La presencia de Martha Reeves en Gijón fue peor de lo que en el momento del concierto me pareció. Uno que es perro viejo ya se olía que había algo raro. No buceé en Internet los días previos al recital de apertura del Euroyeyé y me perdí algo parecido a un culebrón.

Resulta que la diva de color venía a Gijón sin banda pero con el compromiso de que los gerundenses The Pepper Pots, una banda de revival soul que verdaderamente da el pego, sería el grupo que le acompañaría. No se qué paso al final, el caso es que los de Girona no podían hacerse cargo de esta fecha y los responsables del evento sixtie más importante del continente europeo tenían dos opciones: o buscar una formación suficientemente solvente o cancelar.

Ni una cosa ni otra, ni corto ni perezoso Félix Domínguez, director del festival sixtie, y el bajista David Casillas se encargaron de buscar una serie de músicos, uno por uno, que suplieran esa ausencia, y damos fe que los encontró en Asturias.

Una banda de ocho instrumentistas y dos coristas, Ross Gala y Mapi Quintana, dos artistas vinculadas al jazz y al folk del Principado, que ejercieron sin buscarlo por una noche de Rosalind Ashford y Annette Beard, las Vandellas que acompañaron hasta los setenta a Martha Reeves.

Sin estos antecedentes, alguien que conociera la trayectoria de la oronda cantante hubiera notado algo raro, pues se comprobó que a esta asociación momentánea le falto cohesión, horas de ensayo y buen sonido en la PA, ya que ni la voz de Martha, ni los instrumentos de viento-metal ni los coros sonaron como deberían haber sonado.

Y a pesar de todo la presencia de Martha Reeves tal y como fue presentada por su marido (¿o era su mánager?) como la reina del Motown soul, tuvo ese encanto de ver a una de las grandes en un su invierno artístico recreando versiones de sus clásicos entre los que no faltaron ni ‘Dancing in the Street’, ‘(Love is Like a )Heat Wave’, ‘Jimmy Mack’ o ‘Nowhere to Run’, un recorrido por el soul y el R&B más estándar. De todos modos, prefiero sus discos. Gracias a nuestro lector Miguel Braña por la gran foto que encabeza esta crónica.

Sitio oficial | Martha Reeves

Fotografías | Miguel Braña en Flickr y Víctor Rodríguez en Flickr

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