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Mimicking Birds — Eons

Es un lugar desconocido para ti. Nunca antes habías oído su nombre, ni siquiera lo situabas en el mapa, no podías reconocer sus calles ni sus gentes y tampoco eras capaz de imaginar cómo sería tu vida allí. Un día, alguien te lleva hasta él. Es un lugar desconocido para ti, pero te fascina en cuanto llegas. Pronuncias su nombre, pisas su suelo, hueles su ambiente, escuchas sus movimientos y te imaginas tu vida en él. Podrías quedarte para crecer, gozar, amar, llorar. Es un lugar desconocido para ti, pero te parece hermoso de principio a fin.

Su nombre es…

Eons. Su nombre es Eons. Sus gentes, Mimicking Birds. Sus sonidos son el equilibrio entre el misterio y el ensueño. El mapa los sitúa en Portland y yo los sitúo en mi mapa.

‘Memorabilia’ y ‘Acting Your Ages’ son las primeras paradas. Un comienzo envolvente, que te mantiene encapsulado. Juntas, ambas canciones son como crecientes oleadas de sonido que te mueven hacia adelante, una de las más acertadas sucesiones de temas que me he parado a escuchar en los últimos meses. Mimicking Birds han creado en Eons (Glacial Pace, 2014) una exposición de sonidos llevados al primer plano, voces que emanan lejanas para estremecer, golpes de percusión cada vez más desconcertantes.

La voz temblorosa y sutil de Nate Lacy está respaldada en todo momento por sonidos de guitarras, que destacan en momentos como los de ‘Night Light’, que giran en torno a cuidadas intervenciones de pianos, tambores rítmicos e incluso alguna instrumentación electrónica como en la espeluznante ‘Water Under Burned Bridges’. Eons es una inquietante pieza de arte en la que cada canción te conduce a la siguiente. Todo ocupa el lugar que debería y sin embargo, eso no es motivo para que no te sorprendas, te estremezcas o te rindas ante minutos de música definidos para llevarte lejos, para que busques respuestas, para que aprendas a querer lo que te causa desconcierto.

8.2/10

La última parada, la catarsis de ‘Moving On’. Como cuando llega el final del viaje que no quieres acabar. El momento en el que sabes que ya has pasado suficiente tiempo en ese lugar desconocido como para que empiece a no serlo. Las ganas de quedarse persisten hasta el último segundo de sonido. De pronto, en silencio y con los ojos casi cerrados, te das cuenta de que ese lugar te ha parecido hermoso de principio a fin. Y volverás.

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