Desde el principio de su carrera discográfica hasta el final, Mark Linkous fue dictador de sus propias ideas. Se escondió detrás del nombre de un grupo, Sparklehorse, inexistente como tal, pero en realidad sus discos siempre fueron Mark Linkous y unos pocos invitados. Llegó por la puerta de atrás de una multinacional (Capitol) que le fichó para después no saber qué hacer con él. Y se fue, por desgracia, antes de lo previsto, la pasada semana, después de varios intentos de quitarse de en medio en una vida que no le resultaba nada maravillosa, pese al título de su tercer disco.

Hoy iniciamos en Hipersónica una serie de tres posts en los Víctor y yo mismo repasaremos una carrera prolífica y muy interesante, donde primero se mezcló el folk-rock con el indie noventero y después se abrazó el lujo de los arreglos y la maestría pop. Sirva como homenaje, pero también como queja: Mark, siempre nos deberás más discos.

Vivadixiesubmarinetransmissionplot (1995)

Vivadixiesubmarinetransmissionplot se editó en 1995 y fue recibido por la crítica mundial con todo tipo de elogios. Quizás caló lo vulnerable de sus canciones más folk. Quizás hiciese tilín cómo los arrebatos más indie-rock (‘Tears on Fresh Fruit’) se colaban sin reparo entre cortes country. Quizás fuera la atmósfera de unas canciones que no eran de baja fidelidad pero sí sonaban a maqueta, tal vez porque no podían sonar de otro modo (pienso, por ejemplo, en ‘Saturday’, que podría haber tomado forma de clásico, pero prefería parecer pequeña, joya escondida en un baúl de polvo). Quizás lo que llamase la atención fuese el tono abiertamente melancólico incluso en esos anti-éxitos rotundos como ‘Someday I Will Treat You Good’.

Lo que está claro es que el debut de Sparklehorse sonaba y suena bastante único pese a estar hecho con retazos de los demás. En eso se parecía y mucho a los mejores discos de Camper Van Beethoven, imprescindibles del folk-rock raruno de los 80. Y David Lowery, líder de aquellos y también de unos Cracker mucho más “normales, supo encontrar en el debut de Linkous la misma esencia que él había derramado en los discos de su primera banda. Por eso su producción (con seudónimo) es parte inseparable del triunfo artístico de un disco que se inflama rápido y que emociona. A los que tanto que os gusta Wilco, ¿qué hacéis que no tenéis como canción de cabecera esa tremenda ‘Cow’ (youtube)?

Dicen en Songmeanings, al respecto de la letra de ‘Spirit Ditch’, que la música de Linkous acaba por ser una especie de Neil Young muy borracho pasado por el filtro de David Lynch. Es un curioso juego malabar de palabras y referencias que puede servir para definir la alocada brújula del debut de Linkous.

En 1996, Linkous dio el primer aviso y se metió entre pecho y espalda un cóctel al más puro estilo rock’n’roll: heroína, valium, antidepresivos y alcohol en una habitación de hotel londinense, en plena gira con Radiohead. Dos años después de haber sobrevivido nos daba los buenos días en un disco de comienzo abrupto y ruidoso (‘Pig’) que pronto se transformaba en una obra mucho más reposada pero de tono extraño.

En Good Morning Spider, las cosas no cuadran, pero para bien. Todo tiene un toque incómodo: la tristeza profunda, Coheniana, de ‘Saint Mary’ (dedicada al hospital donde se pasó 12 semanas después de su intento de suicidio) casi parece llevar consigo alegría de vivir bohemia. Canciones que son auténticos subidones, como ‘Happy Man’, aparecen brutalmente atravesadas por interferencias radiofónicas para que se vuelvan casi inaudibles. ‘Sick of Goodbyes’ casi parece haber sido compuesta por Beck y, de hecho, sería un gran hit para Odelay (¡menudo estribillo infalible!), ‘Ghost of His Smile’ le emparenta con Jason Lytle y sus Grandaddy, etc…

El segundo disco de Mark Linkous mantiene esa apuesta por no quedarse quieto en ningún lado. También por ir haciendo cada vez más complejas las capas de sus canciones, sin que parezcan, en ningún momento, que se le ha ido la mano con la producción (eso ocurrirá más tarde en su carrera, a la altura de Dreamt for Light Years…). Si acaso, se le puede achacar su longitud, que resquebraja algo la impresión final.

Distorted Ghost (2000)

Quizás las esperanzas fueran precisamente ésas, las de tener éxito. Good Morning Spider vendió poco, porque en el fondo no podía haber sido de otra manera: no era un disco sencillo, ni asimilable de primeras. Pero Distorted Ghost tiene hechuras de obra imprescindible, para nada menor, y muy “vendible”. Tampoco llegó el éxito comercial, ni siquiera se olió y el EP queda injustamente sepultado en la carrera de Linkous.

Pese a ello, no sería justo pasar de puntillas por el mencionado primer corte ni tampoco por ‘Waiting For Nothing’ o ‘Happy Place’, acercamientos a las baladas y hasta al soft-rock, ni tampoco la versión de ‘My Yoke is Heavy’, de un Daniel Johnston a quien después Linkous produciría (sin acabar de entenderlo).

Ojo, de seis canciones, tres llevan la palabra Happy en el título: El hombre, el lugar, el cerdo. Linkous hablaba mucho de lo que deseaba y no encontraba: “All I Want is To Be a Happy Man”; rotundo como eslogan, difícil como meta.

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