Aunque parezca mentira dada la diferencia entre ambos, de Oracular Spectacular a MGMT, el nuevo trabajo de los estadounidenses, sólo hay un disco de diferencia; Congratulations, ese disco genial que calló bocas y sorprendió para bien o para mal, tanto a los acérrimos de la vertiente más indie como de la psicodélica. Ahora, tres años después y con grandes expectativas, MGMT editan un álbum camaleónico en el que retoman el camino emprendido con Congratulations y vuelven a la producción con Dave Fridmann (productor de Flaming Lips), como ya hicieran en su debut.

Cuando la psicodelia se cargó al pop

Por varias recepciones que he leído por parte de algunos seguidores del grupo, este tercer largo de homónimo título de MGMT ha dejado noqueado a más de uno, con sensaciones contrapuestas y con las que no pensaba encontrarse. En cierta forma, es totalmente entendible, sobre todo si nos atenemos al pelotazo internacional que dieron con su disco debut (sin tener en cuenta The Management). En Oracular Spectacular teníamos a dos mozos creando hits a cholón que a día de hoy siguen inundando tu pubfeto de postureo más cercano o cualquier sesión de festival en la que el dj va a lo seguro.

Aunque más adelante desmenuzaremos más concienzudamente el disco y la trayectoria, en esa tesis de “MGMT ya no fabrican esos hits de indie pop pegadizos” radica uno de los (en plural) problemas por los que no se acaba de pillar el punto a este tercer disco. En Oracular Spectacular, aparte de la sorprendente facilidad para crear como churros hits radiables para el público indie (algo que no es que sea fácil, y mucho menos con tantos en un mismo álbum), ya mostraban buenas dotes con el pop psicodélico con temas tapados e injustamente condenados al ostracismo como la bowiense ‘Weekend Wars’ o la magia de ‘4th Dimensional Transition’. Habían llegado en este primer disco a besar el santo, dando en la tecla del éxito masivo con grandes hits de cabecera, pero se acercaban, aunque de una forma más imperfecta, a una moderada psicodelia que más tarde tendría un glorioso acabado pop dos años después.

MGMT es un disco menos versátil que su predecesor; un mensaje claro en el que dicen que pasan olímpicamente de esos himnos anuales de indie pop que inundan los festivales y las radios. No tienen ganas de componer canciones eminentemente pop y están más a gusto en estas coordenadas psicodélicas de voces drogadas, distorsiones y teclados sesenteros. No elaboran canciones tan perfectas como en Congratulations, y en este sentido hay algún que otro tropezón en el que se les nota demasiado forzados, con capas de excesiva sobre producción. Pero por suerte, no es el patrón que hegemoniza este tercer LP. En otros pasajes directamente se les va la cabeza, algo que sí vertebra el disco, y que tampoco dejará satisfecho a los que más comulgan con su segundo disco. Sólo para oyentes con un oído duro.

Adentrarse en el abismo

De hecho, retoman su música por donde la dejaron hace tres años, más rara y experimental si cabe, con canciones sin estribillos. Así es como nos adentran en sus mentes con ‘Alien Days’ y ese coro a dueto simulando voces infantiles y otras más graves, una pequeña maravilla repleta de detalles entre los que encontrar secciones de viento, sonidos líquidos y ese toque melancólico y añejo en el que MGMT parecen a años luz de distancia de ‘Time To Pretend’. Si con Sonic Boom convergieron en precisas composiciones de pop psicodélico, con el productor de Flaming Lips han recuperado la parte de neo psicodelia que habitaba en su debut. Con más dosis de ácido.

En la primera mitad del álbum continúa la tónica de llevar al extremo las prestaciones lisérgicas que en antaño exhibieron moderadamente, con una sesión de sonidos delirantes que poco tienen que ver con la energía de su segundo disco o con la variedad del primero. Suenan inquietantes, como abocados a un abismo, atrapados en un desconcertante sueño del que no quieren despertar y que se manifiesta en ‘Mystery Disease’ para luego maravillar con ‘Introspection’. Sobre esta última, que es sin duda de lo mejor del disco, es una versión del Introspection de Faine Jade. A este respecto, versionar una canción del 68 y llegados a este punto, queda claro que en absoluto es un capricho. Es la muestra más fehaciente de a dónde se quieren dirigir estos introspectivos MGMT. Además, es uno de los cortes más ‘simples’ del disco, sin tanta capa ni experimentación. Sin duda, el disco hubiera ido mejor por estos fueros. Por otra parte, de ella toman prestada la sección vocal para extrapolarla al resto del trabajo.

A partir de la vitalidad de ‘Your Life Is A Lie’, nos encontramos con esa instrospection que se da cita en el disco, con títulos evocadores de una oscuridad en la que Andrew VanWyngarden y Ben Goldwasser se encuentran más cómodos, con referencias a la muerte y la tristeza. Esta segunda mitad del disco es la más camaleónica, en la que nos encontramos unos MGMT demasiado encorsetados en los sintes de ‘A Good Sadness’, cinco insulsos minutos en ‘Astro-Mancy’ y al fin el mejor y más interesante tramo del álbum, las tres canciones finales que rematan un viaje onírico que difícilmente deja indiferente.

La falta de cordura no está tan mal

Frente al grupo de los pepinazos que les bañaron en oro hace cinco años, al final de MGMT se planta un dúo radicalmente opuesto y decidido a enviar a pastar a Columbia con cortes que ni por asomo serán éxito comercial; antes llega la venida de Jesucristo. Con todo, es la parte más fascinante del disco, y la culminación de una transformación que por otra parte en Congratulations estaba medio confirmada. Primero tenemos una ‘I Love You, Death’ (cómo contrasta con los tiempos de Electric Feel) que en sus primeros instantes recuerda a los tiempos de Pink Floyd de Syd Barret por el desmedido uso de la instrumentación utilizado en este disco. Después se refuta la decisión de no dar portazo al pop definitivamente con el encanto de ‘Plenty Of Girls In The Sea’, uno de los mejores cortes del álbum y con reminiscencias claras de Flaming Lips, Animal Collective e incluso a los Beatles. Para finalizar, cierra esta obra el vacío existencial de ‘An Orphan Of Fortune’, el despertar del sueño.

MGMT han construido sin duda su disco más raro y polémico; la ratificación de que pasan de los jitazos inmediatos. Ellos prefieren ser eclécticos, saltarse los patrones de la canción tradicional y seguir experimentando sin importar la mesura. Guitarras sixties, teclados que rezuman psicodelia y ácido o simples senderos oscuros en los que ya no hay lugar para momentos de radiante vitalidad. Es para escucharlo sin prisas y degustarlo tranquilamente. A mí me convence esta falta de cordura, a pesar de que ya no atropellen con cambios de ritmo y hayan despedido al pop, renunciando a gloriosos coros, adictivos teclados luminosos o impecables superestructuras.

7.4

En resumen, han sido absorbidos por su propia megalomanía psicodélica, sin la misma calidad que Congratulations, pero con algunos temas que aguantan bien el tirón. Sabrá poco a los seguidores de este último y seguramente muy poco a los fans del primero. Seguirán buscando su sitio sin importar si han creado algún pepinazo incontestable o una enmarañada selva de pitos y flautas. Y aunque es arriesgado, me gusta; en MGMT hay canciones bastante buenas. No les ha salido una obra maestra, por supuesto, pero creo que les pasa lo mismo que a Flaming Lips, salvando las distancias, que a veces se baten entre lo maravilloso y lo soporífero. Lo tenían muy fácil y han elegido el camino más incómodo de recorrer.

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