Mark Lanegan — No Bells on Sunday

Si Mark Lanegan fuera deportista, su rol sería claramente el de ser un jugador de equipo, no la superestrella que a base de talento y actitud te remonta casi él solo un 2–0. Si está bien rodeado y el sistema le favorece, te va rendir bien el 95% de las veces. Si llega un club gordo o uno con muchos petrodolares y lo ficha para hacerlo esa superestrella sobre la que edificar un equipo que juega de manera diferente a la que tan bien se amoldaba, su rendimiento baja. El mismo jugador de segunda unidad de San Antonio Spurs que tan bien se sabe el libreto, que suelta bien la muñeca desde la línea de tres, que cuando menos se lo espera el rival le clava un extra-pass que se convierte en canasta segura y que se atreve con cosas inverosímiles termina de titular en otro equipo y da gracias si llega a los diez puntos por noche.

No me entendáis mal, la trayectoria de Lanegan es intachable. Para muchos, el pico está en los discos finales de los fabulosos Screaming Trees, pero ha sabido tener una trayectoria en solitario bastante sólida con un par de momentos excelsos y varios de saber hacer. No era Tom Waits pero ni falta que le hacía. No se aceleraba mucho publicando discos (sin contar colaboraciones), dejando periodos de tres o cuatro años entre cada uno o incluso ocho años, como sucedió entre el impresionante Bubblegum y el polémico Blues Funeral. Y es desde este último donde parece haber despertado un sentimiento de urgencia y de publicar mucho en poco tiempo, dando la sensación de que está tomando las decisiones equivocadas demasiado rápido.

Mark Lanegan, casi mejor nos esperamos al LP

En 2013 nos entregó dos flojetes esfuerzos que nos hicieron ver que aquel no era su año: el plomizo Black Puding con Duke Garwood y un disco de versiones, Imitations, que aunque aceptable, poco más tenía que aportar. Este año nos esperan dos trabajos más: un LP, Phantom Radio, para el 14 de octubre y un EP, No Bells On Sunday, que ya podemos escuchar. Visto lo visto en estas cinco canciones, mejor me espero al LP, porque aquí de Mark Lanegan veo lo justo. Y porque lo pone en la portada, que si me lo ponen con otro nombre ni me termino de enterar que es él.

No sé si estas cinco canciones serán descartes del disco que está por venir o que salen de las sesiones del Blues Funeral, pero se nota bastante el aire electrónico que le ha querido meter a estas canciones. No obstante, si en aquel disco ya se veía un Lanegan menos natural y poco fluido en este nuevo estilo, en este No Bells on Sunday las grietas se hacen más notorias y profundas. No sé si será porque no termina de arrancar en esta faceta que ha decidido llevar ahora o es que directamente el estilo no cuaja con la clase y magnetismo de lo que es la mejor arma de Mark Lanegan: su voz.

4/10

Aquí no vemos esa voz tan natural y desgarradora, sino a un Lanegan dócil y hasta temeroso de soltar una palabra más alta que la música que le rodea. Y no hablemos de las canciones en sí, que sólo salvaría ‘Sad Lover’, que tampoco es una maravilla. ‘Dry Iced’ es plana hasta decir basta, a ‘Smokestack Magic’ le sobra minutaje y ‘No Bells on Sunday’ y ‘Jonas Pap’ son soporíferas. Esperemos que en el disco que nos espera para octubre salga mucho mejor parado.

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