“Matmos Marriage True Minds” src=”http://img.hipersonica.com/2013/05/matmos-marriage-true-minds.jpg" class=”centro” />

Unidad, comprensión y entendible. Si tuviese que quedarme con algo reseñable del último álbum de Matmos, The Marriage of True Minds (2013, Thrill Jockey), serían esas tres ideas. Más allá de las canciones el dúo compuesto por M.C. Schmidt y Drew Daniel parecen haber cambiado de discurso sonoro y este pasa a ser más asumible que el de sus anteriores entregas logrando un gran álbum, de mis favoritos de este año.

Un aislamiento entendible

Desde aquel A Chance to Cut Is a Chance to Cure (2001, Matador) no escuchaba un trabajo de Matmos que fuese tan accesible, que entrase fácil y tuviese una mayor unión entre sí, sin ser posibles piezas deslavazadas como a veces transmiten al mezclar unas excesivas ganas por desnudar la composición de las canciones con la ausencia de un hilo del que tirar de la madeja.

Matmos no han buscado cumplir los estereotipos de la composición, menos aún han buscado una base fácil, repetitiva y monótona que les diese algún éxito mundial; de los estribillos ya ni hablamos. Con este The Marriage of True Minds parece que el dúo se ha bajado de un peldaño experimental en el que ha estado subido durante estos años y toca algo de tierra. Su discurso es más entendible, bailable y actual. Sorpresa.

Tras The Marriage… se encuentra el concepto de la telepatía, según informa su nuevo sello, Thrill Jockey. Schmidt y Daniel han estado experimentando en los últimos años con esta técnica que desde un inicio sitúan en su disco con Carly Ptak (Nautical Almanac) cantando: ‘Telepathy / We want to know…’. Han estado probando el experimento ganzfeld de parasicología. La portada es la persona sometida a este experimento, con media pelota de ping-pong sobre los ojos y unos auriculares con ruido blanco como hilo.

Temas como ‘Teen Paranormal Romance’ o ‘Aetheric Vehicle’ coquetean con el Downtempo calmado y con el Micro House de artistas como Isolee o Four Tet, más tirando a este segundo que al primero en contundencia. Son canciones sin tanto ruido, cortes y silencios que cambien entres sintes apareciendo de la nada con timbres extraños.

Con The Rose Has Teeth In The Mouth Of A Beast (2006, Matador) y Supreme Balloon (2008, Matador) Matmos habían roto de lleno con buscar lo efectista para perderse en su mundo e ir creándolo a medida que le dedicaban temas a Joe Meek o a William S. Burroughs. La faceta rebuscada acababa generando proyectos como Supreme Balloon donde prescindían del micrófono para grabar, utilizando solo sintes y ordenador.

Este matrimonio de las mentes auténticas se salta aquel The Civil War (2003, Matador) donde Matmos probaban a mezclar sonidos muy variados sin importar qué cayese al perolo con tal de que entrase. Tampoco es volver al ritmo del Glitch de A Chance to Cut is a Chance to Cure pero en cierta parte sí han querido mirar a esa época de los 90 donde Aphex Twin lograba quemar las zapatillas sin necesidad de meter Rock coñazo a los temas. ‘Tunnel’ es lo más cercano a un single con miras de hit que ha tenido Matmos en años.

Matmos en versión single

El mejor tema de Matmos es su más accesible, incluso podría estar firmado por unos The Chemical Brothers inspirados. Solo el hecho de pensar hace dos días que Matmos y los Dust Brothers pudiesen estar en el mismo lado ya sería curioso. Ahora es más una realidad que ficción. En este ‘Tunnel’ nos encontramos a Dan Deacon en la parte vocal junto a M.C. Schmidt.

The Marriage of True Minds abre con una línea de piano que va mezclándose con otras capas más graves y vocales entremezcladas para acabar con una sensación de calma. Muy a lo Susumu Yokota, sin tener miedo a volver a las cuerdas en forma de violín y chelo frente a la tecnología del pasado álbum. Con ‘Very Large Green Triangles’ repiten una estrategia siilar pero ahora cambian las cuerdas por un timbre agudo de metal en forma de triángulo donde me recuerdan al de Matthew Herbert de One One (2010, Accidental). Hay mucho de este artista en el álbum; no obstante, con él comparten la pasión por los samples extraídos de la realidad para ser convertidos en canciones.

Claro que el rollo Matmos no se pierde del todo. Puede que se den la vuelta en la carátula, en el sonido y hasta en la discográfica — tras más de siete años en Matador en 2012 no volvieron a publicar con ellos su EP The Ganzfeld, yéndose a Thrill Jockey — pero el cierre es marca de la casa con ‘Aetheric Vehicle’ y sobre todo ‘ESP’ donde parecen comprimir todos los sonidos que no han ido metiendo durante el álbum en una canción con guitarras de Doom y final alegre surfero. Sí, ese crescendo que se aclara está versionando a los Buzzcocks. ‘ESP’ es Matmos, toda su discografía resumida en un cierre del que te puedes esperar cualquier detalle. Y encima en un tema ajeno.

¿Matmos se han pasado al Pop? Matmos siguen en su mundo. Cierran tirando el capote de Buzzcocks al oyente:

Do you believe in E.S.P.?
I been try’n’a get through to you
If you’ve been picking up off me
Then you’ll know just what to do, don’t you?

So, think.

Al igual que con el resto de álbumes de Matmos volvemos a ser nosotros quien debemos saber qué hacer con lo escuchado. El posible proceso de aislamiento que podrían buscar Matmos acaba al final con el hechizo roto tras despertar con los Buzzcocks. Antes somos nosotros quien ponemos imágenes al sueño.

Más en Hipersónica | Los 50 mejores discos de electrónica del siglo XXI (Parte VII)

Subscribe
Notify of
guest

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments