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Markéta Irglová — Muna

Lo de que todo el mundo fantasea con una muerte dramática es muy poético. Cierto es que, además, es una chorrada. No niego que uno no se imagine su funeral en plan grandilocuente, pero morirse a lo Vito Corleone también estaría genial. Imaginaos. Cambiad tan solo la silla por una hamaca en vuestra finca, en la que os echáis una siesta después de comer en familia, con los nietos corriendo por la hierba persiguiendo una pelota, la sombra bajo el roble en una tarde de temperatura agradable, y el último suspiro de tu existencia. Música podría sonar muchísima, pero este Muna (Anti, 2014), de Markéta Irglová pondría un sonido perfecto a la escena. Claro que para todo hay que tener suerte en la vida. Hasta para morirse.

Marketa Irglová: del Oscar a la sobriedad

¿Y quién narices es Markéta Irglová?, os preguntaréis. Os lo cuestionáis sin ser conscientes de que probablemente sí la conocéis. Marketa afronta en Muna su segundo LP, tras el debut hace tres años con Anar (Anti-, 2011), pero por lo que probablemente sepáis de su existencia con anterioridad es por ser la protagonista femenina de Once, la película que, además, le sirvió a la propia Markéta — y a Glen Hansard — para hacerse con el Oscar a mejor canción en el año 2008. O sea, que no hablamos de una desconocida, pero nos habíamos olvidado algo de ella.

Una vez presentada como la artista que pondrá música a nuestra muerte, ella deja quererse por esa definición con las campanas que anuncian la llegada de ‘Point of Creation’, primera canción de Muna. Creación paulatina para la entrada de una voz clara, sin artificios, sin distorsiones ni efectos innecesarios. Una chica que canta acompañado de un órgano y un coro que dan perfil eclesiástico y señorial a un disco que, sin embargo, conseguirá que te sientas cómodo en todo momento. El tono amable de ‘Time Immemorial’, que tanto recuerda a gente como Basia Bulat, os dará la muestra exacta de lo a gusto que uno va a estar entre las cuatro paredes de Muna.

El disco navega siempre dentro de la notabilidad, incluyendo desde elementos propios de la cultura checa — Markéta es natural de Valašské Meziříčí, que me lo ha dicho la Wikipedia, aunque reside en Dublín, donde hace buenas migas con Glen Hansard, como es obvio, y con otros como Damien Rice — a otros más tribales, como se puede observar en ‘Fortune Teller’, justo después de uno de esos temas que eleva enormemente las prestaciones de Muna, ‘The Leading Bird’ y su sección de cuerdas de protagonismos secundario pero estremecedor. O ese ejercicio de contenida emoción e intensidad que es ‘Without a Map’, en un tramo a medio disco que se hace espléndido.

7.9/10

En ese apartado del folk-pop, o de la música de cantautor o como narices le queráis llamar, seguramente las prestaciones de Markéta Irglová se queden un par de escalones por debajo de otras grandes del género que han parido discos enormes este año, como Marissa Nadler o Sharon Van Etten, pero aún así no muchos alcanzan a lograr diseñar canciones como ‘Mary’ — ¿solo a mí me recuerda a Cocteau Twins? — o ‘Seasons Change’. Muna se convierte en una apuesta idónea para una tarde de otoño fría y gris, en la que no abandonar el amor por las cuatro paredes que te resguardan del duro exterior se antoja la decisión más sabia. Bien por temas como ‘Gabriel’, que te aportarán el abrigo necesario. Bien por Markéta Irglová.

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