hastío e intensidad. Muchos lo tacharemos de haberse subido a una acomodada rutina musical, pero si las canciones siguen manteniendo calidad y pasión, dejémosle seguir en esa rutina tanto como pueda.

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