“mazzy” src=”http://img.hipersonica.com/2013/09/mazzyhs.jpg" class=”centro” />Por fin llegó el día. Mazzy Star han vuelto. Se ha disipado la incertidumbre que nació cuando supimos que David Roback y Hope Sandoval (cásate conmigo, Hope, te lo suplico)preparaban este Seasons of Your Day. Desde su separación, mientras cada uno iba cultivando carrera en solitario, han pasado nada menos que diecisiete años. Ni más ni menos. Si cualquiera de vosotros hubiese tenido un hijo el año que se lanzó Among My Swam, estaría ya preparando la selectividad, a punto de dar el salto a la vida universitaria. Probablemente ya no sería virgen, y entre coqueteos con las drogas, alguna borrachera y otros problemas que os traerían de cabeza, se plantearía si votar vale la pena. Y si lo vale, a quién. Todo eso ha pasado desde que Mazzy Star anuciasen un cese de la convivencia. Seguramente demasiado tiempo entre disco y disco.

El resultado es que se disolvió un grupo, y como a veces sucede, nació un mito. Y cuando un mito nace lo hace es porque el público lo ha elegido así. Ese público, el que disfrutó de los primeros tres discos de Mazzy Star “en tiempo real”, se acerca hoy a la cuarentena, y los que vienen detrás, probablemente, ni habrán oído hablar de ellos. Un terreno difícil, quizás cierta falta de interés, y la eterna duda de si estarán para muchos trotes, o si no hubiese sido mejor dejarse de historias y vivir en la leyenda. Sin embargo, Mazzy Star ya nos había satisfecho algunas de esas dudas al adelantar ‘Common Burn’ y ‘Lay Myself Down’ hace unos cuantos meses, cuando la banda fue dejando señales de que la sangre fresca corría por sus venas en su vuelta a los escenarios.

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No ha pasado el tiempo por Mazzy Star

Se dice (se sabe, vaya), que esto de que el disco sale diecisiete años después, es, en parte, mentira. Parece ser que los diez temas que viven dentro de Seasons of Your Day se han venido creando desde 1997, mientras los miembros de la banda se veían a escondidas para recordar un amor pasado, para darse alguna propina. Puede ser esa la razón de que a Seasons of Your Day no le haya pasado el tiempo. Es un disco de 1997 viviendo fantásticamente en 2013. Un rara avis, un ejercicio de ilógica. De cómo a veces no evolucionar nada en casi dos décadas te sienta de vicio, de contradicción con respecto a todas las veces que rajamos del inmovilismo de ciertas bandas. Seguramente, con una carrera discográfica al uso, éste bien podría ser el décimo disco de Mazzy Star. Es el cuarto, y quizás eso haya sido el secreto de que la austeridad de David, Hope y compañía no nos haya hecho caer en la desidia.

Los primeros acordes de ‘In the Kingdom’, plagados de puerilidad inocente hasta que entra la guitarra de Roback, absolutamente inconfundible, de esas que casi te sopla el nombre de la banda incluso sin saber lo que está sonando, confirman que no ha pasado ni un segundo desde hace diecisiete años. La voz de Hope, el tono melancólico, la dulzura de las cadencias. Morriña. Todo sigue igual, todo está perfectamente colocado. Una banda en estado de gracia. Los padres de los pseudoadolescentes que quieren ser padres algún día. Unos teclados que por infantes que se ofrezcan, son abrazados desde la madurez. Desde una madurez impostada que hace que la adrenalina se te multiplique en niveles sanguíneos, que te lleva a repetir con voz histérica introspectiva un grito de “Hazme tuyo, Hope”. Distinto tema, esta vez ‘California’, pero mismo resultado. Guitarra acústica, en esta ocasión, lejos del sonido country de ‘In the Kingdom’, pero insultante magia como resultado final. Uno de los temas más desnudos de Seasons of Your Day, porque ellos siempre han sido así, de piel al aire, de enseñar el vello erizado hasta el dolor, porque la vestimenta de esa voz abriga lo suficiente en cualquiera de los polos.

Deliciosa voz. Guitarra de abrigo

‘I’ve Gotta Stop’ nos enseña que desde la tranquilidad también se puede sostener un alma rock. Cierta malicia en el tono de voz, una mirada pícara y un solo de guitarra. La confirmación exacta de que no nos hace falta la más de media hora restante para saber que Mazzy Star no han evolucionado absolutamente nada. Ni puñetera falta que les hace. Justo antes de que la ya conocida ‘Common Burn’ aparezca en el repertorio, David y Hope hacen presencia en solitario con ‘Does Someone Have Your Baby Now’, un canto al desprecio, al desamor desde el cariño, un ejercicio de odio necesario, de amor eterno.

I don’t want to get it on with you
Don’t want to get it on
Does someone have your baby now?
Does someone fly your ??
Count your skies in the dark?
And change your head around?

De nuevo el aroma country de ela guitarra casi en el pedal steel y la harmónica de ‘Common Burns’, jugando a disfrazarnos de shoegaze, sin tiempo para paladearla hasta que hacen aparición el equipo de cuerdas de ‘Seasons of Your Day’, sutiles e hipnóticos. Uno de los momentos más fantásticos del disco al añadirlos a ‘Lay Myself Down’, el otro tema ya conocido de Seasons of Your Day que reclama ser single ya no a gritos, a alaridos. Una delicia pop, de las que salen a medias de la inspiración de una noche bañada en alcohol y de un laboratorio sonoro. Un momento simplemente perfecto. Como si en realidad eso pudiese ser simple.

“nota” src=”http://img.hipersonica.com/2013/09/7,70.jpg" class=”derecha” />’Sparrow’ nos descubre a una Sandoval disfrazada de trovadora, en el que perfectamente puede ser el tema más flojo de Seasons of Your Day. No especialmente significante, lejos del ejercicio de psicodelia que pedía el disco, de una canción que nos acercase a Among my Swan, y que llega casi al final con el sinuoso camino trazado por ‘Spoon’, un corte tan arduo como fantástico. Seis minutos de delirio, de ideación obsesiva, de búsqueda de la belleza desde lo angosto. De victoria mística. Justo antes de que esa guitarra más sucia que nunca de ‘Flying Low’, nos vaya dirigiendo a la puerta de salida de lo que ha sido una estupenda visita al museo de la música pasada. Justo al cruzar la puerta, al llegar a la música del presente, damos media vuelta. Entramos en el bucle de Mazzy Star. Bienvenidos a lo atemporal.

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