Matthew Herbert — One Club: un collage Techno muy vivo

Matthew Herbert tenía una cosa bien clara a la hora de afrontar su nuevo proyecto. Sería una trilogía. La primera parte sería One One (2010, Accidental Records), donde nos mostraría sus dotes de multiinstrumentista al afrontar todas las funciones del disco, incluso la voz, lo que supondría la primera vez en sus trabajos. La tercera parte sería One Pig, donde recogería el ciclo de vida de un cerdo, vida y muerte, con matanza incluida. Y entre medias, la segunda parte, One Club, que tenemos ya entre las manos, de nuevo publicada bajo su sello.

El polifacético y talentoso artista busca con esta trilogía ofrecer una nueva obra con la que experimentar en todos los frentes posibles. La grabación de campo es uno de sus fuertes, uno de los aspectos que más ha perfeccionado durante su carrera, llegando hasta el punto de imponerse una manera de trabajar en la que no podía usar un sample dos veces. Esto trae consigo una amalgama de sonidos muy interesantes y un disco como Plat Du Jour (2005, Accidental).

One Club, el micrófono está en el club

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Con la ayuda de Ross Adams, Demus y Hugh Jones, Matthew Herbert logró grabar este material. Por el planteamiento no sería extraño hablar del género Field Recordings o Musique Concrète, pero el artista inglés lo da todo una vuelta logrando un disco perfecto de Techno.

Techno vivo en el disco

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No nos interesa saber qué pinchó aquella noche, el foco de atención no está en otra sesión para descargarse al ordenador sino en qué rodeó a aquella pinchada, cuáles fueron los sonidos y sensaciones que allí se experimentaron, lograr obtener de ellos un collage sonoro a partir del cual componer diez cortes. Diez cortes que van desde la entrada con el grito del público en ‘Robert Johnson’ bajo una coartada Techno, a la densidad de ‘Marcus Bujak’ y ‘Nicolas Ritter’. Como toda buena sesión las subidas y bajadas se entremezclan. ‘Marles Hoeniges’ llega a recordar algunas locuras jamaicanas, con un efectista uso de las voces corales y ‘Oliver Bauer’ es la sensación cruda y dura que llega a la mitad, mientras que la paranoia va de la mano de ‘Rafk Dahhane’. Aunque lo mejor y lo que más me fascina de este álbum es intentar separar las múltiples partes que dan vida a los temas, extrayendo consigo el ruido de un choque de botellas hasta el sonido que han obtenido por el simple ejercicio de frotamiento de las personas al bailar. Una auténtica maravilla que lleva el nombre de 10 personas que estaban allí presentes esa noche. 
 
Sitio Oficial | Matthew Herbert
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