Miles Kane — Colour of the Trap: ¡ponte traje!

Vivir a la sombra del considerado gran talento de tu generación puede ser frustrante si no lo sabes llevar, pero si cada uno consigue encontrar su espacio, su modo de expresión y su nicho de mercado, puede ser más llevadero. Y si, además, se pueden hacer (exquisitos) proyectos paralelos, o incluso colaborar en los discos del otro y mantener una sana relación de compañerismo y amistad, mejor que mejor. Son apenas 2 meses de diferencia los que le saca Alex Turner a Miles Kane, pero parece que al fin el pequeño va acaparando la atención (y por méritos propios), aunque juntos co-escriban la mitad de las canciones del disco.

Si por algo se ha caracterizado la biografía musical de Miles Kane ha sido por su inquietud. Que alguien con 25 años ya tenga a sus espaldas otros 3 grupos antes de debutar en solitario habla o bien de ello, o de su conflictividad, o de tener las ideas muy claras y ser incapaz de llegar a un acuerdo con el resto. The Little Frames fueron efímeros, pero llegaron a telonear a grupos como The Coral o los propios Arctic Monkeys. Varios de los integrantes se reciclarían en The Rascals, que sólo aguantaron un disco. A continuación vendría la maravillosa colaboración con Alex Turner bajo el nombre de The Last Shadow Puppets, y, desde entonces se nos planteaba la duda: ¿era un disco compuesto entre ambos? ¿Trabajaban codo con codo o prevalecía el talento de uno sobre el otro?

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El disco arranca apoteósico y mantiene la atención a lo largo de todo el minutaje, con un equilibrio interesante entre los arrebatos más demoledores de excitante garage-pop y los exquisitos medios tiempos que demuestran su versatilidad compositiva. La primera en la frente: sus dos primeros temas son sus dos (por el momento) singles: la fuerza de ‘Come Closer’ y la expansiva contagiosidad de ‘Rearrange’ son una carta de presentación tremenda. En el tercer tema, ‘My fantasy’, colabora, ni más ni menos que Noel Gallagher, en un discreto segundo plano, pero con un simbólico apadrinamiento del autor que mejor ha recogido su gusto por los arreglos orquestales para el pop en esta década (Richard Ashcroft ya queda muy lejano). Esta preciosa balada supone otro magnífico acierto, pero desde entonces, y como es normal, algunos temas caen de ese nivel estratosférico y otros compiten por este podio reclamando la photofinish. Los más evidentes y cercanos, que junto a las anteriores conformarían el quinteto titular del álbum, serían la efervescente y eufórica ‘Quicksand’ y la peligrosamente sucia ‘Inhaler’.

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Por tanto, ¿es únicamente un ejercicio estilístico o aporta algo más que puro revival? Aunque, en el fondo, sea “sólo” pop, entretenimiento, espectáculo (en el sentido más amplio del concepto), también lo podemos interpretar como un catálogo del talento de Miles Kane, capaz de devorar a cualquier otro debutante con su confianza, seguridad y atractivo. Se muestra sagaz, versátil, atrevido, íntegro, apasionado y genuino, capaz de presentar como algo nuevo sonidos que se bailaban cuando la TV era en blanco y negro y no estaba en todos los hogares. Reproduce la atmósfera y hasta la estética de la Beatlemanía, pero además del guiño (y del márketing detrás de él), hay un habilidoso autor e intérprete pop, un buen puñado de canciones, y muchas ganas de demostrar su valía. Estupendo debut, vaya.

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