Hay estilos que con la revolución del indie de la pasada década parece que han quedado obsoletos o, más bien, en un segundo plano. Porque, si lo pensamos bien, ¿ha habido algún grupo de power pop que haya acaparado portadas, encabezado festivales o inaugurado una nueva tendencia, nacional o internacionalmente? La respuesta, obviamente, es no, pero eso no tiene por qué incapacitar la persistencia de bandas que ya lo practicaban (Fountains of Wayne, Weezer, Nada Surf grabando nuevo álbum), o la aparición de nuevas bandas que recojan esa esencia y, aunque no pretendan resucitar el género, lo empleen como vehículo sonoro.

En esa onda se encuentran los vigueses Maryland, que coincidiendo con el abandono de grupos como Sexy Sadie (aunque ahora hayan regresado, al menos para una larga gira) o Half Foot Outside, debutaron en 2009 con el más amable Surprise, y vuelven a la carga con un trabajo más aguerrido e intenso. Este Get Cold Feet sube el sonido y la distorsión de las guitarras, y persigue una rotundidad que afianzan una propuesta que ahora mismo no coincide en tiempo y espacio con otros representantes de un género casi perenne por definición.

Obviamente, eso condiciona la valoración del grupo, pero no debería distraer la atención y pasar por alto sus virtudes, así como tampoco tomar nota de sus defectos. Maryland conservan su facilidad para la melodía y para la construcción amable de los momentos en los que el volumen y la instrumentación deben mantener la calma y construir así los medios tiempos (lo hacen muy bien en la fantástica ’25 springs’, con cierta languidez en ‘Little Miss Sunshine’ y en la contenida hasta su explosión final ‘For me today’) o servir de antesala a la explosión que suponen los estribillos (‘So happy, so young’,’What to do’, ‘It works’), pero depurando las transiciones y embragando lo que es más difícil en este género: que los cambios de marcha se realicen con naturalidad, sin chirriar, y cuando lo pide el motor de la canción.

De cualquier manera, un agradable álbum que aprovecha el crecimiento instrumental del grupo y una nueva producción de Jaime G. Soriano, de Sexy Sadie — relación muy estrecha en el sonido, y que podréis comprobar este viernes 29 en la Sala Caracol telefoneando a los mallorquines, o en solitario tanto mañana en la FNAC como el sábado en la Sala Costello -, y que expande un poco su fórmula, cogiendo algo más de The Posies o Snow Patrol y ofreciendo un resultado más contundente. No es nada nuevo, pero sí lo suficientemente bueno como para darle una oportunidad y recuperar la fe en el género (por si lo habías dejado aparcado) y tan radiante como para hipervitaminarte y rejuvenecer unos cuantos años.

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